FLOR DEL DESIERTO (Fragmento)


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Esta entrada de Blog la dedico exclusivamente a mi estimada amiga Alina Ivanauskiene, quien tubo la gentileza de hacerme llegar este impresionante vídeo, con el relato verídico de una mujer. Según mi humilde opinión no tan solo vale la pena perder… 5minutos?? para escuchar lo que nos dice, sino también intentar en la medida en que cada un@ de nosotro@s sea posible, ejercer presión para que todos los mandatarios del mundo tomen cartas en el asunto, en esté y en otros temas que en este siglo XXI aún siguen haciendo estragos en la población femenina, aunque una mayoría intente silenciarlo.

Las mujeres en su mayoría, seguimos siendo trabajadoras a tiempo completo, las 24h del día, los 7 días de la semana y a si hasta el final de nuestros días.
Esa es la vida de la mujer, siempre trabajando, cuidando de los suyos, atendiendo su casa y posiblemente la de algún familiar enfermo, viudo o ya mayores, dando el 100 % en su puesto de trabajo y para qué…???
Para recibir a cambio, malos tratos, indiferencia, menosprecio, mobin, acoso etc,.
Va siendo hora de que la mujer deje de agachar la cabeza y consentir, sí, con indignación pero consentir.
¿Quien no conoce o a visto o a sufrido en sus carnes,una humillación, un acoso, un menosprecio por su trabajo, un mal trato físico o verbal en el ambiente laboral o familiar?. Y lo peor de todo es que la mujer no se ha dado cuenta aún de que es más fuerte de lo que cree, que tiene el poder suficiente para gobernar su vida. Es hora ya de hacer valer los derechos de las mujeres, por que de nada sirve un derecho si tú te lo dejas violar, es decir…. Si ves que tú jefe no valora tú trabajo o te acosa, te toca, te menosprecia públicamente, NO te dejes por mucha hipoteca que tengas que pagar o gastos o lo que sea, solo con que lo permitas una vez vale para que lo haga siempre (se de lo que hablo lo he vivido en mis carnes). Resultado….Tu autoestima,orgullo,personalidad, profesionalidad tirada y pisoteada. Y luego llega la cruda realidad, que llegas a los 50 años con estudios carreras una formación impecable y la única oferta de trabajo que vas a recibir es limpiar,limpiar oficinas, gimnasios,ayuntamientos, portales y pisos.
Nos tenemos que ayudar unas a otras, si eres de la pocas afortunadas que nunca le ha sucedido algo por el estilo, porque aun tienes juventud, belleza y tantos etc, no mires hacia otro lado y apoya a esa mujer que lo esta sufriendo, no le des la espalda por que ninguna está a salvo y si lo sufres, dí lo no lo calles, denuncia, no te dejes abasallar.
Hagamos entre todas que se cumplan los derechos de las mujeres.

 

 

 

 


YO SOY YO Y TÚ ERES TÚ


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La mayoría de nosotros quiere sentirse acogido, saber que los amigos son amigos, que contamos con la familia o que la pareja nos ama tal y como somos. Sin embargo, a pesar de que esto sea un anhelo general, la vida cotidiana parece dirigirse en otra dirección: las relaciones entre las personas se desarrollan a partir de la obligación de cumplir con las expectativas y no precisamente, de la confianza en la mutua aceptación. Tal parece que si no somos lo que el otro espera, es posible que suframos una de las sensaciones más conocidas y también más temidas: el rechazo y el abandono.

Y claro, estamos dispuestos a hacer todo lo posible para evitar ese sufrimiento, inclusive a renunciar a ser como somos. En estas circunstancias, el momento más liberador surge cuando nos damos cuenta que, precisamente, nuestro deseo de lograr ser lo que el otro espera es el verdadero origen del dolor.

Y es que curiosamente, el miedo de no ser aceptados nos conduce a esconder aspectos de lo que somos. Por este camino perdemos nuestra autoestima, para garantizar así la supervivencia de una relación que nos vuelve indignos. ¿Será que podemos renunciar a complacer las expectativas de los demás? ¿Será que podemos asumir las consecuencias de atrevernos a ser nosotros mismos?

En la búsqueda de una respuesta a estas preguntas, Fritz Perls, famoso terapeuta de la década de los setenta, escribió lo siguiente con la intención de mostrarnos que el encuentro es el fruto de la plena y libre expresión de los seres humanos y que la complacencia o el cumplimiento de la expectativas no puede ser ni una obligación, ni el eje de los vínculos:

“Yo soy yo y tú eres tú,
Yo hago lo mío y tú haces lo tuyo,
No estás en este mundo para complacerme,
No estoy en este mundo para complacerte,
Si en el camino nos encontramos será hermoso
y si no, no hay remedio.”

Qué maravillosa y difícil idea, pues según nuestras creencias, suponer que no tenemos el derecho de exigir el cumplimiento de nuestras expectativas nos deja prácticamente sin libreto. Ignoramos que complacer al otro es, más bien, una gentileza o un regalo.

Hace poco una mujer joven que trabaja como docente me relataba lo triste, desilusionada y molesta que se sentía, pues se daba cuenta que sus compañeras de grupo tenían interacciones desagradables con ella. Por ejemplo, le contestaban sin mayor compromiso, como si ella no fuera importante. Esto, a pesar de que ella las sentía como sus amigas y en efecto se había comportado como tal, pues les organizaba las fiestas de cumpleaños, estaba pendiente de sus vidas personales y valoraba sus aportes en el trabajo. Sufría, se resentía que no recibía lo mismo y, aun más, percibía que deliberadamente la aislaban.

Claramente se sentía rechazada, experimentaba todos las síntomas dolorosos asociados a esta experiencia: sensación de no valer, deseo de retirarse del trabajo, ganas de llorar, ambivalencia acerca de si era digno hacer un reclamo o más bien comenzar una lucha de poder y devolver con la misma moneda; o tal vez, pensar que ella era romántica e ingenua pues en verdad la amistad no existe.

Indudablemente se encontraba muy apesadumbrada. Le pregunté si ella tenía otras amigas. Me contó que sí, que con sus compañeras de colegio era muy diferente, que con ellas se sentía tranquila y libre de ser como era. Esto nos ayudó: pudimos concluir que la amistad sí existía.

Entonces abordamos otro punto: le pregunté cómo había llegado ella a creer que sus compañeras de trabajo eran sus amigas y me contestó que a ella le gustaba ser amiga de las personas. Es decir, eso era su expectativa, no era un acuerdo con las otras personas. Notó entonces como su propio deseo de ser amiga la llevó, como se dice popularmente, a ensillar antes de traer las bestias. Se dio cuenta que su dolor y rabia tenían que ver con lo que ella esperaba y no necesariamente con un rechazo, pues en realidad no se daban las condiciones para el encuentro. Sus compañeras no hacían su parte para establecer una amistad; probablemente no la deseaban.

Se quedó pensando y me dijo: “En realidad no son mis amigas, son sencillamente mis compañeras de trabajo.”

Cuántas veces, como ella, sufrimos inmensamente porque el otro -amigo, cónyuge o familiar- no hace lo que le corresponde para construir el vínculo que nosotros deseamos, cuántas veces el miedo a la soledad nos hace permanecer en una relación en la que nos sentimos rechazados. Recordemos que al elegir cambiar nuestra expectativa frente al otro, podemos cambiar el rumbo de nuestra vida si decidimos que lo importante es que haya encuentro y no la obligación de cumplir expectativas, que solo así nos sentiremos acogidos.

Fuente: María Antonieta Solórzano