SOLO NOS QUEDA SOÑAR


Soñemos con un mundo donde el amor sea la respuesta a todas las preguntas y situaciones, la solución de todos los problemas y la experiencia de cada momento. Donde la Vida, y aquello que sostiene la Vida, tengan el mayor valor, reciba el mayor honor y alcance su mayor expresión. Soñemos con un mundo donde la libertad se convierta en la expresión más elevada de la Vida.

Ayer por la noche la humanidad entera se vistió de luto. Evoquemos una plegaria de amor por nuestro mundo y mantengamos encendida la llama de la esperanza. Repudiemos lo indigno: la injusticia, la prepotencia, el odio y la venganza.

Transformemos la impotencia, el miedo y el sufrimiento, evoquemos todos los días una plegaria de amor y de paz por todos los niños, los jóvenes, los adultos y los ancianos que padecerán esta guerra. Hoy, sólo nos queda soñar, seguir soñando…

Así, que soñemos:

Soñemos con un mundo donde nuestra divinidad no sea negada, y donde nunca más neguemos la divinidad que existe en los otros. Permitamos que nuestro saludo, hoy y siempre sea Namasté.

Soñemos con un mundo donde el amor sea la respuesta a todas las preguntas y situaciones, la solución de todos los problemas y la experiencia de cada momento.

Soñemos con un mundo donde la Vida, y aquello que sostiene la Vida, tengan el mayor valor, reciba el mayor honor y alcance su mayor expresión.

Soñemos con un mundo donde la libertad se convierta en la expresión más elevada de la Vida, en el que nadie que afirma amar a otro pretenda reprimirlo y donde a todos se les permita expresar plena y verdaderamente la gloria de su Ser.

Soñemos con un mundo donde todos tengan las mismas oportunidades, donde los recursos estén al alcance de todos y donde todos tengan la misma dignidad, para que experimenten la inigualable maravilla de la vida.

Soñemos con un mundo donde nadie juzgue a nadie, donde nunca más se fijen condiciones antes de ofrecer amor, y donde el miedo nunca sea visto como un medio para obtener respeto o poder.

Soñemos con un mundo donde las diferencias no produzcan divisiones, donde la expresión individual no produzca separación y donde la grandeza del Todo se refleje en la grandeza de sus partes.

Soñemos con un mundo donde siempre haya suficiente, donde el mero regalo de compartir conduzca a este conocimiento y lo cree, donde cada acción lo apoye.

Soñemos con un mundo en el que nunca más se pase por alto el sufrimiento, donde nunca vuelva a expresarse la intolerancia y donde nadie vuelva a experimentar el odio.

Soñemos con un mundo donde se renuncia al ego, donde la superioridad se invalide y donde la ignorancia desaparezca de la realidad de todos, reducida a la ilusión que es.

Soñemos con un mundo donde los errores no conduzcan a la vergüenza, donde el arrepentimiento no conduzca a la culpabilidad y donde el juicio no conduzca a la condena.

Soñemos con esto y con más, y usemos el poder de nuestros sueños hasta convertirlos en realidad.

Hay quienes señalan las cosas como son y exclaman ¿Por qué?

Hay quienes sueñan con cosas que nunca fueron y exclaman ¿Y por qué no?

CONVERSACIONES CON DIOS
Neale Donald Walsh

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ENVIANOS ALGUNOS LOCOS


¡Dios Padre-Madre Celestial!
Envíanos algunos locos,
de aquellos que se comprometen a fondo,
de aquellos que se olvidan de sí mismos,
de aquellos que saben amar con obras y no con palabras,
de aquellos que se entregan verdaderamente hasta el fin.

Nos hacen falta locos, desafinados, apasionados,
personas capaces de dar el salto en el vacío inseguro,
aquellos que saben aceptar la masa anónima,
sin deseo de utilizarla como escabel;
aquellos que no utilizan para su servicio al prójimo.

Nos hacen falta locos, ¡SEÑOR!

Locos en el presente,
enamorados de una forma de vida sencilla,
LIBERADORES DEL IGNORANTE,
amantes de la paz,
libres de compromisos,
decididos a no hacer nunca traición,
despreciando su propia comodidad, o su vida,
plenamente decididos por la abnegación,
capaces de aceptar toda clase de tareas,
de ir dondequiera que sea por disciplina,
al mismo tiempo

LIBRES Y OBEDIENTES,
ESPONTÁNEOS Y TENACES,
ALEGRES, DULCES Y FUERTES.

¡DANOS LOCOS SEÑOR!

José Leandro Mena Marrufo

 

SUEÑOS DE SEMILLAS


Dentro de nosotros, innumerables sueños
esperan el tiempo de germinar,
echar raíces y darse a luz,
morir como semillas…
para convertirse en árboles.

SUEÑOS DE SEMILLAS

En el silencio de mi reflexión
percibo todo mi mundo interno
como si fuera una semilla,
de alguna manera pequeña e insignificante
pero también pletórica de potencialidades.
…Y veo en sus entrañas
el germen de un árbol magnífico,
el árbol de mi propia vida
en proceso de desarrollo.

En su pequeñez, cada semilla contiene
el espíritu del árbol que será después.
Cada semilla sabe cómo transformarse en árbol,
cayendo en tierra fértil,
absorbiendo los jugos que la alimentan,
expandiendo las ramas y el follaje,
llenándose de flores y de frutos,
para poder dar lo que tienen que dar.

Cada semilla sabe
cómo llegar a ser árbol.
Y tantas son las semillas
como son los sueños secretos.

Dentro de nosotros, innumerables sueños
esperan el tiempo de germinar,
echar raíces y darse a luz,
morir como semillas…
para convertirse en árboles.

Árboles magníficos y orgullosos
que a su vez nos digan, en su solidez,
que oigamos nuestra voz interior,
que escuchemos
la sabiduría de nuestros sueños semilla.

Ellos, los sueños, indican el camino
con símbolos y señales de toda clase,
en cada hecho, en cada momento,
entre las cosas y entre las personas,
en los dolores y en los placeres,
en los triunfos y en los fracasos.

Lo soñado nos enseña, dormidos o despiertos,
a vernos, a escucharnos, a darnos cuenta.

Nos muestra el rumbo en presentimientos huidizos
o en relámpagos de lucidez enceguecedora.

Y así crecemos, nos desarrollamos, evolucionamos…

Y un día, mientras transitamos
este eterno presente que llamamos vida,
las semillas de nuestros sueños
se transformarán en árboles,
y desplegarán sus ramas que,
como alas gigantescas,
cruzarán el cielo,
uniendo en un solo trazo
nuestro pasado y nuestro futuro.

Nada hay que temer,
…una sabiduría interior las acompaña…
porque cada semilla sabe….
cómo llegar a ser árbol…

Jorge  Bucay