El guerrero espiritual


El guerrero espiritual es aquel que guerrea contra si mismo para superarse, mejorarse y realizarse. Como declaraba Buda. “Es más importante vencerse a uno mismo que vencer a mil guerreros en mil batallas diferentes”.

El guerrero espiritual no se deja vivir por la vida, sino que vive la vida. La vida sigue su curso y el guerrero trata de saber lúcidamente cuándo intervenir o no, cuando hacer o dejar de hacer. La vida se desenvuelve con sus imprevisibles arabescos y configuraciones, pero el guerrero, en lugar de dejarse vivir por todo ello mecánicamente, trata de vivirlo con plena atención y sosiego; es uno de sus grandes retos, de sus difíciles desafíos. No se preocupa de si en sí misma la vida es un propósito o un despropósito, porque la vive confiriéndole su propio propósito de autodesarrollo, completad y equilibrio. Para ello, necesariamente, tiene que estar vigilante. Tanto si puede como si no intervenir en los acontecimientos, tanto si debe o no ingerir, tanto si debe permanecer pasivo o activo, tiene que esforzarse correctamente por permanecer alerta. Esa vigilancia se debe mantener en su mente tanto si procede a hacer como a no hacer o a hacer sin hacer o simplemente a estar y ser. Es una vigilancia no compulsiva, pero sí intensa y que le permite examinar sus propios estados mentales, activar los recursos internos cuando las circunstancias lo requieren, proceder con prestancia y lucidez en la urgencia del momento, no dejarse atrapar por las neuróticas reacciones que desgastan la energía y herrumbran el ánimo. Esa vigilancia permite estar consciente a la mente, la palabra y los actos, ensanchando así la consciencia y alumbrando la intuición. Estar atento es una ley básica para el guerrero espiritual, pero hay otra que la complemente: ser ecuánime, es decir de ánimo firme y constante, inafectado ante los estados de ánimo nocivos, sabiendo estar centro en sí mismo y pudiendo así desarrollar una visión clara y una comprensión profunda, que desencadenan la compasión y el amor consciente. Para ello el guerrero espiritual no deja de ejercitarse; su vida es entrenamiento para hacer de la vigilancia, la autovigilancia y la ecuanimidad sus fundamentales aliados. No se deja así atolondrar por el juego de luces y sombras, ganancias y pérdidas, encuentros y desencuentros, halagos e insultos, placeres y amarguras que es el teatro de sortilegios de la existencia. El guerrero enfrenta, con atención consciente y ecuanimidad, vicisitudes que, en lugar de hundirle en la desesperanza, le ayudan a quebrar sus rutinas y poner en marcha sus potenciales internos. Las mismas vicisitudes se convierten en aliados y los enemigos se transforman en amigos para el autodesarrollo. Nada le perturba en su inmaculado espacio interior, ganado a fuerza de atención, autovigilancia, ecuanimidad y meditación. Está despierto entre los dormidos y sosegado entre los desasosegados. Mira de frente su rostro original y en él se inspira, más allá de viejos patrones. Está en el arte de la guerrería que le permite ser él mismo y servirse del recorrido vital para desarrollar un estado de consciencia superior. Hace de la vida una búsqueda en pos de la sabiduría y valora la inteligencia clara y la ternura de corazón. Es de todos, pero de nadie en demasía; está en el mundo, pero no se deja condicionar por él. Es ductil y no se impone ni manipula Sabe vivir a cada instante con consciencia o por lo menos está en el intento de conseguirlo. Es cuidadoso consigo mismo y con los demás. Aprende a transmutar el veneno en néctar y considera la paz interior como el más valioso tesoro. Cultiva su temple y es a la vez recio y manso, controlado y fluído. Libra su propia batalla y no entra en batallas ajenas. Es libre como el viento del amanecer; es prudente y nos e arroga cualidades de las que carece; ama sin reclamar amor. Su intrepidez consiste en abrirse y no atrincherarse y vencer a lo fuerte mediante lo suave y persistente. Va conquistando lo ilusorio para alcanzar la suprema sabiduría. El poder está en si mismo, La lámpara a encender se oculta en su interior. Es su propio refugio. Considera sagrada toda forma de vida y se inspira en la “corriente de consciencia despierta” alimentada por todos los grandes seres como Buda, Jesus, Mahavira, La-Tsé y tantos otros con la mente realizada. Nada aprecia tanto como la conquista de sí mismo; nada tanto valora como poder hacer algo provechoso por los otros. Su senda es la que lleva a la mente y de allí al corazón. Y en el corazón siente palpitando el alma de todas las criaturas vivientes.
Fuente:   Ramiro Calle.

 

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. corporations offshore
    Oct 30, 2012 @ 03:28:38

    El guerrero espiritual es aquel que guerrea contra si mismo para superarse, mejorarse y realizarse. Como declaraba Buda. “Es más importante vencerse a uno mismo que vencer a mil guerreros en mil batallas diferentes”.

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