INCUBAR UN SUEÑO


Vamos a abordar un tema sobre el que me
preguntan con asiduidad y del que se puede extraer mucha información que,
debidamente interpretada, nos dará claves para la toma de decisiones en la vida
cotidiana. La incubación de un sueño era una práctica muy común en la
antigüedad para atraer hacia los humanos la ayuda de los dioses en la solución
de sus problemas. Incluía todo un rito de purificación en el templo de la
deidad correspondiente y, tras dormir allí, el demandante esperaba recibir un
sueño que le proporcionara la solución de su problema. Hoy dia no necesitamos
dormir en un templo, pero si recrear unos sencillos pasos que nos darán acceso
a la respuesta de nuestra alma.

 Lo más importante respecto a una
incubación es la intención con la que la hacemos. Hemos de tener la total
certeza que obtendremos la respuesta adecuada a lo que preguntamos, y que
además la tomaremos en cuenta por ser la más acertada. Es como cuando vamos a
un restaurante y pedimos la cena, ¿tenemos alguna duda de que vamos a ser
servidos? Pues de la misma manera el universo nos sirve todo el “alimento”
que necesitamos en forma de información simbólica.

 Una incubación puede tener también
respuesta en forma de señales en la vida diaria, una conversación casual que
oímos sin querer, la letra de canción que se repite en nuestra mente una y otra
vez, un cartel de la carretera, una escena de una película con la que nos
sentimos especialmente unidos, la contestación de un hijo. Parece magia pero no
lo es, es tan sólo energía en movimiento. Tener en la mente una pregunta es la
mejor manera de provocar en el universo el despertar de una serie de
acontecimientos que nos llevará a hallar la tan ansiada respuesta a nuestras
preguntas. Es lo que Jung llamó sincronicidad. El quid de la cuestión es ¿cómo
saber que es una contestación a mi pregunta y no imaginaciones mías? La respuesta
está en la reacción emocional. Si cuando lees esa frase, una amiga te dice una
opinión, oyes esa canción o miras la escena de una película te emocionas, algo
se te mueve en el interior, es una respuesta para ti. Conectar con el
sentimiento y la intuición es mucho más certero que la explicación de la mente
racional. De hecho, estamos entrenados a ahogar la intuición por toneladas de
discurso racional que impide el aprovechamiento de nuestra sabiduría interna y
profunda que proviene del Ser.

 Cuando hacemos una pregunta a nuestra
alma para que la conteste a través del sueño, estamos llamando a la parte de
nosotros que es capaz de acceder tanto a nuestro inconsciente más profundo,
como al inconsciente colectivo de la humanidad. El plano material tiene limitaciones
que otros planos no poseen. En consciente (exceptuando los entrenados en vivir
en el SER y no en el ego) nuestras limitaciones no nos dejan ver la realidad,
la verdad de personas y situaciones, pues las vemos a través de los filtros o
patrones de conducta del ego. Afortunadamente cada noche el SER tiene la
oportunidad de darnos información y asesoramiento en el viaje que el alma
emprendió un día hacia él. JJ Benítez escribió una vez que “Los sueños son
la ventana que Dios, conmovido, olvidó cerrar”, y gracias a eso, el Ser
pacientemente espera a que una día descubramos el inmenso tesoro de que
disponemos. Repite una y otra vez su mensaje y nunca se cansa de intentarlo,
aún cuando los humanos una y otra vez ignoramos sus enseñanzas. Eso si que es
amor incondicional!

 Si yo quiero saber si una determinada
persona que ha aparecido en mi vida es buena para mi, sólo tengo que
visualizarla antes de dormir y hacer una pregunta reiterada, en positivo e
insistentemente hasta quedar dormida. En ese momento, nuestra mente
inconsciente entra en acción y accede sin trabas a la información que yo
necesito para tomar mis decisiones. En ese nivel, puedo sintonizar directamente
con esa persona y resolver en otros planos de conciencia lo que en el físico no
puedo acceder de momento. El sueño nos hablará de su patrón de conducta que
resuena con el nuestro y, consecuentemente, podremos decidir si lo deseamos
perpetuar en nuestra vida o no. No olvidemos que tanto en los sueños como en la
vida real, las personas que tenemos alrededor son proyecciones nuestras, partes
de nosotros con los que interactuamos y pueden reflejar tendencias destructivas
o constructivas . Nuestro trabajo en la interpretación es analizar las
tendencias de esos patrones y decidir si los queremos alimentar o no.

 En el caso del trabajo, una cosa es la
creencia del ego en sus limitaciones y otra la misión que cada alma ha venido a
realizar. Conectados con el ego tendemos a desvalorizarnos y en consecuencia
elegimos de forma inconsciente vivir situaciones que en realidad no deseamos, y
en consecuencia trabajos que no nos producen satisfacción. Conectados al Ser,
éste tiende a enfrentarnos con dificultades, a que superemos nuestros propios
límites, y en consecuencia a crear una realidad de gozo y alegría.

 Lo más efectivo es visualizarnos por la
noche trabajando en algo que nos motiva, nos encanta, nos sentimos útiles y
llenos de luz, al tiempo que haces la pregunta de ¿cuál sería ese trabajo ideal
que me haría sentir así de bien? O ¿cuál es la misión que mi alma ha venido a
desarrollar en esta vida? No hace falta visualizar algo muy en concreto, sino
recrear el sentimiento que queremos experimentar en esa labor. Es muy posible
que las primeras contestaciones a una incubación de este tipo, el sueño nos enfrente
con una grabación de limitación que esté activa en nuestra mente y que se opone
al objetivo del alma. Por ejemplo, alguien que tras incubar su misión sueña que
su jefe actual le está atacando y le despide, algo que haría en su vida de
vigilia. Lo que cree la soñante es que los jefes son agresivos, y ellos no son
otra cosa que la representación de su propio jefe interno que lo es. Ella a si
misma se trata a patadas y como consecuencia atrae a su vida un jefe que actúa
con ella igual. El asunto es mucho más profundo que eso, porque tanto la
soñante como su jefe en la vida de vigilia están proyectando entre si un patrón
de agresor-víctima. Como lo que vivenciamos en la vida material es la
representación de lo que hay dentro de nuestra mente, si nos creemos víctimas
atraeremos agresores, y en el tema que nos ocupa, seguiremos atrayendo trabajos
con los que nos sentimos mal. El sueño nos daría la pista de que lo primero es
cambiar en la mente la idea de que el trabajo es un suplicio, por el de que el
trabajo es algo que me llena de alegría y energía. Si logramos reprogramar
correctamente la nueva creencia, la siguiente vez que incubemos la misma
cuestión, el sueño se aproximará mucho más al objetivo, y nuevos personajes más
sabios nos guiarán hacia un futuro laboral más acorde con nuestros objetivos.

 Feliz incubación!

Fuente:  Beatriz F. del Castillo

Autora de “La clave está en tus
sueños”,  Ed. Edaf.  2006

 

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EL ANGEL DE LA DESPEDIDA


La despedida duele. Tener que despedirse de una persona a la que se tiene cariño
puede desgarrarle a uno el corazón. Pero las despedidas son inevitables. No
podemos retener al otro. Él desea seguir su camino y tiene que hacerlo para
realizar su vida.

Nuestro curso vital conoce innumberables despedidas.
Tenemos que despedirnos de un entorno familiar porque deseamos estudiar en otro
lugar, porque hemos encontrado un trabajo.

Todo cambio exige una
despedida. Sólo con la despedida podemos confiarnos realmente a lo nuevo, y sólo
así lo nuevo puede arraigar en nosotros.

Muchos quisieran sujetar a todas
las personas con las que se han familiarizado. Quisieran continuar una amistad.
Pero hay amistades que sólo son buenas durante cierto tiempo; luego continúan
por rutina, se mantienen por compromiso o por no herir al otro; pero no hay ya
sintonía.

Es el momento de la despedida. Entonces trato con el otro
cortésmente; le doy a entender que puede tomar otro rumbo. Y quedo libre para
emprender algo nuevo.

Hay una despedida que duele especialmente. Es la de
la pareja conyugal o de la amiga con la que alguien intentó convivir de por
vida.

Muchos tienen que pasar hoy por esta dolorosa despedida. Una
amistad que se deshace. O un matrimonio que no puede continuar porque los
cónyuges se hieren mutuamente y convierten la vida en un infierno. Muchos, en
lugar de hacer una verdadera despedida, regatean su separación con el abogado y
siguen peléandose; el amor degenera en odio.

Los terapeutas de parejas
han desarrollado un ritual para tales situaciones, destinado a lograr una
despedida cortés. Ese ritual pide que yo haga memoria de las buenas experiencias
que tuve con el cónyuge, que le exprese mi gratitud por todo lo que hizo por
mí.

Sólo entonces puedo decirle por qué, a pesar de ello, hemos de
separarnos. Cada uno podrá seguir su camino sin tener que borrar los últimos
años de su vida. Ambos pueden aceptarlos agradecidos, y luego buscar libremente
cada cual su destino sin amargura, sin inculpaciones, sin
desgarramiento.

Pero no se despide uno tan sólo de sus semejantes.
Tenemos que despedirnos de costumbres, segmentos biográficos, modos de vida. El
que nunca se ha despedido de su infancia proyectará siempre sus deseos
infantiles.

El que nunca se ha despedido de su pubertad, seguirá preso de
las ilusiones que se forjó sobre la vida. Tenemos que despedirnos de nuestra
juventud si queremos ser adultos, de nuestra soltería si queremos casarnos, de
nuestra profesión si envejecemos. Pero, sobre todo, tenemos que despedirnos de
las heridas de nuestra historia vital.

Que el ángel de la despedida te
ayude a licenciar todos los modelos que dificultan la vida, como el modelo del
perfeccionismo, que te obliga a controlarlo todo, o el modelo de la
autoagresión, que te impulsa a buscar la culpa en ti o a
desanimarte.

Tienes que arrumbar el modelo que te obliga a demostrarle a
tu madre tu valía por el rendimiento. Quizá ahora sea la escuela o la Iglesia el
objeto de tus planes; pero sigue siendo el viejo modelo por el que te riges. Si
no licenciamos los antiguos modelos de vida, nos obligamos a lesionarnos o
lesionar a otros.

Ojalá que el ángel de la despedida te ayude a licenciar
tu pasado y los antiguos modelos de vida, para que puedas vivir totalmente en el
presente y realizar tus posibilidades latentes, para que pueda crecer lo nuevo e
insospechado que hay en ti.

Fuente: Anselm Grün
Monje Benedictino

 

EL GATO SABE RELAJARSE, YO NO…!!!


Leí una vez un proverbio chino que decía algo así: “La gente se arregla todos
los días el cabello, ¿por qué no el corazón?”. Quizás la palabra clave para
comprender los problemas de hoy sea una sola: desarmonía.

Hay una armonía escondida
en la naturaleza: la sucesión de las estaciones, el equilibrio ecológico de las
especies, el del clima, la tierra y el mar. El gato de la esquina sabe
relajarse, yo no. Para él es un proceso natural instintivo. Yo, como tengo
cerebro, puedo elegir entre relajarme o no parar. Nuestra sociedad ha elegido no
parar, eso que llaman estrés y deberíamos llamar simplemente desarmonía.

Tal aceleración provoca
ansiedad, mal humor, agresividad, angustia. Con la desarmonía bajan nuestras
defensas y vienen las enfermedades del cuerpo y del espíritu. El problema es que
esto del estrés es como una droga inyectada en la sangre, que lejos de saciar
pide más actividad, mayor rapidez y huida. Cada vez resulta más difícil
detenerse. De aquí que la gente odie el silencio. Lo evita con cascos para
escuchar música, con deportes de riesgo, fines de semana frenéticos, velocidad,
comida, viajes, sexo, nuevas sensaciones, alcohol, compras, espectáculos. Todo
menos sentarse y respirar.

Cuando respiras en
silencio se va produciendo una toma de conciencia de todo el ser y las piezas
del cuerpo y el alma comienzan a recobrar su conexión, su armonía, como los
instrumentos de una orquesta sinfónica.

Quizás la situación
dispersa en la que vivimos ahora mismo esté llegando a su límite. Hay gente que
no puede soportar la saturación de vehículos en la carretera, los viajes cada
vez más complicados en avión, las esperas, la aglomeración en los grandes
almacenes, el exceso de impactos publicitarios, el bombardeo informativo, la
cara omnipresente de los políticos, la comida basura, el exceso de
prohibiciones, el Estado padre, madre y maestro, la música estridente, el
altavoz del vecino, las exigencias del jefe, la competencia del compañero, los
gritos de la vecina, la tele todo el día encendida…

Hay gente que necesita
pararse y respirar. Quizás la primera vez requiera un esfuerzo, suponga un
vértigo. La segunda notarás que tienes pulmones y que tu pie toca una partitura
que forma parte de la sinfonía que dirige tu cerebro. “No se puede impedir el
viento, pero pueden construirse molinos”, aseguran los holandeses. Quizás no
podamos apearnos de este mundo lanzado como un prototipo de Fórmula 1, pero
empezaremos a darnos cuenta de que vamos a toda velocidad. Y eso es una manera
de despertar del engaño.

A través del estudio de
una sociedad estresada y del trabajo de las técnicas de relajación, es preciso
ofrecer un camino para peinarse algo más que el cabello cada mañana. Pues
respirar en silencio viene a ser algo parecido a recuperar nuestro ser. Dice el
poeta Antonio Colinas: “Que respirar en paz la música no oída / sea mi último
deseo, pues sabed / que, para quien respira / en paz, ya todo el mundo/ está
dentro de él y en él respira”. Éste es el mejor, por no decir el único descanso
y la manera de ir curando nuestro agobiado corazón.

Fuente:   Pedro Miguel Lamet

 

LOS CUATRO ACUERDOS


«No hay razón para sufrir. La única razón por la que sufres es porque así tú lo exiges. Si observas tu vida encontrarás muchas excusas para sufrir, pero ninguna razón válida. Lo mismo es aplicable a la felicidad. La única razón por la que eres feliz es porque tú decides ser feliz. La felicidad es una elección, como también lo es el sufrimiento».

 

Así comienza el libro de los Cuatro Acuerdos de la Sabiduría Tolteca, un luminoso tratado destinado a poner fin a la Ilusión y al Caos creado por la mente.

Como siempre con pasa con la Grandes Verdades lo único nuevo somos nosotros.

Cambiamos los enfoques, las maneras de plantearlas, las justificamos con los últimos conocimientos científicos solo para darnos cuenta de que cientos, cuando no miles de años atrás ya habían sido formuladas.

Cuando el Buda Gautama expresaba que todo es unidad y que nuestros actos afectan siempre al Karma no solo de la humanidad sino de la Creación toda, tal vez no suponía que iba a tener que esperar casi 2500 años para que la teoría del campo unificado le permitiese quedarse tranquilo con su verdad… Supongo que debe haber sido una espera dura en la ansiedad de haberle errado al Nirvana; un colectivo equivocado y la reputación de casi tres milenios al tacho!!

Esto es exactamente lo que sucede con la teoría tolteca sobre el Mitote. Los toltecas sostuvieron, mucho antes de que nosotros los autorizáramos con nuestros “descubrimientos” en neurofisiología y física cuántica, que vivimos dentro de un sueño. Una fantasía elaborada a través de la incesante actividad de nuestras mentes y que entrelazada con otras fantasía del conjunto toman estatus de “verdades”.

De hecho esta misma “teoría” puede ser rastrada casi en el total de las tradiciones Espirituales de los pueblos antiguos alrededor del mundo (La Mara Hindú por ejemplo).

Bien, dentro de este sueño o Mitote deberíamos ser libres e crear cualquier realidad que, literalmente, se nos ocurriera; sin embargo sostiene que nuestra capacidad creadora no ha sido debidamente fomentada, de hecho ha sido deliberadamente corrompida, en el nombre de lo que se denomina el bien común que no es más que la normativa para controlar el orden social.

Herramientas involuntarias y bien intencionadas de esta “Castración Creativa” ha sido nuestros padres en primer lugar, todo los adultos con autoridad física o moral sobre nosotros y después los condicionamientos sociales en general: El “qué Dirán” el “que no se note” y todos los que seguro te están viniendo a la mente. A estos condicionantes los Denominaban Acuerdos, puesto que se instalaban con la Voluntad (no siempre consciente ni informada) del individuo.
Y acá llegamos a otro punto interesante:
Ningún acuerdo puede ser instalado “por la fuerza” en el otro sino con su consentimiento.

Por supuesto está de más decir que la capacidad de oponernos a los acuerdos es directamente proporcional a nuestro grado de madurez y a nuestro grado de consciencia de Auto-responsabilidad, así también como la capacidad de modificar y eliminar acuerdos autolimitantes o de establecer nuevos acuerdos.

Es sobre esta base que los toltecas construyen la Teoría de los Cuatro Acuerdos en orden de establecer un método simple (no fácil, simple) y accesible a cualquiera que tome la decisión de reprogramar sus acuerdos internos.

Hago la aclaración de que no son fáciles porque estamos viviendo en una época de soluciones “Quick” que nos está llevando a la peligrosa tentación de una espiritualidad con iguales características.

Depende de los años que tengas ya oíste el

  • “piense y hágase rico”
  • “cómo cambiar tu vida en una semana”
  • “cómo bajar de peso en 3 días”
  • “cómo conquistarla/lo con solo dos gestos” (…espacio libre para la imaginación…)

Las cosas pueden ser Extremadamente simples, de hecho lo son en la gran mayoría de los casos porque la dinámica cósmica no incluye el concepto de la complicación. Sin embargo para sintonizarnos con dicha dinámica debemos tener un gobierno exquisito sobre cada parte de nuestro ser, tanto sensible como mental y energético.

Hoy en día todos somos conscientes de que somos lo que pensamos y que todo lo que percibimos lo percibimos en realidad en el espejo de la memoria, sale hasta en las revistas de entretenimiento haciéndonos sentir como unos inútiles porque nosotros ya hemos imaginado la casa en la Riviera Francesa con gaviotas y todo y hemos vuelto a despertar en la casita de Larguirucho. Sin embargo lo que no nos han dicho no es mentira aunque tal vez no sea toda la verdad. Porque la Verdad no siempre vende.

Para que un pensamiento creativo genere un desplazamiento dimensional o más aún, modifique la dimensión en la que nos hallamos, tiene que haber una acuerdo ABSOLUTO entre nuestro cuerpo, nuestra mente tanto consciente como inconsciente y nuestra energía espiritual, así como también la certeza inviolable de que es un hecho consumado simplemente PORQUE NO PUEDE DEJAR DE PASAR.

No sé vos… yo estoy en la etapa de seguir participando, aunque el juego es hermosos y cada logro llena el alma de gozo.

Así que los toltecas establecieron acuerdos que no demandan ni más ni menos que el mencionado esfuerzo pero que son de una aplicación tan simple que vale la pena intentar, porque los resultados no se hacen esperar.

1º Acuerdo “SE IMPECABLE CON TUS PALABRAS”

Comprendemos la palabra como la manifestación de nuestros pensamientos y a nuestros pensamientos como la manifestación de nuestra realidad interna.

Nunca hablamos bien o mal del otro simplemente porque nuestra mente no registra su existencia en su realidad, hablamos de lo que vemos de nosotros en el otro porque eso sí está en nuestra realidad interna.

Nunca expresamos un deseo sino la certeza de la realidad de una carencia puesto que en nuestra mente solo podemos desear lo no tenemos.

Las palabras son un puente entre la energía creadora y la manifestación. Son el sortilegio que trae a la vida todo aquello que habita en nuestro interior.

El Dr. Ruiz habla en el libro de la “Impecabilidad” de la palabra remitiéndose al latín “pecatus” y definiendo así como un discurso sin pecado. Sin embargo “pecatus” hace más bien referencia a errar la flecha el blanco y desde allí la aspiración es a un discurso pensado cuidadosamente; teniendo en cuenta su objetivo final, es decir que no importa tanto lo que decimos o porque lo decimos sino para qué lo decimos y allí radica la impecabilidad.

Eso sí el Dr Ruiz hace referencia a una definición de pecado maravillosa:

“Un pecado es cualquier cosa que haces y que va contra ti. Todo lo que sientas, creas o digas que vaya contra ti es pecado… Ser impecable es no ir contra ti mismo. Cuando eres impecable asumes la responsabilidad de tus actos pero sin juzgarte ni culparte.”

2º Acuerdo “NO TE TOMES NADA PERSONALMENTE”

Aaahh el ego!! Esa pequeña porción casi invisible de nuestro Ser Magnificente que ocupa todo un espejo.

Todos los acuerdos se desprenden del primero, así tomarnos las cosas personalmente es no ser impecables con nuestras palabras hacia nosotros mismos.

Siempre asumimos que todo empieza y termina en nosotros cosa que solo es aplicable dentro del espacio de nuestra propia realidad. El otro no puede juzgarnos ni para bien ni para mal. No nos conoce lo suficiente, de hecho, ni nosotros nos conocemos lo suficiente para poder juzgarnos y el único capaz de decir sin lugar a dudas “Sé quién Eres” no ha tenido nunca la intención de juzgarnos porque nos reconoce como una parte suya creada y manifestada para ser perfecta.

El otro solo se juzga a sí mismo a través nuestro.

Ccuando te dicen “la verdad es que sos una mala persona” está hablando de sí misma, y ojo! Cuando te dice que sos lo más grande que hay también.

No tomarnos nada personalmente nos permite ubicarnos en un espacio de equilibrio y de satisfacción con quiénes somos, y con lo que estamos construyendo, que nos libera del miedo, la ansiedad, la necesidad de sostener ideas ajenas y de compensar nuestros hipotéticos errores frente a todo el que nos lo exija.

Que tu sed de perfección nazca de la necesidad de manifestar el Dios que sos y no de conformar al otro.

Un amigo mío solía decir “me molesta que hables de vos cuando estás hablando de mí”

3º Acuerdo “NO HAGAS SUPOSICIONES”

Suponemos para compensar el miedo a los desconocido, la ansiedad de no ser correspondidos en nuestros afectos, nuestras ideas o nuestras normativas.

Suponemos como un acto de supervivencia que se nos tornó vicioso y que seguimos utilizando porque es más simple que vencer nuestras barreras y preguntar por miedo a la respuesta.

Sin embargo este mecanismo no hace más que producirnos angustia porque vivimos imaginado escenarios posibles sin saber nunca si son reales y esto por no mencionar el desgaste que produce en relación con el otro.

El “gran finale” de nuestra adicción a las suposiciones es cuando comenzamos a hacerlas incluso sobre nosotros mismos.

Consideramos el conocernos o el explorarnos como un acto gratuito puesto que ya sabemos todo lo que tenemos que saber de nosotros, y en realidad tenemos los ficheros llenos de suposiciones generadas para satisfacer la necesidad de respuestas de la mente. Así el mitote crece en nuestro interior llenándonos de caos y ruido e impidiéndonos conectarnos con nuestra esencia divina.

4º Acuerdo “HAZ SIEMPRE TU MÁXIMO ESFUERZO”

Si al apoyar la cabeza en la almohada te asalta la intranquilidad de saber que no viviste según los cuatro acuerdos, ni los tres o ni siquiera uno, tenés dos caminos: o juzgarte y continuar el camino del mal acuerdo o preguntarse si eso fue lo máximo que podías hacer el día de hoy.

No todos los día son iguales, las exigencias, nuestro ánimo, los desafíos de la dualidad hacen difícil discriminar la realidad de la ilusión. Comprender esto, comprenderte como un Ser en camino de perfección y no perfecto; saber que has dado cada minuto lo mejor de vos sin importar lo que esto signifique de un minuto al otro, es el mejor camino para sostener los acuerdos y alcanzar lo que los toltecas llaman “El Cielo en la Tierra”

A demás tu mejor esfuerzo es lo único que podés dar con total responsabilidad, actitud de gozo y entrega; y eso es exactamente lo que se requiere para alcanzar la Maestría.

LA MENTE HERIDA


Quizá nunca hayas pensado en esta cuestión, pero en mayor o en menor medida, todos nosotros somos maestros. Somos maestros porque tenemos el poder de crear y de dirigir nuestra propia vida.

 De la misma manera en que las distintas sociedades y religiones de todo el mundo han creado una mitología increíble, nosotros creamos la nuestra. Nuestra mitología personal está poblada de héroes y villanos, ángeles y demonios, reyes y plebeyos. Creamos una población entera en nuestra mente e incluimos múltiples personalidades para nosotros mismos. Después, adquirimos dominio sobre la imagen que vamos a utilizar en determinadas circunstancias. Nos convertimos en artistas del fingimiento y de la proyección de nuestra imagen y en maestros de cualquier cosa que creemos ser. Cuando conocemos a otras personas las clasificamos de inmediato según lo que nosotros creemos que son. Y actuamos del mismo modo con todas las personas y cosas que nos rodean.

 Tienes el poder de crear. Tu poder es tan fuerte que cualquier cosa que decidas creer se convierte en realidad. Te creas a ti mismo, sea lo que sea que creas que eres. Eres como eres porque eso es lo que crees sobre ti mismo. Toda tu realidad, todo lo que crees, es fruto de tu propia creación. Tienes el mismo poder que cualquier otro ser humano en el mundo. La principal diferencia entre otra persona y tú estriba en la manera en que aplicas tu poder y en lo que creas con él. Tal vez te parezcas a otras personas en muchas cosas, pero no todo el mundo vive la vida de la misma manera que tú.

 Has practicado toda tu vida para ser quien eres y lo haces tan bien que te has convertido en un maestro de lo que crees que eres. Eres un maestro de tu propia personalidad y de tus propias creencias; dominas cada acción y cada reacción. Practicas durante años y años hasta que alcanzas el nivel de maestría para ser lo que crees que eres. Y cuando por fin comprendemos que todos nosotros somos maestros, llegamos a ver qué tipo de maestría tenemos.

 Cuando un niño tiene un problema con alguien, y se enfada, por la razón que sea, el enfado hace que el problema desaparezca y de este modo obtiene el resultado que quería. Entonces, vuelve a ocurrir, y vuelve a reaccionar con enfado, ya que ahora sabe que, si se enfada, el problema desaparecerá. Pues bien, después practica y practica hasta llegar a convertirse en un maestro del enfado.

 Pues bien, de esta misma manera es como nos convertimos en maestros de los celos, en maestros de la tristeza o en maestros del autorechazo.

 Toda nuestra desdicha y nuestro sufrimiento tienen su origen en la práctica. Establecemos un acuerdo con nosotros mismos y lo practicamos hasta que llega a convertirse en una maestría completa. El modo en que pensamos, el modo en que sentimos y el modo en que actuamos se convierte en algo tan rutinario que dejamos de prestar atención a lo que hacemos. Nos comportamos de una manera determinada sólo porque estamos acostumbrados a actuar y a reaccionar así.

 Pero para convertirnos en maestros del amor tenemos que practicar el amor. El arte de las relaciones también es una maestría completa y el único modo de alcanzarla es mediante la práctica. Por consiguiente, para llegar a ser maestro en una relación hay que actuar. No se trata de adquirir determinados conceptos ni de alcanzar un conocimiento en concreto. Es una cuestión de acción. Ahora bien, evidentemente, para actuar es preciso contar con algún conocimiento o al menos con una mayor conciencia de la manera en que funcionamos los seres humanos.

 Quiero que te imagines que vives en un planeta donde todas las personas padecen una enfermedad en la piel. Durante dos mil o tres mil años, la gente de este planeta ha sufrido la misma enfermedad: todo su cuerpo está cubierto de heridas infectadas, que cuando se tocan, duelen de verdad. Evidentemente, la gente cree que esta es la fisiología normal de la piel. Incluso los libros de medicina describen dicha enfermedad como el estado normal. Al nacer la piel está sana, pero a los tres o cuatro años de edad, empiezan a aparecer las primeras heridas y en la adolescencia, cubren todo el cuerpo.

 ¿Puedes imaginarte cómo se tratan esas personas? Para relacionarse entre sí tienen que proteger sus heridas. Casi nunca se tocan la piel las unas a las otras porque resulta demasiado doloroso, y si, por accidente, le tocas la piel a alguien, el dolor es tan intenso que de inmediato se enfada contigo y te toca a ti la tuya, sólo para desquitarse. Aun así, el instinto del amor es tan fuerte que en ese planeta se paga un precio elevado para tener relaciones con otras personas.

Bueno, imagínate que un día ocurre un milagro. Te despiertas y tu piel está completamente curada. Ya no tienes ninguna herida y no te duele cuando te tocan. Al tocar una piel sana se siente algo maravilloso porque la piel está hecha para la percepción. ¿Puedes imaginarte a ti mismo con una piel sana en un mundo en el que todas las personas tienen una enfermedad en la piel? No puedes tocar a los demás porque les duele y nadie te toca a ti porque piensan que te dolerá.

 Si eres capaz de imaginarte esto, podrás comprender que si alguien de otro planeta viniera a visitarnos tendría una experiencia similar con los seres humanos. Pero no es nuestra piel la que está llena de heridas.

 Lo que el visitante descubriría es que la mente humana padece una enfermedad que se llama miedo. Al igual que la piel infectada de los habitantes de ese planeta imaginario, nuestro cuerpo emocional está lleno de heridas, de heridas infectadas por el veneno emocional. La enfermedad del miedo se manifiesta a través del enfado, del odio, de la tristeza, de la envidia y de la hipocresía, y el resultado de esta enfermedad son todas las emociones que provocan el sufrimiento del ser humano.

 Todos los seres humanos padecen la misma enfermedad mental.

 Hasta podríamos decir que este mundo es un hospital mental. Sin embargo, esta enfermedad mental ha estado en el mundo desde hace miles de años. Los libros de medicina, psiquiatría y psicología la describen como un estado normal. La consideran normal, pero yo te digo que no lo es.

 Cuando el miedo se hace demasiado intenso, la mente racional empieza a fallar y ya no es capaz de soportar todas esas heridas llenas de veneno. Los libros de psicología denominan a este fenómeno enfermedad mental. Lo llamamos esquizofrenia, paranoia, psicosis, pero la verdad es que estas enfermedades aparecen cuando la mente racional está tan asustada y las heridas duelen tanto, que es preferible romper el contacto con el mundo exterior.

 Los seres humanos vivimos con el miedo continuo a ser heridos y esto da origen a grandes conflictos dondequiera que vayamos. La manera de relacionarnos los unos con los otros provoca tanto dolor emocional que, sin ninguna razón aparente, nos enfadamos y sentimos celos, envidia o tristeza. Incluso decir «te amo» puede resultar aterrador.

 Pero, aunque mantener una interacción emocional nos provoque dolor y nos dé miedo, seguimos haciéndolo, seguimos iniciando una relación, casándonos y teniendo hijos.

 Debido al miedo que los seres humanos tenemos a ser heridos y a fin de proteger nuestras heridas emocionales, creamos algo muy sofisticado en nuestra mente: un gran sistema de negación. En ese sistema de negación nos convertimos en unos perfectos mentirosos. Mentimos tan bien, que nos mentimos a nosotros mismos e incluso nos creemos nuestras propias mentiras.

 No nos percatamos de que estamos mintiendo, y en ocasiones, aun cuando sabemos que mentimos, justificamos la mentira y la excusamos para protegernos del dolor de nuestras heridas.

 El sistema de negación es como un muro de niebla frente a nuestros ojos que nos ciega y nos impide ver la verdad. Llevamos una máscara social porque resulta demasiado doloroso vernos a nosotros mismos o permitir que otros nos vean tal como somos en realidad. El sistema de negación nos permite aparentar que toda la gente se cree lo que queremos que crean de nosotros. Y aunque colocamos estas barreras para protegernos y mantener alejada a la gente, también nos mantienen encerrados y restringen nuestra libertad. Los seres humanos se cobijan y se protegen y cuando alguien dice: «Te estás metiendo conmigo», no es exactamente verdad. Lo que sí es cierto es que estás tocando una de sus heridas mentales y él reacciona porque le duele.

 Cuando tomas conciencia de que todas las personas que te rodean tienen heridas llenas de veneno emocional, empiezas a comprender las relaciones de los seres humanos en lo que los toltecas denominan el sueño del infierno. Desde la perspectiva tolteca todo lo que creemos de nosotros y todo lo que sabemos de nuestro mundo es un sueño. Si examinas cualquier descripción religiosa del infierno te das cuenta de que no difiere de la sociedad de los seres humanos, del modo en que soñamos. El infierno es un lugar donde se sufre, donde se tiene miedo, donde hay guerras y violencia, donde se juzga y no hay justicia, un lugar de castigo infinito. Unos seres humanos actúan contra otros seres humanos en una jungla de predadores; seres humanos llenos de juicios, llenos de reproches, llenos de culpa, llenos de veneno emocional: envidia, enfado, odio, tristeza, sufrimiento. Y creamos todos estos pequeños demonios en nuestra mente porque hemos aprendido a soñar el infierno en nuestra propia vida.

 Todos nosotros creamos un sueño personal propio, pero los seres humanos que nos precedieron crearon un gran sueño externo, el sueño de la sociedad humana. El Sueño externo, o el Sueño del Planeta, es el Sueño colectivo de billones de soñadores. El gran Sueño incluye todas las normas de la sociedad, sus leyes, sus religiones, sus diferentes culturas y sus diferentes formas de ser. Toda esta información almacenada dentro de nuestra mente es como mil voces que nos hablan al mismo tiempo. Esto es lo que los toltecas denominan el mitote.

 Pero lo que nosotros somos en realidad es puro amor; somos Vida. Y lo que somos en realidad no tiene nada que ver con el sueño, pero el mitote nos impide verlo. Cuando contemplas el sueño desde esta perspectiva, y cobras conciencia de lo que eres, comprendes cuán absurdo resulta el comportamiento de los seres humanos, y entonces, se convierte en algo divertido. Lo que para todos los demás parece un gran drama para ti es una comedia. Ves de qué modo los seres humanos sufren por algo que carece de importancia, algo que ni siquiera es real.

 Pero no tenemos otra opción. Nacemos en esta sociedad, crecemos en esta sociedad y aprendemos a ser como todos los demás, actuando y compitiendo continuamente de un modo absurdo.

 Ahora bien, imagina por un momento que pudieses visitar un planeta en el que toda la gente tuviera una mente emocional distinta. La manera en que se relacionarían los unos con los otros sería siempre feliz, siempre amorosa, siempre pacífica. Ahora imagínate que un día te despiertas en ese planeta y que ya no tienes heridas en tu cuerpo emocional. Ya no tienes miedo de ser quien eres. Ya no te importa lo que la gente diga de ti, porque no te lo tomas como algo personal y ha dejado de producirte dolor. Así que ya no necesitas protegerte más. No tienes miedo de amar, de compartir, de abrir tu corazón. Ahora bien, esto sólo te ha ocurrido a ti. ¿Cómo te relacionarás con la gente que padece heridas emocionales y que está enferma de miedo?

 Cuando un ser humano nace, su mente y su cuerpo emocional están completamente sanos. Quizás hacia el tercer o cuarto año de edad empiecen a aparecer las primeras heridas en el cuerpo emocional y se  infecten con veneno emocional. Pero, si observas a los niños de dos o tres años y te fijas en su manera de comportarse, verás que siempre están jugando. Los verás reírse sin parar. Su imaginación es muy poderosa y su manera de soñar una auténtica aventura de exploración.

 Cuando algo va mal reaccionan y se defienden, pero, después, sencillamente se olvidan y vuelven a centrar su atención en el momento presente para seguir jugando, explorando y divirtiéndose. Viven el momento. No se avergüenzan del pasado y no se preocupan por el futuro. Los niños pequeños expresan lo que sienten y no tienen miedo a amar.

 Por eso los momentos más felices de nuestra vida son aquellos en los que jugamos como si fuéramos niños, cuando cantamos y bailamos, cuando exploramos y creamos con el único propósito de divertirnos.

 Cuando nos comportamos como niños nos resulta maravilloso porque ese es el estado normal de la mente humana, la tendencia natural.

 Somos inocentes, igual que los niños, y para nosotros es normal expresar amor. Pero ¿qué nos ha ocurrido? ¿Qué le ha ocurrido al mundo entero?

 Lo que ha sucedido es que, cuando éramos pequeños, los adultos ya padecían esa enfermedad mental, una enfermedad altamente contagiosa. ¿Y cómo nos la transmitieron? Captando nuestra atención y enseñándonos a ser como ellos. Así es como trasladamos nuestra enfermedad a nuestros niños y así es como nuestros padres, nuestros profesores, nuestros hermanos mayores y toda una sociedad de gente enferma nos la contagió a nosotros. Captaron nuestra atención, y, mediante la repetición, llenaron nuestra mente de información. De este modo aprendimos, y de este modo programamos una mente humana.

 El problema reside en el programa, en la información que hemos almacenado en nuestra mente. Una vez captada la atención de los niños, les enseñamos un lenguaje, les enseñamos a leer, a comportarse y a soñar de un modo determinado. Domesticamos a los seres humanos de la misma manera que domesticamos a un perro o a cualquier otro animal: con castigos y premios. Esto es perfectamente normal. Lo que llamamos educación no es otra cosa que la domesticación del ser humano.

 Al principio tenemos miedo de que nos castiguen, pero más tarde también tenemos miedo de no recibir la recompensa, de no ser lo bastante buenos para mamá o papá o un hermano o un profesor. De este modo es como nace la necesidad de ser aceptado. Antes de eso no nos importa si lo estamos o no. Las opiniones de la gente no son importantes y no lo son porque sólo queremos jugar y vivir en el presente.

 El miedo a no conseguir la recompensa se convierte en el miedo a ser rechazado. Y el miedo a no ser lo bastante buenos para otra persona es lo que hace que intentemos cambiar, lo que nos hace crear una imagen.

 Imagen que intentamos proyectar según lo que quieren que seamos, sólo para ser aceptados, sólo para recibir el premio. De este modo aprendemos a fingir que somos lo que no somos y perseveramos en ser otra persona con la única finalidad de ser lo suficientemente buenos para mamá, papá, el profesor, nuestra religión o quienquiera que sea. Y con este fin practicamos incansablemente hasta que nos convertimos en maestros de ser lo que no somos.

 Pronto olvidamos quienes somos realmente y empezamos a vivir nuestras imágenes, porque no creamos una sola, sino muchas diferentes, según los distintos grupos de gente con los que nos relacionemos. Una imagen para casa, una para el colegio, y cuando crecemos, unas cuantas más.

 Y esto funciona de la misma manera cuando se trata de una simple relación entre un hombre y una mujer. La mujer tiene una imagen exterior que intenta proyectar a los demás, y cuando está sola, otra de sí misma. Lo mismo pasa con el hombre, que también tiene una imagen exterior y otra interior. Ahora bien, cuando llegan a la edad adulta, la imagen interior y la exterior son tan distintas que ya casi no se corresponden. Y como en la relación entre un hombre y una mujer existen al menos cuatro imágenes, ¿cómo es posible que se lleguen a conocer de verdad? No se conocen. La única posibilidad es intentar comprender la imagen. Pero es preciso considerar más imágenes.

 Cuando un hombre conoce a una mujer, se hace una imagen propia de ella, y a su vez la mujer se hace una imagen del hombre desde su punto de vista. Entonces él intenta que ella se ajuste a la imagen que él mismo ha creado y ella intenta que él se ajuste a la imagen que se ha hecho de él. Ahora, entre ellos existen seis imágenes. Evidentemente, aunque no lo sepan, se están mintiendo el uno al otro. Su relación se basa en el miedo, en las mentiras, y no en la verdad porque resulta imposible ver a través de toda esa bruma.

 De pequeños no experimentamos ningún conflicto porque no fingimos ser lo que no somos. Nuestras imágenes no cambian realmente hasta que empezamos a relacionarnos con el mundo exterior y dejamos de tener la protección de nuestros padres. Esta es la razón por la que la adolescencia resulta particularmente difícil. Aun en el caso de que estemos preparados para sostener y defender nuestras imágenes, tan pronto intentamos proyectarlas al mundo exterior, éste las rechaza. El mundo exterior empieza a demostrarnos, no sólo particular, sino también públicamente, que no somos lo que fingimos ser.

 Este sería el caso, por ejemplo, de un chico adolescente que aparenta ser muy listo. Acude a un debate en el colegio, y, en ese debate, alguien que es más inteligente, y que está más preparado, le supera y le deja en ridículo delante de todo el mundo. A continuación él intenta explicar, excusar y justificar su imagen delante de sus compañeros. Se muestra muy amable con todos e intenta salvar esa imagen delante de ellos, aunque sabe que está mintiendo. Por supuesto, hace todo lo posible para no perder el control delante de ellos, pero tan pronto se encuentra solo y se ve reflejado en un espejo, lo hace añicos. Se odia a sí mismo; se siente verdaderamente estúpido y cree que es el peor. Existe una gran discrepancia entre la imagen interior y la imagen que intenta proyectar hacia el mundo exterior. Pues bien, cuanto más grande es la discrepancia, más difícil resulta la adaptación al sueño de la sociedad y menos amor se tiene hacia uno mismo.

 Entre la imagen que finge ser y la imagen interior que tiene de sí mismo cuando está solo, existen mentiras y más mentiras. Ambas imágenes están completamente alejadas de la realidad; son falsas, pero él no es consciente de ello. Quizás otra persona lo advierta, pero él está totalmente ciego. Su sistema de negación intenta proteger las heridas, pero éstas son reales y siente dolor porque intenta defender esa imagen por todos los medios.

 De pequeños aprendemos que las opiniones de todas las personas son importantes y dirigimos nuestra vida conforme a esas opiniones.

 Una simple opinión de alguien, aunque no sea cierta, es capaz de hacernos caer en el más profundo de los infiernos: «Qué feo estás. Estás equivocado. Eres un estúpido». Las opiniones tienen un gran poder sobre el comportamiento absurdo de las personas que viven en el infierno. Por ese motivo necesitamos oír que somos buenos, que lo estamos haciendo bien, que somos bellos. «¿Qué aspecto tengo? ¿Ha estado bien lo que he dicho? ¿Cómo lo estoy haciendo?»

 Necesitamos escuchar las opiniones de los demás porque estamos domesticados y esas opiniones tienen el poder de manipularnos. Por eso buscamos el reconocimiento en los otros; necesitamos el apoyo emocional de ellos; ser aceptados por el Sueño externo a través de los demás. Esta es la razón por la que los adolescentes ingieren alcohol, se drogan o empiezan a fumar. Sólo para ser aceptados por otras personas que opinan que eso es lo que hay que hacer; sólo para que esa gente considere que están «en la onda».

 Pero todas esas falsas imágenes que intentamos proyectar provocan un gran sufrimiento en muchos seres humanos. Las personas fingimos ser muy importantes, pero, a la vez, creemos que no somos nada.

 Ponemos mucho empeño en ser alguien en el sueño de esa sociedad, en ganar reconocimiento y en recibir la aprobación de los demás. Hacemos un gran esfuerzo para ser importantes, para triunfar, para ser poderosos, ricos, famosos, para expresar nuestro sueño personal e imponer nuestro sueño a las personas que nos rodean. ¿Por qué? Pues porque creemos que el sueño es real y nos lo tomamos muy en serio.

 Extracto del libro: La Maestría del Amor.

Un libro de sabiduría Tolteca Dr. Miguel Ruiz

 

ERES PARTE DE TODO


 

CUAL ES MI CAMINO?

 LO ESTOY HACIENDO BIEN?

 PORQUE A MI?

 QUE VA HA PASAR?

 

ESTAS SON LAS PREGUNTAS DE LA VIDA, Y TODO GIRA ENTORNO A PATRONES ADQUIRIDOS O PEOR A UNA FANTASÍA IRREAL DE LO QUE SOMOS.

                  ES EL MOMENTO DE DESPERTAR

SOMOS ENERGÍA, SOMOS LUZ, VIBRACION DE AMOR

NO IMPORTA LA HISTORIA QUE NOS HAN CONTADO

LA REALIDAD, LA VERDAD, ESTA EN TI, EN TU SER, EN TU CUERPO DE LUZ

SI MIRAS AL REDEDOR VERAS IMAGENES DE LO QUE SUCEDE

PERO NO ES LA REALIDAD, ES LA CIRCUNSTANCIA DEL PROCESO DE APRENDIZAJE

NO ES FÁCIL DE ENTENDER, O SI

NUNCA TE HAS PREGUNTADO, CUANTA GENTE ESTA EN GUERRA, FALLECIENDO

DE HAMBRE, DE ENFERMEDAD, Y AL MISMO INSTANTE, CUANTA GENTE

MEDITANDO, HACIENDO TALLERES DE EVOLUCION, CANALIZANDO

CUAL ES LA VERDAD, CUAL ES LA REALIDAD

TU EXISTENCIA

TODOS EXISTIMOS, Y PERTENECEMOS A UN TODO

SOMOS ALGO MAS QUE TODO ESO

EL DESPERTAR SE REFIERE A QUE TE HAGAS CONSCIENTE

DE ESTO, NADA NI NADIE TE PUEDE QUITAR TU EXISTENCIA

LEVANTATE Y CREA TU REALIDAD

IGUAL QUE TE LEVANTAS PARA TRABAJAR

PARA SALIR DE FIESTA

PARA IR DE VIAJE

LEVANTATE SABIENDO QUE EL MUNDO QUE VAS A VER

ES UN PLANETA LLENO DE VIDA, DE AMOR

Y SI LLENO DE CIRCUNSTANCIAS

PERO DONDE VAS A ESTAR TU AHORA…

AHORA QUE SABES ESTO

EN LA PARTE QUE DESPIERTA, O EN LA PARTE DE SEGUIR LA NO REALIDAD

TODO ESTO TRATA DE QUE MIENTRAS DESPERTAMOS

LE QUITAMOS FUERZA A LA NO REALIDAD

ESA EN QUE NOS MUESTRAN UN MUNDO LLENO DE MIEDO

DE DOLOR, DE IRA, DE ENFERMEDAD

DESPIERTA

ERES UN SER DE LUZ

ESTAS SANO

LLENO DE AMOR

ERES ENERGÍA CREADORA

ERES PARTE DEL TODO

DE DIOS

DE LA FUENTE

DEL UNIVERSO

DE LAS ESTRELLAS

VE AHÍ AFUERA Y MIRA TU NUEVO PLANETA

CON LOS OJOS DEL AMOR

DE LA ALEGRÍA DE LA CREACIÓN

Y CREA UNA NUEVA REALIDAD

HAZ LO POR TI Y POR LOS QUE AUN NO HAN DESPERTADO

Y POR LOS QUE AUN PUEDE QUE  NO LO HAGAN

RESPETA EL MOMENTO DE CREACIÓN DE CADA UNO

PERO SABIENDO QUE TU ERES PARTE DEL DESPERTAR

SIENTE ESTO DENTRO DE TI

RESPIRA Y CREA

   LOS HERMANOS DE LA LUZ ESTAMOS AQUÍ

   Y ESTO ES UNA REALIDAD

   DESPERTAR Y MIRARNOS

   ESCUCHARNOS

   SUBID VUESTRA VIBRACION

   AHORA

   SOIS BENDECIDOS Y BAÑADOS EN LUZ DE AMOR

   GRACIAS GAIA

   GRACIAS A TODOS

   POR SER PARTE DE LA CREACIÓN

   LUZ    LUZ    LUZ

Fuente:   ALICION

 

 

ALBERT CASALS – Una lección de coraje


Quiero explicaros una historia. La de un niño que nació el 18 de Julio de 1990, en Barcelona. El niño nació antes de lo que estaba previsto, de las ganas que tenía de ver el mundo, y con el paso de los años sus ganas de conocer gente y cosas nuevas no hicieron más que aumentar todavía más.

Cuando tenía cuatro años e iba de excursión con sus padres acostumbraba a desaparecer a los pocos minutos para ir “a descubrir caminos secretos”. Cuando iban a comer a un restaurante, se iba “a hacer amigos”, y al cabo de poco rato volvía, siempre acompañado, a presentar sus nuevos amigos a sus padres. Cuando cumplió 5 años, ya empezaba a guardar dinero para viajar cuando fuera mayor.

  Pasaron los años y la vida de aquel niño sufrió contratiempos. Entre ellos, una leucemia. Una enfermedad a menudo mortal, pero que a él sólo lo dejó en una silla de ruedas. Pero no importaba. Era un niño particularmente tozudo, que había venido al mundo con una idea clara, y pocas cosas podían hacerlo cambiar.

 Actualmente tengo 17 años, y he estado en Francia, Alemania, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Grecia, Gran Bretanya, Italia, Bosnia, Serbia, Hungria, Tailandia, Malasia, Singapur, Japón… y, por descontado, en la mayor parte de mi país. Tengo muchos viajes pendientes. Para empezar, este verano marcho 6 meses a Sud-américa y otros 6 por Africa.

 A pesar de todo, lo que más sorpendre a la gente no es que haya viajado a tantos sitios sino la manera en que me gusta viajar. Totalmente solo. Ni familia, ni amigos, ni nada. Sólo yo, la silla y la mochila. La verdad es que la silla de ruedas no me causa ningún problema, más bien al contrario. Con los años he aprendido a aprovechar la compasión y la buena predisposición de muchos en innumerables situaiones: desde calmar a un revisor de tren para el que no tienes billete, hasta conseguir que no te hagan pagar en los supermercados (quizás podeis pensar que esto no es lo correcto, pero si una silla de ruedas me ofrece desventajas en la vida, ¿por qué no puedo aprovechar también sus ventajas?).

 Volviendo a mis viajes, no sólo voy por mi cuenta, sino que prácticamente tampoco llevo dinero. Lo justo para comer. Y es por esto que a menudo duermo en playas, parques y metros. Pero en verdad, no se puede decir que esté precisamente solo. En cada viaje conozco muchísimas personas, cada una más sorprendente que la anterior, que a menudo me acogen en sus casas, me enseñan sus ciudades o me llevan a sitios que sólo ellos conocen.

 Supongo que cada viajero tiene una razón para viajar: algunos lo hacen para desconectarse, otros para probar comidas exóticas, otros para ver monumentos y sitios interesantes, otros para visitar a un amigo o familiar. Y en mi caso, yo lo hago por la gente, y es por esto que siempre que alguien me pregunta por un viaje, lo primero de lo que hablo es de las personas que he conocido, ya que son las personas, y no los paisajes, las que pueden dar sentido a un viaje, marcándote para siempre con su recuerdo.

 En fin, la verdad es que tengo centenares de anécdotas sobre personas extraordinarias que he ido conociendo, pero en un momento o en otro debo parar. Seguramente os dejo con muchas preguntas por responder: cómo viajo de un sitio a otro, qué dificultades encuentro, cómo gasto tan poco dinero, qué sitio es el mejor para viajar… pero os daré una respuesta que vale para todas las preguntas: ¡descubrirlo vosotros mismos!

Fuente:  http://www.fundacionsbs.org/index.php?ID=38&idioma=1

 

 

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