Aquí dejo todo lo que me hace daño


ME PERDONO

 

Es tiempo de ser más fluida con la gente, conmigo misma.
Es momento de dejar ir.
De permitir que el viento me despeine y me sacuda; que se lleve el resentimiento,
que mi alma perdone deudas y deudores.
Es tiempo de que me perdone a mí misma; ya me regañé bastante.
Fueron muchas las piedras que yo misma puse en mi camino; los puentes dinamitados.
Como autocastigo ya estuvo bien; elijo el camino de la aceptación,es más barato.
Acepto y entiendo que merezco empezar de cero; con alma transparente y espíritu tranquilo.
En estos momentos que vienen, lo que ha de ser, será.
Es tiempo de relajarme.
Dios no me está juzgando; está muy ocupado haciendo otras cosas.

Así que… ¿Por qué habría yo de hacerlo?
Es hora de levantar las anclas. De liberar cosas, de soltar gente.
Nadie tiene que ser como yo quiera.
Así están perfectos.
Así ha funcionado hasta este momento su vida.
Me dedico a atender lo mío, a refundarme.
De vez en cuando viene bien tirar lo que ya no sirve, perdonar.

Entre SER FELIZ y TENER RAZÓN, elijo lo primero.
Tener la razón es el peor de los desgastes, porque te quita el sueño intentar corregir el universo.
Es hora de soltar amarras, de confiar más en la gente.
Me dejo ir… La vida me conduce.

Rosa

DECIR ADIÓS A QUIEN NO TE NECESITA TAMBIÉN ES CRECER


DECIR A DIOS 2

 

¿Cuántas veces en tu vida te has visto obligado@ a tener que decir adiós? En realidad, no importa las ocasiones en que lo hayas hecho, lo esencial es que a lo largo de nuestro ciclo vital es necesario romper más de un vínculo, aunque ello nos ocasione sufrimiento.

Decir adiós es crecer, es permitir encontrarnos de nuevo con nosotros mismos porque por determinadas circunstancias, algo o alguien nos estaba alejando de esas esencias inquebrantables que son la felicidad y el equilibrio con nuestro ser.

Te digo adiós porque sé que ya no me necesitas, porque no soy tu prioridad, por que tus vacíos me llenan de carencias y porque a pesar de no que no lo digamos en voz alta, hace tiempo que nos despedimos.

En realidad, podríamos decir que la propia despedida en sí no duele tanto como el contener las ganas por volver. Por qué es ahí donde se halla no solo nuestra propia fortaleza, sino nuestra dignidad.

No te permitas nunca ser débil y correr detrás de quien no te necesita o ya sabe dónde estás. De hacerlo, te estarás haciendo un daño profundo a ti mismo, a tu autoestima y su vez, le estarás ofreciendo poder a una persona que tiene en su mano la llave de la cerradura de tu infelicidad.

Eres tú quien debe tener esa llave, tú quien debe mantener las riendas de su vida sabiendo en todo momento por quién vale la pena invertir tiempo, sueños y esperanzas. Decir adiós es un acto de valentía y la mejor expresión de amor propio.

 Romper el vínculo de quien no nos necesita requiere coraje

Ojalá las cosas fueran más fáciles. Ojalá existiera una poción mágica para el desamor, para cerrar las puertas del corazón a quien ya no nos quiere, y practicar el arte del olvido como quien deja caer una piedra a un río y ve cómo desaparece en las profundidades.

Decir adiós requiere coraje, es un acto de voluntad personal por una necesidad vital. Es cerrar un círculo donde nos decimos a nosotros mismos que ya no vamos a permitirnos sufrir más, porque quien solo te regala ausencias no merece tu presencia.

No existe pues el olvido inmaculado que no deja huellas o cicatrices. Porque decir adiós implica en ocasiones tener que sanar muchos espacios, muchos agravios y dolores del alma que el tiempo no siempre alivia con el simple pasar de las hojas del calendario. El tiempo no cura si nosotros no ponemos de nuestra parte, de ahí que valga la pena tener en cuenta estos aspectos.

Tener paciencia no es lo mismo que ser pasivos ante los egoísmos o las carencias. El amor puede ser ciego, pero la paciencia debe…

A veces no es el amor lo que se termina, sino la paciencia

A veces no es el amor lo que se termina, sino la paciencia, esa que dicen que es santa, porque resiste vientos y mareas y siempre acaba dando más de lo que debería.

Ahora bien ¿Cómo no ofrecerlo todo por esa persona con quien hemos construido un vínculo afectivo y vital, e incluso un proyecto de vida?

Está claro que queda justificado el que cedamos en ocasiones más de la cuenta, que perdonemos hoy mañana y pasado, y que esperemos un poco más con la esperanza de que las cosas mejoren.

En ocasiones, la realidad acaba cayendo por su propio peso para abrirnos los ojos. Nuestro corazón no puede borrar de la noche a la mañana lo que siente, pero cuando se pierde la paciencia uno empieza ya a quitarse una tras otra, todas las vendas que lo cegaban

Hay quien dice que la paciencia es una virtud, pero está claro que esta dimensión no puede aplicarse a todos los ámbitos, y que además, debe tener unos límites.

No podemos pasar una vida entera siendo pacientes viendo cómo se vulneran nuestros derechos, nuestras necesidades como seres que necesitan reciprocidad, cuidado, afectos y reconocimiento.

El amor requiere compromiso, voluntad y paciencia… pero hasta cierto punto.

La paciencia en el amor no es lo mismo que pasividad

Tal y como te indicábamos antes, a menudo suele definirse el concepto de paciencia como una virtud. Es la facultad que tenemos la personas para posponer determinadas cosas que nos aportan satisfacción, porque pensamos que esa espera, a largo plazo, nos traerá cosas mejores.

También se define la paciencia como una habilidad: la que tenemos para tolerar situaciones desfavorables ante las cuales podemos tener o no tener el control. Ahora bien, cuando hablamos de amor, es necesario que mantengamos siempre el timón de nuestra propia realidad.

Hay quien se justifica usando esta palabra como una dimensión que hay que asumir.

Las cosas están mal, pero ¿qué se le va a hacer? Hay que tener paciencia. “¿Qué podemos hacer si él o ella es así? No podemos cambiarlos, así que es mejor mantener la paciencia”

No hay que confundir paciencia con pasividad

En realidad ahí está la auténtica clave. Podemos ser pacientes, podemos hacer de la paciencia nuestra mejor virtud porque nos ayuda a analizar mejor la situación, a saber observar, a ser reflexivos.

No obstante, todo este proceso interior nos debe permitir ver la auténtica realidad.

Una persona paciente no tiene por qué ser pasiva. La persona pasiva hace de la tolerancia su forma de vida, permitiendo abusos hasta experimentar en piel propia como se vulnera su integridad. Y ello, es algo que nunca debemos permitir.

Los beneficios de ser paciente pero no pasivo

A la hora de establecer y mantener una relación afectiva, la paciencia es un pilar en el día a día que debemos reconocer. Está claro que no tiene por qué gustarnos cada aspecto, comportamiento o costumbre de nuestras parejas, pero no por ello vamos a actuar de forma impulsiva echándoselo en cara, y rompiendo la relación.

Somos pacientes, respetamos y toleramos porque amamos. Porque sabemos también que en toda pareja existe un tiempo para que las cosas se armonicen, para que todo encaje y comprendamos a su vez, las necesidades de cada uno.

La paciencia debe ser mutua y llevarse a cabo casi a modo de ejercicio. Yo soy paciente contigo porque te respeto y te quiero, porque te reconozco como persona, y sé que amar no es solo querer las coincidencias, sino respetar también las diferencias.

Ahora bien, la paciencia requiere a su vez claridad emocional. Debemos saber dónde están los límites y comprender en qué momento se nos está vulnerando como personas. Como miembros de una relación afectiva.

No hay que ser pasivos ante las exigencias cargadas de egoísmos, ante la posición de priorizarse uno por encima del otro. No hay que cerrar los ojos a las carencias ni ser impasibles al dolor emocional que nos provocan los vacíos, los desprecios o ese maltrato sutil ejercido a través de palabras envenenadas.

Es aquí donde la paciencia debe caer, descorrer su velo para ver la verdad.

Cuando se termina la paciencia

Cuando se termina la paciencia llega la decepción porque ya somos conscientes de nuestra realidad en todos sus matices. En todos sus claroscuros. Ahora bien, esto no significa que debamos romper al instante esa relación de forma obligatoria, si aún seguimos amando a la persona.

Es momento de hablar, de poner en alto cual es la situación y decir lo que sientes y lo que necesitas. No se trata de evadir el problema. Si ese compromiso nos importa, daremos todo lo que nos sea posible por mantenerlo.

Ahora bien, para que una relación prospere o sane esas carencias que nos hacen daño, el esfuerzo debe ser mutuo. En el instante en que uno ofrece más y el otro solo invierte sus propias excusas, la paciencia se acaba perdiendo por completo, y con ella, la decepción se convierte en un abismo insondable.

La paciencia no es la capacidad de esperar, sino la habilidad para comprender que merecemos cosas mejores

Decir adiós implica un duelo que afrontar

Es necesario asumir que el acto de decir adiós, de dejar ir, implica pasar por el proceso de un duelo. Son muchas las personas que lejos de entenderlo de esta forma, deciden aferrarse al día a día sin haber gestionado pensamientos y emociones.

Decir adiós a una persona que era significativa para nosotros requiere en primer lugar entender qué ha ocurrido, qué ha generado esa separación.

Es necesario aceptar que o bien ya no somos queridos, o bien, que es necesario dar por terminada una relación que ocasiona más sufrimiento que felicidad.

Las rupturas de vínculos requieren algún tipo de desahogo emocional, ya sea con lágrimas o con palabras.

La aceptación llega día a día, con lentitud pero sabiéndonos seguros, sintiéndonos bien con nosotros mismos porque hemos tomado la opción adecuada.

Decir adiós sin odios

Decir adiós sin rencor, odio o desprecio no siempre es fácil. En el momento en que somos conscientes de que no nos necesitan, de que han dejado de querernos o de que nos ofrecen un amor envenenado o doloroso, lo que sentimos es indefensión y rabia.

Ten en cuenta que toda emoción negativa va a impedirte cerrar ese cículo. Es una carga que vas almacenar y que de alguna manera, implica que sigas “unido@ a esa persona”.

La rabia, el odio y el rencor dejan huella en nuestro carácter y nuestras emociones. Hace que seamos desconfiados, y de que esa rabia genera aún más negatividad contra nosotros mismos.

Libérate de todo, despréndete de quien no te necesita y de toda emoción negativa que implique seguir anclado a quien te hizo daño de algún modo. Todo ello te permitirá avanzar con más ligereza. Si acumulas cada piedra del camino, al final no podrás caminar en tu sendero de la vida. Quedarás encallado. Libérate.

Decir adiós para volver a ser quien eras y crecer

Cuando mantenemos una relación disfuncional, es decir, ahí donde experimentamos sufrimiento, desengaño y donde lejos de crecer se quiebra nuestro equilibrio personal, lo que hacemos en realidad es alejarnos de nosotros mismos.

Decir adiós implica hacer un delicado viaje de retorno. Necesitas curar heridas, atenderte y tirar de ese hilo dorado de tu esencia, para recuperar no solo a la persona que eras antes, sino también para crear a quien deseas ser ahora.

Deseo ser esa persona que es capaz de decir adiós y dejar ir, para que vengan cosas nuevas. Cosas mejores. Deseo ser quien era, y aunque soy consciente de que ya he perdido parte de mi inocencia, y ese destino ligado a quien dejé atrás, sé que soy artífice de mi futuro. Sé que voy a andar con ilusiones renovadas, que no voy a ser víctima, sino alguien capaz de aprender de lo vivido ya convertirme en quien deseo ser.

Lo que debemos dejar ir para ser felices

El amigo que siempre miente, la idea de que debemos darle gusto a los demás o la obsesión por el pasado… Hay situaciones y personas que no nos hacen ningún bien, y que sería mejor dejar ir de nuestras vidas para encontrar aquello que sí merecemos.

Tu obsesión con el pasado

Alguien que se arrepiente por lo que hizo en el pasado o que se culpa por lo que sus acciones causaron, puede verse envuelto en un círculo vicioso de lágrimas, tristeza y depresión. A veces olvidamos que no podemos cambiar el pasado y que la única forma de ser libres y felices es dejar de pensar en ello, dejar el recuerdo también en el pasado. Si en verdad has dañado a alguien puedes tratar de reparar el daño, pero no te obsesiones con lo que no se puede cambiar. Muchas veces necesitamos más nuestro propio perdón. De ser así, trabaja en ello y sigue adelante.

Ese amigo que te causa problemas

La amistad es una de las relaciones que enriquecen la vida del ser humano. Algunos de nuestros amigos están ahí desde que somos pequeños y otros se han ido uniendo en el camino. En cualquier caso, si alguno de estos amigos te causa problemas, te engaña, se aprovecha de ti, te decepciona o te provoca cualquier otro tipo de situación negativa de forma constante, quizá sea hora de que los caminos se separen. Esto suele causar un gran conflicto interno porque creemos que debemos ayudar a nuestros amigos a salir adelante, pero cuando la situación te está afectando debes analizar si está bien buscar su bienestar a costa del tuyo. Recuerda que la persona más importante de tu vida eres tú mismo.

Esas personas que esperan que cambies por ellos

Puede que tengas un amigo o amiga, un padre o una madre, o una pareja que vive con la esperanza de que te conviertas en quienes ellos quieren. Probablemente deseen lo mejor para ti, pero esto puede poner en peligro tú identidad, es decir, lo que tu quieres. Pueden ponerte, a veces sin querer, en una encrucijada de sentimientos en la que se mezcle el miedo a decepcionar a otros con el temor a renunciar a tus sueños. Ten en cuenta, que terminar viviendo la vida de otr@ es una bomba que termina explotando tarde o temprano ya que la recompensa por contentar a los demás no suele compensar una posible pérdida de ti mism@.

A quien está contigo a la fuerza

Algunas personas se quedan en nuestra vida a la fuerza. Ya sea porque están acostumbradas a las comodidades que les damos, que teman dejarnos solos, porque no nos creen independientes o porque estemos ejerciendo algún tipo de coacción. En cualquier caso, probablemente no lograrás ser feliz teniendo a esa persona en tu vida. Cuando alguien está atado a nosotros, nos atamos a su infelicidad y de esto no puede nacer nada bueno.

Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com

CREA TU PROPIA VIDA


WORPRESS

 

 

Abrirse a lo desconocido:
Si de veras deseas ver al Creador, conviértete en un creador. Cuanto más abras tu mente a lo desconocido, más ayuda te ofrecerá tu alma. Si inicias un gran proyecto, al dar el primer paso te sorprenderá ver las fuerzas invisibles que acuden en tu ayuda. Puedes elegir bloquearlas o dejarte llevar por ellas.
Si optas por dejarte llevar:

1.- Concéntrate en lo que deseas alcanzar, deja que nazca y que crezca en el interior de tu mente.
2.- Pídele al alma que te ayude y te anime.
3.- Déjate ir para que los resultados vayan adquiriendo forma.
4.- Actúa cuando tengas la mente clara.
5.- No emprendas ninguna acción cuando estés dudando.

6.- No difundas confusión, confía en tu objetivo.
7.- No actúes movido por la ira, la ansiedad o cualquier otro impulso negativo.
8.- Espera que te ocurra lo mejor.
9.- Acepta cada resultado como lo mejor que puedes conseguir por el momento.
10.- No te culpes por los contratiempos ni por los obstáculos.

11.- No te amilanes ni te pongas tenso cuando algo te salga mal. Intenta aprender la lección que cada contra tiempo contiene.
12.- No eches la culpa a los demás.
13.- Sé consciente de que cualquier resultado puede ser posible.
14.- Olvídate del pasado. confía en que el futuro será mejor.
15.- No aceptes los malos resultados con pasividad.

16.- No fuerces ni intentes controlar la situación.
17.- No te dejes llevar por fantasias. Intenta estar presente lo máximo posible sin distraerte.
18.- Siéntete seguro y centrado en tu interior.
19.- Mantente atento para captar cualquier señal que te indique que vas por buen camino.
20.- Sé responsable de tu propio destino.

Fuente:  Psicología Práctica

 

LA HONESTIDAD


 

Un exitoso hombre de negocios se estaba haciendo viejo y sabía que era el momento de elegir un sucesor para hacerse cargo del negocio. En lugar de elegir uno de sus gerentes o sus hijos, decidió hacer algo diferente. Él llamó a todos los jóvenes ejecutivos de su compañía en conjunto. Dijo:

“Es hora de que me retire y elegiré el próximo Director. He decidido elegir a uno de ustedes”

Los jóvenes ejecutivos se sorprendieron, pero continuó el jefe…

 “Hoy voy a dar a cada uno de ustedes una semilla, una muy especial semilla. Quiero que planten la semilla, le pongan agua y vuelvan aquí dentro de un año con lo que ha crecido de la semilla que les he dado. Luego juzgaré las plantas que traigan y el dueño de la planta que yo elija será el próximo Director”

 Un hombre, llamado Jim, estaba allí ese día y al igual que los otros, recibió una semilla. Fue a su casa y con entusiasmo le contó a su esposa la historia. Ella le ayudó a conseguir un bote, la tierra, la composta y plantó la semilla. Todos los días, añadía agua y miraba si había crecido algo la planta.

Después de unas tres semanas, algunos de los otros ejecutivos comenzaron a hablar de sus semillas y de las plantas que comenzaban a crecer. Jim miraba su semilla, pero nada que crecía. Tres semanas, cuatro, cinco semanas pasaron, todavía nada. Por ahora, otros hablaban de sus plantas, pero Jim no tenía una planta y se sentía un fracaso.

Pasaron seis meses, aún no había nada en el bote de Jim. Sólo sabía que había dañado su semilla. Todo el mundo tenía árboles y plantas altas, pero él no tenía nada. Jim no les dijo nada a sus colegas, sin embargo, mantuvo regando y fertilizando la semilla; deseaba que la semilla creciera.

Un año pasó y por último todos los jóvenes ejecutivos de la empresa trajeron sus plantas delante del Director general para la inspección.

Jim le dijo a su esposa que no iba a llevar un bote vacío. Pero ella le pidió que fuera honesto acerca de lo sucedido. Jim se sintió mal, pensó que iba a ser el momento más embarazoso de su vida, pero sabía que su esposa estaba en lo cierto. Tomó su bote vacío y lo llevo a la sala de juntas.

Cuando Jim llegó, se sorprendió de la variedad de plantas cultivadas por los demás ejecutivos. Eran hermosas, en todas las formas y tamaños. Jim puso el bote vacío en el suelo y muchos de sus colegas se rieron, algunos sentían pena por él.

Cuando el Director llegó, examinó la habitación y saludó a sus jóvenes ejecutivos. Jim sólo trató de esconderse en la parte posterior.

“Vaya, qué grandes plantas, árboles y flores que han crecido” -dijo el Director- “¡Hoy en día uno de ustedes será nombrado Director en reemplazo mío!”

De repente, el Director vio a Jim en el fondo de la sala con su bote vacío. Ordenó al Gerente Financiero traerlo al frente. Jim estaba aterrorizado, pensaba:

“El Director sabe que soy un fracaso, ¡tal vez me va a despedir!”

Cuando Jim llegó a la parte delantera, el Director le preguntó qué le había pasado a la semilla… Jim le contó la historia. El Director pidió a todos sentarse, excepto Jim. Miró a Jim, y luego anunció a los jóvenes ejecutivos:

“¡He aquí a un lado su nuevo Director! Su nombre es Jim”… Jim no lo podía creer.

“¿Cómo podía ser el nuevo Director?… Dijeron los otros.

A continuación, dijo el Director:

“Hace un año, les di a todos en esta sala una semilla. Yo les dije que tomaran la semilla, la plantaran, la regaran con agua y la trajeran de vuelta a mi hoy. Pero yo les di a todos semillas muertas, no era posible que crecieran. Todos ustedes, a excepción de Jim, me han traído árboles, plantas y flores. Cuando encontraron que la semilla que yo les di no crecería, la sustituyeron por otra semilla. Jim fue el único con el coraje y la honestidad que me trajera un bote con mi semilla que le di. Por lo tanto, ¡él es el que será el nuevo Director!”

Si plantas honestidad, recogerás confianza

Si plantas bondad, cosecharás amigos

Si plantas humildad, cosecharás grandeza

Si plantas perseverancia, cosecharás felicidad

Si usted trabaja duro, cosechará el éxito

Si plantas perdón, cosecharas la reconciliación

NO SEAS UNA RANA


Se dice que, si intentas meter a una rana en un recipiente con agua caliente, al contacto con ella la rana salta inmediatamente. Sin embargo, si metemos a la rana en un recipiente con agua a temperatura ambiente, le ponemos al fuego y dejamos que esta se vaya calentando hasta que hierva, la rana no será capaz de percibir el aumento de la temperatura y morirá cocida. Quizá para algunos, resulte difícil de creer lo que acaban de leer. Esto es: que la rana se mantiene dentro del agua aunque ésta siga aumentando su temperatura, sin darse cuenta y sin hacer nada hasta que muere, sin embargo esto es verdad. Con el paso del tiempo me he dado cuenta que lo que le sucede a la rana, es lo mismo que les ocurre a los seres humanos.

¿No es cierto? ¿Porque lo digo? Porque desafortunadamente, a la mayoría de los seres humanos les sucede que, con el correr de los años y sin darse cuenta, se ven inmersos en “un recipiente con agua” que va aumentando su temperatura, en el que se mantienen hasta que la muerte les llega, haciendo, en el mejor de los casos algo y muchas veces nada para salir de ahí. 

Intentaré ser más claro: Creo que mucha gente, a lo largo de su vida, inmersa en las circunstancias y situaciones que va viviendo; experiencias pasadas, relaciones insatisfactorias y desgastantes, preocupaciones, tensiones de la vida cotidiana, un trabajo que se realiza por obligación y no por gusto, terminan por envolverles.

Aquí también, caben aquellos que buscando alcanzar un objetivo –estatus o posición económica- terminan perdiéndose en una “carrera loca”, haciendo de lo importante lo accesorio, viviendo sólo para trabajar. Para todos ellos: “El agua ha ido calentándose” sin darse cuenta.

Tristemente, conforme va pasando el tiempo, algunos dejamos que nuestra vida se vaya transformando en algo monótono y rutinario, en algo que no nos llena, que no nos satisface y va creando un vacío que a veces no logramos entender y muchas veces tratamos de llenar tomando decisiones equivocadas, conductas inadecuadas que lo único que provocan –a la larga- es un mayor vacío.

Algunos otros transforman su vida en una lucha constante y desgastante en la que quedan atrapados.

Así, aun cuando pudimos haber iniciando con un noble propósito en mente, terminamos perdiéndonos, adormeciendo nuestra capacidad para disfrutar de las personas y de las cosas que en verdad son valiosa en la vida, aquellas que están a nuestro alcance y que sin darnos cuenta, hemos dejado de percibir y de experimentar.

Todo esto me hace recordar lo que escuché hace unos años: “la única diferencia entre un camino trillado y una tumba, es un poco de tierra”.

En nuestro negocio, también corremos el riesgo de perdernos sino tenemos el cuidado de tener presente cual es la razón por la que decidimos iniciarlo y que en la mayoría de los casos es: lograr libertad financiera… y libertad de tiempo para hacer de nuestra vida algo mejor y disfrutar de ella.

Por esta razón es importante, que periódicamente te detengas, que hagas un alto en el camino y te preguntes: ¿Es esta la forma en que quiero vivir? ¿Es esto lo que deseaba cuando inicié mi viaje? Y de no ser así, es el momento de corregir el rumbo.

Así que ¡tú decides!… si quieres caminar un camino trillado o empiezas a viajar por una ruta más rica en experiencias y te das la oportunidad de a vivir como tú lo mereces.                                                                               

Fuente del articulo:  Guillermo Erazo.  

 

COMO LOGRAR MANTENER UNA RELACIÓN SANA


Los seres humanos anhelan la intimidad, necesitan amar y ser amados. Aún así, suelen tener bastantes problemas con esto. Algunas reglas básicas para las relaciones.

1. Elije a tu pareja sabiamente. Nos atraen las personas por muchos tipos de razones. Nos recuerdan a alguien de nuestro pasado. Nos llenan de regalos y nos transmiten la sensación de que somos importantes.

2. Conoce lo que tu pareja piensa sobre las relaciones.   Diferentes personas tienen creencias diferentes y a menudo en conflicto acerca de las relaciones.

 3. No confundas el sexo con amor.   Especialmente al principio de una relación, la atracción y el placer en el sexo se confunden a menudo con amor.

4. Conoce tus necesidades y exprésalas claramente. Una relación no es un juego de adivinanzas. Muchas personas, tanto hombres como mujeres, temen decir cuáles son sus necesidades y, en consecuencia, las camuflan.

 5. Piensa que sois un equipo, lo que significa que sois dos individuos únicos que aportan diversas perspectivas y fuerzas.   Ése es el valor de un equipo: vuestras diferencias,

 6. Aprende cómo respetar y manejar las diferencias; es la clave del éxito en una relación. Los desacuerdos no hunden las relaciones. Los insultos sí.

 7. Si no entiendes o no te gusta algo que tu pareja está haciendo, pregunta qué significa y porqué lo está haciendo. Habla y explora, no asumas.

8. Soluciona los problemas conforme se presentan. No dejes hervir los resentimientos. La mayoría de lo que va mal en las relaciones se puede remontar a sentimientos heridos, que llevan al resentimiento

 Fuente:   José Rafael Romero A

 

ENVIDIAR ES COMPARAR


Envidiar es comparar.

Y hemos sido enseñados a comparar,

 hemos sido condicionados para comparar,

siempre comparar.

 Alguien tiene una mejor casa,

 alguien tiene un mejor cuerpo,

 alguien tiene más dinero,

 alguien tiene una personalidad
carismática.

 Comparar, sigue comparándote a ti mismo

 con todos los que pasan y la envidia
aparecerá;

es el acondicionamiento de la comparación
por el producto.

 Por otra parte, si dejas de comparar,

la envidia desaparece,

entonces tu simplemente,

sabes que tú eres tú y nadie más y no
existe la necesidad.

 Es bueno que no te compares con los
árboles, si no,

vas a sentir mucha envidia-

¿por qué no fuiste verde?

 ¿Y por qué Dios es duro contigo y no con
las flores?

 Es mejor que tú no te compares con los
pájaros, los ríos,

las montañas porque sufrirás.

 Sólo te comparas con seres humanos,

porque has sido condicionado para
compararte con otros seres humanos;

no te comparas con pavos reales o loros.

 Ahí si que estarías celoso cada vez más:

estarías tan celoso que simplemente no
podrías vivir.

La comparación es una actitud muy tonta,

pues cada persona es única e
incomparable.

 Una vez que comprendes eso,

la envidia desaparece.

 Cada ser es único,  incomparable.

Tú eres sólo tú: nadie ha sido jamás como
tú,

y nadie jamás lo será.

 Y no necesitas ser como otro.

Dios sólo crea originales; no crea
copias.

 Tú conoces tu interior y así conoces a
los demás;

exteriormente, eso genera envidia.

 Ellos te conocen exteriormente y saben
cuál es su propio

interior eso genera envidia.

 Nadie más conoce tu interior.

 Entonces tú sabes que no eres nada, que
no vales nada.

 Y los otros, afuera, se ven sonrientes.

 Sus miradas pueden ser falsas,

pero, ¿cómo sabes que son falsas?

 Quizá sus corazones están muy sonrientes.

 Sabes que tu sonrisa es falsa

porque tu corazón no sonríe del todo,

talvez está llorando y sollozando.

 Tú conoces tu interior y sólo tú lo
conoces,

nadie más.

 Y conoces el exterior de todo el mundo

y en el exterior la gente lo hace bonito.

 El exterior son sólo piezas de un
espectáculo y es decepcionante.

 Sólo mira dentro de tu valija y
encontrarás

muchas cosas artificiales y  falsas

 ¿para qué?

 ¿por qué no puedes ser natural y
espontáneo?

 Por los celos.

 El celoso vive en un infierno.

 Elimina la comparación y los celos
desaparecerán,

la maldad desaparecerá, la falsedad
desaparecerá.

 Pero sólo los puedes eliminar si empiezas
a hacer

crecer tus tesoros internos;

no hay otra forma.

 Madura, conviértete en un individuo más y
más auténtico.

 Ámate y respétate de la forma que Dios te
hizo e inmediatamente

las puertas del cielo se abrirán para ti.

Fuente:  
RedConsciencia

 

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