LA ABLACIÓN DEL CLITORIS… SILENCIO Y GRITOS EN EL DESIERTO


 

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SAL EMERGUI (Rahat)

"Antes los hombres solo queríamos casarnos con una mujer que pasó la mutilación de clítoris. Era algo normal. Pero hoy yo no aceptaría una así", nos dice un beduino ya veterano en la localidad de Rahat, en el desierto del Néguev, al sur de Israel. Aunque en los últimos años este fenómeno se ha reducido considerablemente, centenares de jóvenes beduinas aún sufren la ablación de clítoris.

Las costumbres, la propia familia y la presión social son el peor enemigo de las niñas que sueñan ser mujeres en los poblados beduinos. Tanto las que ejecutan la mutilación femenina como las que lo sufren o las que se oponen prefieren mantenerse en el anonimato. No hay apellidos, solo iniciales, silencio y mucha vergüenza. Gritos de desesperación en el desierto.

 

Una mujer sujeta la cabeza de una niña de seis años en el momento de sufrir esta práctica. (Foto: AP)

Una mujer sujeta la cabeza de una niña de seis años en el momento de sufrir esta práctica. (Foto: AP)

 

Las autoridades israelíes se sienten impotentes para frenar este fenómeno. "La ablación de clítoris en las jóvenes beduinas solo llega a nuestro conocimiento una vez se ha realizado y en muchas ocasiones ni eso. En la mayoría de casos, las familias lo niegan", se defienden los portavoces de la red de clínicas en el sur del país.

Rahat es una localidad beduina de mayoría musulmana, cerca de Beer Sheva, la capital del sur de Israel. Entre sus más de 40.000 habitantes, la ablación de clítoris es un término conocido pero tabú. "Se hace, claro que se hace pero en silencio. Si empiezas a preguntar, al final te echarán de aquí a patadas", nos avisa un joven de Rahat que aclara: "Nuestra ciudad es más moderna y grande y se hace muchos menos que en los pequeños poblados".

Antes de llegar al estremecedor capítulo de cómo se elimina tejido de partes de los genitales femeninos, otro beduino nos explica el motivo: "Dañar seriamente el clítoris para reducir el gozo de la mujer cuando realiza relaciones sexuales así como reprimir su deseo sexual. Para evitar que sienta placer sexual y también para que llegue virgen al matrimonio".

Según diversos informes, hoy en día hay unas 135 millones de mujeres que han sufrido esta mutilación, común sobre todo en varios países de Africa. "Es una cosa de mujeres, ellas lo ejecutan y ellas lo sufren", explica un residente de Rahat que si quisieran lo podrían evitar. Ellos no cortan pero son más que cómplices.

 

Así es una ablación de clítoris en un poblado beduino: un mes antes, la madre de la niña le explica en qué consiste, su finalidad y la importancia de no resistirse. Entonces una mañana, cuando no hay presencia masculina en la casa y a plena luz del día, llegan varias mujeres a la casa de la niña. Una se dedica a taparle la boca para que no chille y el resto se esfuerza en cogerla de las manos y piernas para que no se resista. Para que no moleste durante el acto. Entonces, la mujer con más experiencia y ‘habilidad’, lava con jabón y agua el clítoris de la niña. Procede a la mutilación con un cuchillo especial y pequeño, nada que ver con las cuchillas viejas de afeitar del pasado. Las mujeres limpian el charco de la sangre derramada. En muchas ocasiones, la chica se desmaya. En otras, llora de impotencia. Siempre, grita de dolor. Un grito en medio del desierto.

Una cuchilla utilizada en una de estas prácticas.

Una cuchilla utilizada en una de estas practicas

 

Una mutilación mal hecha acaba con la chica en el hospital, el último lugar al que desea llegar la familia. La norma es que todo quede en ese cuarto de la casa. Si no hay más remedio y la niña se encuentra en estado grave, la llevan a un centro sanitario donde prefieren callarse. En más de una ocasión, la mujer desangrada o infectada fallece llevándose a la tumba el secreto familiar. Hace unos meses, una adolescente de 16 años fue salvada en el Hospital Soroka de Beer Sheva, tras sufrir una mutilación genital. En otro caso, la niña solo tenía 9 años.

El terrible daño físico se multiplica con las secuelas psicológicas y un profundo sentimiento de depresión. En muchos casos, la chica beduina mutilada sexualmente contempla cómo tras casarse su marido contrae matrimonio con otras mujeres ya que la poligamia, pese a que la ley israelí lo prohíbe terminantemente, sigue siendo un hecho en más del 20% de las familias beduinas del país.

Muchas, aunque no se atreven a dar la cara, luchan contra la ablación del clítoris, defendiendo a su hija pero también a las futuras generaciones. "Me da rabia que los que apoyan este crimen físico y psicológico hablen en nombre del Islam. La religión musulmana no da permiso para esta barbaridad. Mi hija tiene derecho a disfrutar de su cuerpo. Si Alá hubiese querido que no tuviera placer sexual, la habría concebido de otra forma", nos dice una madre beduina, académica y decidida a ser una barrera entre su niña y el cuchillo del pasado.

 

 

   

 

 

 

 

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