QUIERO DEJAR MI ALMA LIBRE


 

Quiero dejar mi alma libre para que pueda disfrutar de todos los dones que los espíritus poseen. Cuando esto sea posible, no intentaré conocer los cráteres de la luna, ni perseguir los rayos del sol hasta su fuente. No procuraré entender la belleza de la estrella, ni la desolación artificial del ser humano.

Cuando sepa cómo liberar mi alma, seguiré a la aurora, y trata…ré de volver con ella a través del tiempo. Cuando sepa liberar mi alma, me sumergiré en las corrientes magnéticas que desembocan en un océano donde todas las aguas se cruzan, y forman el Alma del Mundo.

Cuando sepa liberar mi alma, procuraré leer la espléndida página de la Creación desde el principio.

Fuente: Paulo Coelho
 

UN CUENTO DE AMISTAD (Paulo Coelho)


 

Un hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó un rayo y los tres murieron fulminados. Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales (a veces los muertos tardan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición).
La carretera era muy larga y colina arriba. El sol era muy intenso, y ellos estaban sudados y sedientos. En una curva del camino vieron un magnifico portal de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro.
El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada y entabló con él, el siguiente diálogo:
– Buenos días. – Buenos días – Respondió el guardián. – ¿Cómo se llama este lugar tan bonito? – Esto es el Cielo. – ¡Qué bien que hayamos llegado al Cielo, porque estamos sedientos! – Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera.
Y el guardián señaló la fuente.
– Pero mi caballo y mi perro también tienen sed… – Lo siento mucho – Dijo el guardián- pero aquí no se permite la entrada a los animales.
El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber solo. Dio las gracias al guardián y siguió adelante. Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los tres, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puerta vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles. A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero. Posiblemente dormía.
– Buenos días – dijo el caminante. – El hombre respondió con un gesto de la cabeza. – Tenemos mucha sed, mi caballo, mi perro y yo – Hay una fuente entre aquellas rocas – dijo el hombre, indicando el lugar. Podéis beber toda el agua como queráis. – El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed.
El caminante volvió atrás para dar las gracias al hombre.
– Podéis volver siempre que queráis – Le respondió éste. – A propósito ¿Cómo se llama este lugar?- preguntó el hombre. – EL CIELO. – ¿El Cielo? – ¿Sí? – Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el Cielo!. – Aquello no era el Cielo. Era el Infierno – contestó el guardián.
El caminante quedó perplejo. – ¡Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre! ¡Esta información falsa debe provocar grandes confusiones! – advirtió el hombre.
– ¡De ninguna manera!-increpó el hombre – En realidad, nos hacen un gran favor, porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar sus mejores amigos.

LAS OTRAS FORMAS DE AMOR: Eros, Philos y Ágape


 En 1986, en la ciudad de Logroño, nos encontrábamos celebrando una boda cuando mi guía, Petrus, empezó a hablar de las tres palabras que utilizan los griegos para referirse al amor: Eros, Philos y Ágape. Según él, esto ya lo dijo Martin Luther King, pero valía la pena recordar que el sentimiento más importante del ser humano se puede dividir. Empezó por explicar qué es Eros, la atracción sana y necesaria que un ser humano siente por otro. A continuación, señalando a una pareja de ancianos, dijo:       -Mira a esos dos. No se dejarán contagiar por la hipocresía, como tantos otros. Por su aspecto, deben de ser una pareja de labradores. El hambre y la necesidad los han obligado a superar juntos muchas dificultades. Descubrieron la fuerza del amor a través del trabajo, que es donde Eros muestra su rostro más bello, también conocido como Philos.      –¿Y qué es Philos?      –Philos es el Amor en forma de amistad. Es aquello que yo siento por ti y por los demás. Cuando la llama de Eros no puede brillar más, es Philos quien mantiene juntas a las parejas.      –¿Y Ágape?      –Ágape es el amor total, el amor que devora a quien lo experimenta. Quien conoce y experimenta a Ágape, se da cuenta de que, en este mundo, nada sino amar tiene importancia. Este fue el amor que sintió Jesús por la humanidad, y fue tan grande que sacudió las estrellas y cambió el curso de la historia del hombre.
     “A lo largo de los milenios de la historia de la Civilización, muchas personas se han sentido invadidas por este Amor Que Devora. Tenían tanto que dar (y el mundo les exigía tan poco) que se vieron obligadas a buscar los desiertos y los lugares más apartados, porque el Amor era tan grande que las transfiguraba. Se convirtieron en los santos ermitaños que hoy conocemos.      “Para mí y para ti, que experimentamos otra forma de Ágape, esta vida puede parecer dura, terrible. Sin embargo, el Amor que Devora hace que todo lo demás pierda importancia: estas personas sólo viven para ser consumidas por su Amor.”      Hizo una pausa.      –Ágape es el Amor que Devora –repitió una vez más, como si ésta fuese la frase que mejor definiese aquella extraña forma de amor-. Luther King dijo en una ocasión que, cuando Cristo hablaba de amar a los enemigos, se refería a Ágape. Porque, según él, era “imposible querer a nuestros enemigos, a aquellos que nos hacen mal, y que intentan hacer aún más miserable nuestro sufrido día a día.”      “Pero Ágape es mucho más que querer. Es un sentimiento que invade todo, que se cuela por todas las rendijas, y que hace que todo intento de agresión se convierta en polvo.      “Existen dos formas de Ágape. Una es el aislamiento, la vida dedicada sólo a la contemplación. La otra es exactamente lo contrario: el contacto con los seres humanos, y el entusiasmo, el sentido sagrado del trabajo. Entusiasmo significa trance, arrebato, vínculo con Dios. Entusiasmo es Ágape dirigido a alguna idea, a alguna cosa.      “Cuando amamos y creemos en algo desde el fondo de nuestra alma, nos sentimos más fuertes que el mundo, y nos invade una serenidad que viene de la certeza de que nada podrá vencer a nuestra fe. Esta fuerza extraña hace que tomemos siempre las decisiones correctas, en el momento preciso, y nos sorprendamos de nuestra propia capacidad cuando alcanzamos nuestro objetivo.      “El Entusiasmo se manifiesta normalmente con todo su poder en los primeros años de nuestra vida. Todavía tenemos un fuerte lazo con la divinidad, y nos lanzamos con tanto arrebato a nuestros juegos, que las muñecas cobran vida y los soldaditos de plomo se ponen a desfilar. Cuando Jesús dijo que de los niños era el Reino de los Cielos, se refería a Ágape en forma de Entusiasmo. Los niños llegaron a Él sin preocuparse por sus milagros, su sabiduría, los fariseos o los apóstoles. Fueron a Él alegres, movidos por el Entusiasmo.      “Que en ningún momento, en lo que queda de este año, durante el resto de tu vida, pierdas el entusiasmo: es una fuerza mayor, dirigida hacia la victoria final. No podemos dejar que se nos escape sólo porque, mes tras mes, tengamos que hacer frente a pequeñas y necesarias derrotas”.

Fuente: Paulo Coelho

DE LA IMPORTANCIA DE LOS ALIADOS


 El guerrero de la luz que no comparte con los demás la alegría de sus decisiones, jamás conocerá sus propias cualidades y defectos.      Por lo tanto, antes de empezar a hacer nada, busca aliados, gente que se interesa por lo que estás haciendo.      No digo: “busca otros guerreros de la luz.”
     Digo: encuentra personas con diferentes habilidades, porque la lucha de un guerrero por sus sueños no se diferencia de cualquier otro camino seguido con entusiasmo.      Tus aliados no serán necesariamente aquellas personas a quienes todos miran, ante quienes se deslumbran y de quienes afirman: “no hay nadie mejor.” Muy al contrario: son personas que no temen errar, y por lo tanto yerran mucho. Es por ello que lo que hacen no siempre es elogiado o reconocido.      Pero es este tipo de persona el que transforma el mundo, y tras muchos errores consigue acertar con algo que marcará la diferencia en su comunidad.      Los aliados son personas que no pueden esperar a que las cosas sucedan para después decidir cuál es la mejor postura que se puede adoptar: ellos deciden a medida que actúan, aun sabiendo que ese tipo de comportamiento es muy arriesgado.      Convivir con los aliados es importante para un guerrero de la luz; juntos, todos entienden que, antes de escoger el objetivo, son libres de cambiar de idea. Pero, después de haber determinado el objetivo, se concentran sólo en los pasos que deben dar. Y a medida que caminan, piensan: “cada paso requiere mucho esfuerzo, pero vale la pena correr el riesgo, vale la pena apostar la propia vida.”      Los mejores aliados son aquellos que no piensan como la mayoría de la gente. Por eso, al buscar compañeros para compartir el entusiasmo por el sueño, es importante creer en la intuición, y no dar importancia a los comentarios ajenos. La mayor parte de los seres humanos siempre juzga a los demás teniendo como modelo sus propias limitaciones, y a veces la opinión de la mayoría está llena de miedos y prejuicios.      Únete a todos los que experimentan, se arriesgan, caen, se hacen daño, y se vuelven a arriesgar. Apártate de aquellos que afirman verdades, critican a quienes no piensan como ellos, jamás darían un paso sin estar seguros de que se les respetará por ello, y prefieren la comodidad de la certeza que la tensión de la duda.      Únete a los que se exponen y no temen ser vulnerables: éstos miran lo que hace su prójimo, no para juzgarlo, sino para admirarlo por su valentía y dedicación.      Tal vez el guerrero se sienta tentado a pensar que su sueño no interesa a todo el mundo, como por ejemplo a los panaderos o a los agricultores. Pero ellos tendrán en el guerrero de la luz un buen modelo de perseverancia y valor. Y un panadero tiene muchas cosas que enseñar, tales como la mezcla exacta de los ingredientes, que se basa más en la intuición que en la técnica. Un agricultor puede mostrar la importancia de la paciencia, del sudor, del respeto a las estaciones, y de la inutilidad de blasfemar contra las tormentas, porque es una pérdida de tiempo.      Por lo tanto, cada uno tiene algo diferente que enseñar, y es la suma de estas diferencias lo que llamamos “sabiduría.”      Únete a los que son flexibles, y entienden las señales del camino. Son personas que no dudan en cambiar su rumbo cuando se encuentran con una barrera infranqueable, o cuando vislumbran una oportunidad mejor. Poseen la cualidad del agua: deslizarse entre las rocas, adaptarse al curso del río, a veces transformarse en lago, hasta que la depresión esté llena y pueda continuar su camino, pues el agua no olvida que su destino es el mar, y tarde o temprano deberá llegar hasta él.      Únete a los que jamás dirán: “ya he terminado, tengo que parar aquí.” Porque así como el invierno sigue a la primavera, nada termina nunca, y la senda del guerrero es un camino sin fin. Después de alcanzar su objetivo, encuentra un nuevo desafío, y hay que volver a empezar, poniendo siempre en práctica todo lo que aprendió mientras caminaba.      Únete a los que cantan, cuentan historias, disfrutan de la vida, y tienen alegría en los ojos. Porque la alegría es contagiosa, y siempre impide que la gente se deje paralizar por la depresión, la soledad y las dificultades.      Únete a quien camina con la cabeza erguida, aunque tenga lágrimas en los ojos. Apártate de quien camina con la cabeza erguida porque nunca lloró, porque nunca miró a los lados.      Un verdadero guerrero de la luz no confunde la arrogancia con la autoridad, la alegría con la superficialidad, la persistencia con la impaciencia. Él tiene sus dudas, a veces se siente oprimido por la soledad, pero sabe que existe mucha gente que piensa como él, y que encontrar a sus verdaderos aliados es tan sólo cuestión de tiempo.

Fuente: Paulo Coelho

EL PRECIO DEL ODIO Y DEL PERDÓN


 

  Descubro en mis anotaciones de 1989 unos apuntes de una conversación con J., a quien llamo “mi maestro”. En aquella época, hablábamos de un desconocido místico llamado Kenan Rifai, sobre el que se ha escrito muy poco.      -Kenan Rifai dice que cuando los demás nos elogian, debemos prestar atención a nuestro comportamiento –dice J.-, ya que eso significa que ocultamos muy bien nuestros defectos. Podemos terminar creyendo que somos mejores de lo que pensamos, y de ahí a dejarse dominar por un falso sentimiento de seguridad, que en realidad nos rodea de peligro, hay un paso.      ¿Cómo prestar atención a las oportunidades que nos da la vida?      -Si tienes sólo dos oportunidades, aprende a transformarlas en doce. Cuando tengas doce, ellas se multiplicarán por sí solas. Por eso dice Jesús: “al que tiene, más le será dado, y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun lo poco que tiene le será arrebatado.”
     Es una de las frases más duras del evangelio. Pero con el pasar de los años, he comprobado que es absolutamente cierta. Sin embargo, ¿cómo puede uno reconocer las oportunidades?      -Presta atención a todos los momentos, porque la oportunidad, el “instante mágico”, está a nuestro alcance, aunque siempre lo dejemos pasar por nuestro sentimiento de culpa. Por lo tanto, no pierdas el tiempo culpándote: el universo se encargará de corregirte, si es que tú no eres digno de lo que estás haciendo.      ¿Y cómo me corregirá el universo?      -No será a través de tragedias; éstas suceden porque son parte de la vida, y no deben ser encaradas como un castigo. Generalmente, el universo nos indica que estamos equivocados quitándonos lo más importante que tenemos: nuestros amigos.      “Kenan Rifai fue un hombre que ayudó a mucha gente a encontrarse a sí misma, y a alcanzar una relación armoniosa con la vida. Pese a ello, algunas de estas personas resultaron ser bastante desagradecidas, y ni siquiera se molestaron en decir “gracias”. Sólo cuando se sintieron de nuevo confundidas, decidieron acudir a él otra vez. Rifai volvió a ayudarlas, sin hacer ninguna referencia al pasado: era un hombre de muchos amigos, y los ingratos siempre acababan solos.      -Son bellas palabras, pero no sé si yo podría perdonas la ingratitud con tanta facilidad.      -Es muy difícil. Pero no hay elección: si no perdonas, pensarás en el dolor que te han causado, y este dolor no terminará nunca.      “No quiero decir que te debe gustar aquél que te hace daño. No quiero decir que vuelvas a vivir con esta persona. No estoy sugiriendo que la veas como un ángel, o como alguien que actuó inconscientemente, sin intención de herir. Tan sólo digo que la energía del odio no te llevará a ninguna parte; pero la energía del perdón, que se manifiesta a través del amor, conseguirá transformar positivamente tu vida.      -Me han hecho daño muchas veces.      -Por eso llevas todavía dentro de ti al niño que lloraba escondido de sus padres, al niño más enclenque de la escuela. Todavía llevas las marcas del niño flacucho que nunca enamoraba a las chicas, que jamás destacó en ningún deporte. No has logrado restañar las heridas de las injusticias que han cometido hacia ti a lo largo de tu vida. Y así, ¿qué has conseguido?      “Nada. Absolutamente nada. Sólo un deseo constante de sentir piedad de ti mismo, porque fuiste víctima de los que eran más fuertes que tú, o de actuar como un vengador presto a herir a quien te ofendió. ¿No crees que estás perdiendo el tiempo?      -Creo que es humano.      -Por supuesto que es humano. Pero no es inteligente ni razonable. Ten respeto por tu tiempo en este mundo, recuerda que Dios siempre te ha perdonado, y perdona tú también.

     Después de esta conversación con J., que tuvo lugar poco antes de mi viaje para pasar cuarenta días en el desierto de Mojave, en los Estados Unidos, empecé a entender mejor al niño, al adolescente, al adulto herido que había sido un día. Una tarde, yendo del Valle de la Muerte (California) hacia Tucson (Arizona), hice mentalmente una lista de todas las personas a las que pensaba que debía odiar porque me habían hecho daño. Fui perdonándolos uno a uno, y seis horas después, en Tucson, mi alma se sentía más leve, y mi vida cambió para mucho mejor.

Fuente: Paulo Coelho

LAS CRISIS Y SUS ARTIMAÑAS


 Como todos sabemos, Aquiles era hijo de la unión de un mortal con una diosa. Como toda madre siempre quiere proteger a su hijo de todos los peligros, ella lo sumergió en un río cuyas aguas lo harían inmortal, pero lo agarró por el talón, razón por la cual él quedó vulnerable en aquel punto (hay versiones del mito en las que el héroe fue sumergido en sangre de dragón, mientras tenía una hoja pegada al talón). De ahí la expresión “talón de Aquiles”, mostrando que, independientemente de la fuerza que creamos tener, siempre existe el modo de alcanzarnos. Es claro que el héroe, en este caso, muere por una flecha que lo alcanza exactamente en su punto débil.
     El año 2001 leí El síndrome de Aquiles, del periodista Mario Rosa. El libro trata de un asunto que nunca estuvo de más actualidad que ahora: la crisis.
      En el texto, Rosa nos advierte: “la crisis envía señales.”
      Desde que leí esa frase, me he dado cuenta de que, antes de que ciertas tormentas lleguen a nuestro patio, nos envían pequeños mensajes de los que, por pereza o por encontrar que no son dignos de nuestra atención, no hacemos caso. Precisamente por eso, en el momento en que el viento empieza a soplar con violencia, nos sentimos absolutamente desprevenidos para los truenos que estallan por todas partes, y sólo nos queda, como dice Rosa, procurar administrar de la mejor manera posible la devastación que vendrá a continuación. Me he tomado la libertad de usar su libro como guía para intentar trazar un mapa de nuestras tormentas personales.
      Origen: la crisis viene siempre del exterior, aunque a veces pensemos que sólo se manifiesta en nuestras almas. Por lo general, algo insignificante ocurrido en la infancia puede traer grandes consecuencias en la madurez.
      La crisis llega para destruir: por más que intentemos asociar la palabra “crisis” a la “oportunidad” (como hacen los chinos), esa romántica asociación sólo es posible cuando estamos preparados para lo imprevisto. Como muy raras veces es ése el caso, la crisis se instala y comienza a arrasarlo todo a nuestro alrededor.
      La verdad no ayuda: recientemente, durante la publicación de mi nuevo libro, El Zahir, una escritora rusa dijo, en el periódico de mayor circulación de Moscú, que la historia estaba basada en nuestra “relación amorosa” (la musa inspiradora era, en realidad, Christina Lamb, corresponsal de guerra del periódico británico The Sunday Times). Cometí el tonto error de enviar una carta de desmentido. Resultado: quienes no habían leído el artículo original, se enteraron por la carta. Y enseguida empezaron las especulaciones respecto a cómo los hombres, cuando se encuentran acorralados, siempre se declaran inocentes.
      El problema, por pequeño que sea, puede producir una crisis terrible: en Brasil, un caso de soborno de un director de correos desencadenó una serie de denuncias que afectaron a varios niveles gubernamentales. En un matrimonio, un simple retraso a la vuelta del trabajo puede ser la gota de agua que colma el vaso de todo un proceso reprimido, el cual a partir de entonces se vuelve difícil de contener.
      Los hechos no cuentan, lo que cuenta es cómo percibe los hechos la opinión pública: tengo una amiga cuyo padre odia a la madre. La familia vive siempre pasando penurias, con todos en casa llevándose como el perro y el gato, pero en voz baja. Mientras la muchacha obtenga notas excelentes en la escuela, mientras los vecinos no se enteren, mientras la “opinión pública” no sepa nada, la impresión será la de que todo está bajo control.
      Todo se transforma en munición devastadora: como la crisis siempre lleva a un diálogo de sordos, donde el uno no oye lo que dice el otro, los argumentos se vuelven inútiles. Si uno dice “me encantan las naranjas”, la otra persona entenderá que odias las patatas, y estás insinuando que te sientes desgraciado porque justamente esa noche te ha servido un plato de patatas fritas para cenar.
      La crisis siempre gira alrededor de un símbolo: puede ser una institución como el matrimonio, la carrera profesional, la empresa, la religión, el amor, el código de conducta.
      Llegaré a la conclusión de esta cuestión, con la opinión de otros estudiosos (Helio Fred Garcia, Profesor de Comunicación de la Universidad de Nueva York, y Daí Williams, de Eos Career Services, y un texto de la Universidad de Australia del Sur). He procurado usar los textos de estos especialistas desde el punto de vista de la crisis individual, aunque la mayor parte de ellos en realidad se refiere a acontecimientos políticos y económicos.
      Una vez que la crisis se instala, éstas son las peores formas de reaccionar:
      A] No hacer caso del problema. María sabe que Juan, su marido, está a punto de ser despedido del trabajo, lo cual pondrá a la familia en serios aprietos. Sin embargo, como Juan no menciona el asunto, ella finge que no se da cuenta.
      B] Negar el problema. Juan, por su parte, piensa que gracias a los contactos que ha hecho a lo largo de su vida, conseguirá una nueva oportunidad y, por lo tanto, no ve que está en una situación difícil. Olvida una de las leyes más duras de la vida, ya enunciada por Jesús: “al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”. En el momento en que pierda su empleo, todos estos contactos desaparecerán también, porque Juan ya no tendrá nada que ofrecer a cambio.
     C] Negarse a pedir ayuda. Juan y María han vivido muchos años juntos, y se conocen muy bien. Juan tiene la cabeza llena de problemas, ya que la crisis absorbe todas las energías del ser humano. María tal vez pudiese ayudarle, pero el orgullo no deja a Juan compartir sus dificultades. El resultado es que, incapaz de pensar con lucidez, Juan se va hundiendo cada vez más en el océano de sus dificultades.
      D] Mentir o decir medias verdades. Un día María se arma de valor y, a la hora de acostarse, pregunta si algo va mal. Juan responde: “estoy pensando cambiar de empleo.” Claro que, desde el punto de vista jurídico, eso se puede considerar verdad: Juan, al estar a punto de ser despedido, vive realmente pensando en encontrar un nuevo empleo. María no dice nada más. La presión sobre Juan aumenta, porque recela que su mujer sospecha algo, pero ahora que ya ha mentido, no puede usar la verdad como instrumento salvador.
      e] Culpar a los demás. Juan sabe que es un hombre de bien, que siempre ha sido honrado en el trabajo, y ha intentado dar lo mejor de sí. Piensa que su jefe es injusto, que no se merece lo que le está pasando. El hecho es que tal vez el jefe esté viviendo el mismo drama, pues a todos los mueven unas entidades abstractas llamadas “empresas.” Sin embargo, frente a lo que considera un absurdo, en lugar de mantener la cabeza fría para hacer frente al momento, piensa que el mundo está hecho de gente malvada y cruel.
      F] Sobrestimar la propia capacidad: Juan empieza a decirse que tiene talento, que es capaz de hacer esto y aquello, y acaba convenciéndose de que no está frente a una crisis, y sí ante una nueva oportunidad. Juan tiene mucho talento, pero eso no basta, porque no está preparado para el golpe, que lo deja sin aliento ni entusiasmo.
      Una vez que se han dado todos los pasos equivocados, llega el día y Juan es despedido. A partir de entonces, la familia ya está al borde del abismo, por culpa del precioso tiempo perdido al negar una fatalidad.
      Entonces, ¿qué hacer? Bien, yo he sufrido muchas crisis en mi vida, y creo que he cometido todos los errores descritos arriba. Hasta que, tal vez en la peor de todas mis crisis, aparecieron los amigos. Desde entonces, lo primero que hago es, simplemente, pedir ayuda. Evidentemente, la decisión final será mi responsabilidad, pero, en lugar de intentar hacerme siempre el fuerte, jamás me he arrepentido de haberme mostrado vulnerable ante mi mujer y mis amigos. Y cuando empecé a actuar así, reduje bastante mi capacidad de errar, aunque ésta siga allí, siempre esperando para dar el salto.

                                                                       Fuente: Paulo Coelho

EL GUERRERO DE LA LUZ Y SU MUNDO


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El guerrero de la luz siempre procura mejorar.
Cada golpe de su espada lleva tras de sí siglos de sabiduría y meditación. Cada golpe debe tener la fuerza, la habilidad de todos los guerreros del pasado, que aún hoy continúan bendiciendo la lucha. Cada movimiento en el combate honra los movimientos que las generaciones anteriores intentaron transmitir a través de la Tradición.
El guerrero desarrolla la belleza de sus golpes, pese a comportarse como un niño.
La gente se sorprende, pues olvidó que un niño tiene que divertirse, saltar, ser un poco irreverente, hacer preguntas inconvenientes e inmaduras, y decir tonterías.
Y dicen, horrorizados: “¿ése es el camino espiritual? ¡Pero si es un inmaduro!”
El guerrero se llena de orgullo con este comentario. Y se mantiene en contacto con Dios, a través de su inocencia y alegría. Actúa así porque al principio de su combate, se dijo a sí mismo:
“Tengo sueños.”
Al cabo de unos años, se da cuenta de que es posible llegar adonde quiere. Sabe que será recompensado.
En este momento, la gran alegría que animaba su corazón desaparece. Porque mientras iba caminando, conoció la infelicidad ajena, la soledad, las frustraciones que acompañan a gran parte de la humanidad. El guerrero de la luz piensa entonces que no merece lo que está recibiendo.
Cuando aprende a manejar su espada, descubre que su equipamiento tiene que ser completo, y eso incluye una armadura.
Sale en busca de su armadura, y escucha la propuesta de varios vendedores.
“Usa la coraza de la soledad,” dice uno.
“Usa el escudo del cinismo,” responde otro.
“La mejor armadura es no cubrirse con nada,” afirma un tercero.
El guerrero, sin embargo, no hace caso. Con serenidad, va hacia su lugar sagrado y se viste con el manto indestructible de la fe.
La fe detiene todos los golpes. La fe transforma el veneno en agua cristalina.
Su ángel susurra: “entrégalo todo.” El guerrero se arrodilla, y ofrece a Dios sus conquistas.
La entrega obliga al guerrero a dejar de hacer preguntas tontas, y eso le ayuda a vencer la culpa.
Y si, aun así, pensara que su recompensa es inmerecida, un guerrero de la luz siempre tiene una segunda oportunidad en la vida.
Como todos los otros hombres y mujeres, él no nació sabiendo manejar la espada. Erró muchas veces antes de descubrir su leyenda personal.
No hay hombre o mujer que pueda sentarse alrededor de una hoguera y decir a los demás: “siempre he hecho lo correcto.” Quien afirme tal cosa miente, y aún no ha aprendido a conocerse a sí mismo. El verdadero guerrero de la luz cometió muchas injusticias en el pasado.
Pero, al transcurrir la jornada, se da cuenta de que las personas con las que actuó de forma equivocada siempre vuelven a cruzarse con él.
Por eso, el guerrero de la luz tiene la impresión de vivir dos vidas a la vez. En una de ellas, está obligado a hacer todo aquello que no quiere hacer, a luchar por ideas en las que no cree. Pero existe otra vida, y él la descubre en sus sueños, lecturas y encuentros con gente que piensa como él.
El guerrero permite que sus dos vidas se vayan aproximando.
“Hay un puente que une lo que hago con lo que me gustaría hacer,” piensa. Al cabo de poco tiempo, sus sueños van cuidando de su rutina, hasta que siente que está listo para aquello que siempre quiso.
Entonces, basta un poco de osadía, y las dos vidas se transforman en una sola.
Es su oportunidad de corregir el mal que ha causado. Él la utiliza siempre, sin dudarlo.

Feliz 2010!

Fuente: Paulo Coelho

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