LAS 6 REGLAS DEL SENDERO


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 El camino se recorre a la plena luz del dia, la cual es proyectada sobre el Sendero por Aquellos que saben y guian. Nada puede ocultarse, y en cada vuelta de ese camino el hombre debe enfrentarse a sí mismo.

  En el Camino lo oculto es revelado. No encuentro otra palabra para traducir la antigua palabra que designa la estupidez y la vileza no reveladas, la burda ignorancia y el propio interes, caracteristicas sobresalientes del aspirante comun. Sin embargo a pesar de esa gran revelacion, no es posible volver atrás, despreciar a los demas ni vacilar en el Camino. El Camino va hacia el dia.

 Ese Camino no se recorre solo. No hay prisa ni apremio. No hay tiempo que perder. Cada peregrino, sabiendolo, apresura sus pasos y se encuentra rodeado por sus semejantes. Algunos logran pasar adelante, el los sigue. Otros caminan detrás, el marca el paso. No camina solo.

  Tres cosas debe evitar el peregrino. Llevar un capuchon o velo, que oculte su rostro a los demas, un cantaro que solo contenga suficiente agua para sus propias necesidades y, un baculo sin horqueta.

  Cada Peregrino en el Camino, debe llevar consigo lo necesario; un brasero para dar calor a sus semejantes; una lampara para iluminar su corazon y mostrar a sus semejantes la naturaleza de su vida oculta; una talega de oro que no ha de esparcir por el Camino sino compartirlo con los demas; una vasija cerrada donde guarda todas sus aspiraciones para arrojarlas a los pies de Aquel que espera en el portal para darle la bienvenida.

  A medida que el Peregrino recorre el Camino debe tener el oido atento, la mano dadivosa, la lengua silenciosa, el corazon casto, la voz aurea, el pie ligero y el ojo que ve la luz, abierto. El sabe que no camina solo.

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