ALBERT CASALS – Una lección de coraje


Quiero explicaros una historia. La de un niño que nació el 18 de Julio de 1990, en Barcelona. El niño nació antes de lo que estaba previsto, de las ganas que tenía de ver el mundo, y con el paso de los años sus ganas de conocer gente y cosas nuevas no hicieron más que aumentar todavía más.

Cuando tenía cuatro años e iba de excursión con sus padres acostumbraba a desaparecer a los pocos minutos para ir “a descubrir caminos secretos”. Cuando iban a comer a un restaurante, se iba “a hacer amigos”, y al cabo de poco rato volvía, siempre acompañado, a presentar sus nuevos amigos a sus padres. Cuando cumplió 5 años, ya empezaba a guardar dinero para viajar cuando fuera mayor.

  Pasaron los años y la vida de aquel niño sufrió contratiempos. Entre ellos, una leucemia. Una enfermedad a menudo mortal, pero que a él sólo lo dejó en una silla de ruedas. Pero no importaba. Era un niño particularmente tozudo, que había venido al mundo con una idea clara, y pocas cosas podían hacerlo cambiar.

 Actualmente tengo 17 años, y he estado en Francia, Alemania, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Grecia, Gran Bretanya, Italia, Bosnia, Serbia, Hungria, Tailandia, Malasia, Singapur, Japón… y, por descontado, en la mayor parte de mi país. Tengo muchos viajes pendientes. Para empezar, este verano marcho 6 meses a Sud-américa y otros 6 por Africa.

 A pesar de todo, lo que más sorpendre a la gente no es que haya viajado a tantos sitios sino la manera en que me gusta viajar. Totalmente solo. Ni familia, ni amigos, ni nada. Sólo yo, la silla y la mochila. La verdad es que la silla de ruedas no me causa ningún problema, más bien al contrario. Con los años he aprendido a aprovechar la compasión y la buena predisposición de muchos en innumerables situaiones: desde calmar a un revisor de tren para el que no tienes billete, hasta conseguir que no te hagan pagar en los supermercados (quizás podeis pensar que esto no es lo correcto, pero si una silla de ruedas me ofrece desventajas en la vida, ¿por qué no puedo aprovechar también sus ventajas?).

 Volviendo a mis viajes, no sólo voy por mi cuenta, sino que prácticamente tampoco llevo dinero. Lo justo para comer. Y es por esto que a menudo duermo en playas, parques y metros. Pero en verdad, no se puede decir que esté precisamente solo. En cada viaje conozco muchísimas personas, cada una más sorprendente que la anterior, que a menudo me acogen en sus casas, me enseñan sus ciudades o me llevan a sitios que sólo ellos conocen.

 Supongo que cada viajero tiene una razón para viajar: algunos lo hacen para desconectarse, otros para probar comidas exóticas, otros para ver monumentos y sitios interesantes, otros para visitar a un amigo o familiar. Y en mi caso, yo lo hago por la gente, y es por esto que siempre que alguien me pregunta por un viaje, lo primero de lo que hablo es de las personas que he conocido, ya que son las personas, y no los paisajes, las que pueden dar sentido a un viaje, marcándote para siempre con su recuerdo.

 En fin, la verdad es que tengo centenares de anécdotas sobre personas extraordinarias que he ido conociendo, pero en un momento o en otro debo parar. Seguramente os dejo con muchas preguntas por responder: cómo viajo de un sitio a otro, qué dificultades encuentro, cómo gasto tan poco dinero, qué sitio es el mejor para viajar… pero os daré una respuesta que vale para todas las preguntas: ¡descubrirlo vosotros mismos!

Fuente:  http://www.fundacionsbs.org/index.php?ID=38&idioma=1

 

 

IRENA SENDLER- La Madre de los niños del holocausto- IN MEMORIAM


Hace ya más de un año que continuamente llega a mis manos información de esta heroína llamada IRENA SENDLER, o La Madre de los niños del Holocausto, es por está razón que finalmente he decido hacerle un pequeño homenaje particular, para que su nombre como el de tantos otros no caigan en el olvido. Personas que de no haber sido por esa barbarie habrian sido anonimas. Personas que plantaron cara a la irracionalidad más salvaje y que actuaron de una forma heroica, pero sobre todo y sencillamente humana. Algunos de estos heroes aparecieron en Alemania, como el empresario Oskar Schindler, y otros en aquellos territorios condenados al sometimiento del yugo del terror.

En el año 2007, es decir, poco antes de su muerte, el govierno polones, propuso a Irena Sendler para el premio Novel de la Paz. Al final el galardon recayo en manos del politico y hombre de negocios, autor de unos informes y diapositivas sobre el cambio climatico. La organización desestimo a Irena Sendler, decidiendose por Gore en base a sus esfuerzos de obtención y difusión de informaciones sobre los cambios climaticos. La Irena que consiguio salvar de la crueldad de los nazis 2.500 niños, no mereció el galardon.
 
 
«La razón por la cual rescaté a los niños tiene su origen en mi hogar, en mi infancia. Fui educada en la creencia de que una persona necesitada debe ser ayudada de corazón, sin mirar su religión o su nacionalidad.»

Irena Sendler

Mientras la figura de Oscar Schindler era aclamada por el mundo Gracias a Steven Spielberg, quien se inspiró en él para hacer la película que conseguiría siete premios Oscar en 1993, narrando la vida de este industrial alemán que evitó la muerte de 1,000 judios en los campos de concentración, Irena Sendler seguía siendo una heroína desconocida fuera de Polonia y apenas reconocida en su país por algunos historiadores, ya que los años de oscurantismo comunista habían borrado su hazaña de los libros oficiales de historia. Además ella nunca contó a nadie nada de su vida durante aquellos años.

Sin embargo, en 1999 su historia empezó a conocerse, curiosamente, gracias a un grupo de alumnos de un instituto de Kansas y a su trabajo de final de curso sobre los héroes del Holocausto. En su investigación consiguieron muy pocas referencias sobre Irena. Sólo había un dato sorprendente: había salvado la vida de 2,500 niños. Cómo es posible que apenas hubiese información sobre una persona así? La gran sorpresa llegó cuando tras buscar el lugar de la tumba de Irena, descubrieron que no existía dicha tumba, porque ella aún vivía, … y de hecho todavía vive… Hoy es una anciana de 97 años que reside en un asilo del centro de Varsovia, en una habitación donde nunca faltan ramos de flores y tarjetas de agradecimiento procedentes del mundo entero.
Cuando Alemania invadió el país en 1939, Irena era enfermera en el Departamento de Bienestar Social de Varsovia, el cual manejaba los comedores comunitarios de la ciudad. En 1942 los nazis crearon un ghetto en Varsovia. Irena, horrorizada por las condiciones en que se vivía allí, se unió al Consejo para la Ayuda de Judíos. Consiguió identificaciones de la oficina sanitaria, una de cuyas tareas era la lucha contra las enfermedades contagiosas. Como los alemanes invasores tenían miedo de una posible epidemia de tifus, permitían que los polacos controlaran el recinto.
Pronto se puso en contacto con familias a las que les ofreció llevar a sus hijos fuera del ghetto… Pero no les podía dar garantías de éxito. Era un momento horroroso, debía convencer a los padres de que le entregaran sus hijos, y ellos le preguntaban: " Puedes prometerme que mi niño vivirá…?" … pero qué podía alguien prometer cuándo ni siquiera se sabía si lograrían salir del ghetto?
Las madres y las abuelas no querían desprenderse de sus hijos y nietos. Irena las entendía perfectamente, pues ella misma era madre, y sabía perfectamente que, de todo el proceso que ella llevaba a cabo con los niños, el momento más duro era el de la separación. Algunas veces, cuando Irena o sus chicas volvían a visitar a las familias para intentar hacerlas cambiar de opinión, se encontraban con que todos habían sido llevados al tren que los conduciría a los campos de la muerte. Cada vez que le ocurría algo así, luchaba con más fuerza por salvar a más niños. Lo único cierto era que los niños morirían si permanecían en él.
Comenzó a sacarlos en ambulancias como víctimas de tifus, pero pronto se valió de todo lo que estaba a su alcance para esconderlos y sacarlos de allí: cestos de basura, cajas de herramientas, cargamentos de mercaderías, sacos de patatas, ataúdes… en sus manos cualquier elemento se transformaba en una vía de escape. Logró reclutar al menos una persona de cada uno de los diez centros del Departamento de Bienestar Social. Con su ayuda, elaboró cientos de documentos falsos con firmas falsificadas dándole identidades temporarias a los niños judíos.
Irena vivía los tiempos de la guerra pensando en los tiempos de la paz. Por eso no le bastaba solamente mantener a esos niños con vida. Quería que un día pudieran recuperar sus verdaderos nombres, su identidad, sus historias personales, sus familias. Entonces ideó un archivo en el que registraba los nombres de los niños y sus nuevas identidades. Anotaba los datos en pequeños trozos de papel y los guardaba dentro de botes de conserva que luego enterraba bajo un manzano en el jardín de su vecino. Allí aguardó, sin que nadie lo sospechase, el pasado de 2,500 niños… hasta que los nazis se marcharon.
Pero un día los nazis supieron de sus actividades. El 20 de octubre de 1943, Irena Sendler fue detenida por la Gestapo y llevada a la prisión de Pawiak donde fue brutalmente torturada. En un colchón de paja de su celda, encontró una estampa ajada de Jesucristo. La conservó como el resultado de un azar milagroso en aquellos duros momentos de su vida, hasta el año 1979, en que se deshizo de élla y se la obsequió a Juan Pablo II. Irena era la única que sabía los nombres y las direcciones de las familias que albergaban a los niños judíos; soportó la tortura y se rehusó a traicionar a sus colaboradores o a cualquiera de los niños ocultos.
Le rompieron los pies y las piernas además de imponerle innumerables torturas. Sin embargo nadie pudo romper su voluntad. Así que fue sentenciada a muerte. Una sentencia que nunca se cumplió, porque camino del lugar de la ejecución, el soldado que la llevaba, la dejó escapar. La resistencia le había sobornado porque no querían que Irena muriese con el secreto de la ubicación de los niños. Oficialmente figuraba en las listas de los ejecutados, así que a partir de entonces, Irena continuó trabajando, pero con una identidad falsa.

Al finalizar la guerra, ella misma desenterró los frascos y utilizó las notas para encontrar a los 2,500 niños que colocó con familias adoptivas.
Los reunió con sus parientes diseminados por toda Europa, pero la mayoría había perdido a sus familiares en los campos de concentración nazis.
Los niños sólo la conocían por su nombre clave: Jolanta. Años más tarde, su historia apareció en un periódico acompañada de fotos suyas de la época, varias personas empezaron a llamarla para decirle: “ Recuerdo tu cara …soy uno de esos niños, te debo mi vida, mi futuro y quisiera verte…”
Irena tiene en su habitación cientos de fotos con algunos de aquellos niños sobrevivientes o con hijos de ellos.

Su padre un médico, que falleció de tifus cuando ella era todavía pequeña, le inculcó lo siguiente: “ Ayuda siempre al que se está ahogando, sin tomar en cuenta su religión o nacionalidad. Ayudar cada día a alguien tiene que ser una necesidad que salga del corazón”
Irena Sendler lleva años encadenada a una silla de ruedas, debido a las lesiones que arrastra tras las torturas sufridas por la Gestapo. No se considera una heroína. Nunca se adjudicó crédito alguno por sus acciones. Siempre que se le pregunta sobre el tema, Irena dice: "Podría haber hecho más, y este lamento me seguirá hasta el día en que yo muera."
“ No se plantan semillas de comida. Se plantan semillas de bondades. Traten de hacer un círculo de bondades, éstas los rodearán y los harán crecer más y más”. Irena Sendler

Fuente: Reedición cortesía de Carlos Rangel Santiago de Querétaro, Mex. Dic.2007