LA HISTORIA DE LA VIDA


Siempre filosofamos de que tenemos que conectarnos con nuestra Alma, nuestro Ser Superior, nuestro Yo Interior. Pero… nos hemos preocupado nunca de conectarnos con nuestro cuerpo??? conocemos realmente que pasa en él  y dentro de él a lo largo de nuestras vidas??? Aqui os dejo 5 interesantes videos de la BBC, para poder conocer un poco mejor el vehiculo dentro del cual tendremos que recorrer nuestro trayecto por esta reencarnación… Espero que lo disfruteis!!!
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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EL FINAL DE LA VIDA


Un reportaje de la BBC, para hacernos reflexionarsi realmente estamos preparados para afrontar este ultimo gran paso de nuestras vidas, la muerte… más hoy en dia que parece ser un tema tabú… un tema del que nadie quiere hablar y por el que todos habremos de pasar, dejando atras, nuestros apegos, nuestras luchas, nuestros sufrimientos…
 
 
 
 
 
 
 
 
 

DERECHOS DE LOS ENFERMOS Y MORIBUNDOS (1º Parte)


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En 1976, el Consejo de Europa se pronunció sobre los derechos de los enfermos y los moribundos. Entre ellos encontramos:

  • Tengo derecho a ser tratado como un ser humano vivo hasta el momento de mi muerte.
  • Tengo derecho a ser cuidado por personas capaces de mantener una situación de optimismo por cambiantes que sean mis circunstancias.
  • Tengo derecho a expresar mis sentimientos y emociones sobre mi forma de enfocar la muerte.
  • Tengo derecho a participar en las decisiones que incumban a mis cuidados.
  • Tengo derecho a esperar una atención sanitaria y humana continuada aún cuando los objetivos de curación tengan que transformarse en objetivos de bienestar
  • Tengo derecho a no morir solo
  • Tengo derecho a no experimentar dolor, sin medida del costo de ningún tipo.
  • Tengo derecho a que mis preguntas sean respondidas con sinceridad.
  • Tengo derecho a no ser engañado si yo no quiero.
  • Tengo derecho a disponer de ayuda de y para mi familia a la hora de aceptar mi muerte.
  • Tengo derecho a morir con paz y con dignidad.
  • Tengo derecho a mantener mi individualidad y a no ser juzgado por decisiones mías que puedan ser contrarias a las creencias de otros.
  • Tengo derecho a discutir y acrecentar mis experiencias religiosas y/o espirituales, cualquiera que sea la opinión de los demás.
  • Tengo derecho a esperar que la inviolabilidad del cuerpo humano sea respetada tras mi muerte, según mi voluntad.
  • Tengo derecho a ser cuidado por personas solícitas, sensibles y entendidas, que intenten comprender mis necesidades y que sean capaces de obtener satisfacción del hecho de ayudarme a afrontar mi muerte.

DERECHOS DEL ENFERMO Y EL MORIBUNDO


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 Derecho a ser cuidados convenientemente.

Todos tenemos el derecho y el deber de ser cuidados por personas capaces de ayudarnos a mantener un sentimiento de esperanza y confianza en momentos críticos.

De acuerdo con su paciente o con quienes deban decidir en su nombre, el médico determina los cuidados que son necesarios, mientras exista la esperanza de mejoría y los riesgos no sean demasiado grandes. En otras palabras, sino existe una esperanza razonable de mejoría, no se puede prolongar una terapia que imponga cargas demasiado pesadas tanto al enfermo y los familiares como a los que aseguran los cuidados.

Derecho a una segunda opinión.

Cuando el paciente desee hacer uso de su derecho a una segunda opinión, tiene el deber de notificar este hecho al profesional que lo trató hasta ese momento así como deberá aceptar que éste notifique su retiro ante esa circunstancia, si ello corresponde.

Derecho a no sufrir, a no sentir dolor.

Sabemos que, en algunos casos, la aproximación del momento de la muerte, a menudo va acompañada de dolores violentos y tenaces. Cuando esos dolores persisten, provocan también intensos sufrimientos psíquicos. Unos y otros se pueden paliar con la administración de calmantes apropiados. Los cuidados paliativos tienen como objetivo el aliviar el dolor y disipar en la medida de lo posible las causas de numerosas molestias. De esta forma, el enfermo que permanece consciente puede llegar a aceptar su estado. La conciencia es demasiado valiosa para ser eliminada cuando se aproxima la muerte.

Derecho a recibir amor gratuitamente.

No solamente sufre el cuerpo cuando se aproxima la muerte. Sufren igualmente el corazón, el espíritu y el alma. No son los médicos y sus ayudantes los que tienen la misión de aliviar esa clase de dolor. Muchas otras personas pueden aportar su contribución. Los enfermos tienen necesidad de personas que estén discretamente a su lado, que les apoyen afectivamente, que les hagan comprender que cuentan con ellos. Los enfermos se confían más gustosamente a estas personas, hablan con ellas de sus sentimientos y deseos, de las angustias por las que pasan, y les plantean las preguntas que les atormentan.

Derecho a conocer la verdad.

Es una tarea difícil para los médicos y para la familia el poner al enfermo al corriente de la gravedad de su estado.  No hay un enfermo terminal que no desee saber lo que le pasa. Todos… llegado el momento, preguntan con insistencia, y nuestra falta de respuesta solo agrava su dolor espiritual, aumentando su angustia y disminuyendo la confianza que éste sentía en quienes lo cuidaban. Todo enfermo terminal, aunque no se lo confirmen, sabe que está por partir; siente como su cuerpo va muriendo poco a poco… lo siente. Por eso, cuando exigen una respuesta, estando conscientes,  aunque lo hagan en términos de desesperación, hay que dársela y con amor. 

Derecho a recibir información precisa sobre su estado.

El paciente tiene derecho a que se le brinde la información que permita obtener su consentimiento comprensivo del diagnóstico, pronóstico, terapéutica y cuidados preventivos primarios o secundarios, correspondientes a su estado de salud. Deberá firmal él, la familia o su representante un libre "Consentimiento Informado" cuando los facultativos lo consideren necesario.

Derecho a expresar sus temores y dudas.

Cuantos enfermos expresan sus temores, y la familia intenta de que los silencie, desviando su atención hacia otro tema. Es lo peor que pueden hacer. El familiar moribundo necesita expresarse, sacar fuera toda su angustia, necesita ser escuchado y comprendido. En algunos casos, hasta sería conveniente brindarle asistencia psicológica. Hay que recordar que la paz es fundamental para él, la precisa… para poder partir de este mundo. Toda pregunta no respondida, toda respuesta indiferente, solo aumentaría su angustia espiritual. Si lo amamos, no dejemos que sufra también su alma.

Derecho a recibir asistencia psicológica.

Cuando la familia no se encuentra en situación, para responder a todas las inquietudes del enfermo moribundo; si cabe dentro de sus posibilidades, deberían asegurarse de que éste reciba la asistencia psicológica adecuada. (en algunos hospitales es gratuita). En momentos como este, es fundamental que su salud mental y espiritual, se encuentre en paz; libre de temores y dudas.

Derecho a decir NO cuando sea necesario.

Si no quiere beber ni comer. Si desea estar solo, si te echa de su habitación. Si te dice que NO, y mientras tenga consciencia, hay que respetarlo y sin sentir, nosotros, alguna culpa.  Después de todo, aunque ahora dependa de su familia y los profesionales de salud, él/la sigue siendo responsable de su vida.

Derecho a necesitar que le hablen de Dios, aún cuando carezca de una religión o no haya creído nunca en Él.

Parecerá ridículo este derecho, pero he conocido algunos casos, donde personas ateas, en su lecho de muerte, solicitaron la presencia de un religioso, para hablar con éste, antes de marchar hacia el otro mundo; y la familia se ha negado, alegando que estaba "loco/a" dado que nunca había sido creyente.

Que triste ¿no? Pues… uno de esos casos, ha sucedido en mi propia familia. Yo era muy pequeña, y me dolió en el alma, saber que un tío mío, no recibió la asistencia espiritual que pedía a gritos, pocos minutos antes de morir. Seguramente deseaba arrepentirse a algo, o aclarar alguna duda sobre el más allá.

Créanme, cuando llegamos a esa situación… la verdad es tan clara ante los ojos del alma, que nada de lo que éramos sigue siendo y lo que somos en ese momento, seremos en la eternidad.

Cuando estamos ante las puertas… volvemos a ser quienes éramos, para sorpresa de los que en la tierra nos rodean, aquellos testigos que luego dirán los locos/as que estábamos. Volvemos al amor… y esto, es así, SIEMPRE.

Derecho a practicar mis creencias religiosas.

Tanto la familia como los profesionales, deberán respetar las creencias religiosas del enfermo no oponiéndose a sus prácticas, salvo que el precepto religioso signifique un atentado contra la salud, la cuál se está obligada a proteger.

El Equipo de Salud tiene el deber de combatir el charlatanismos y el curanderismo, cualquiera sea su forma, recurriendo para ello a todos los medios legales que disponen, siendo oportuno la intervención de las organización científicas, de las entidades gremiales, y de la justicia.

Derecho a que su enfermedad, se mantenga en secreto.

El paciente tiene derecho a que se guarde secreto de su estado de salud en relación a terceros, tanto sea verbalmente como a través de la divulgación de la historia clínica.

Derecho a ser optimista y a descubrir la fuerza que hay en su interior.

Y si a pesar de conocer su estado de gravedad, continúa siendo optimista? o decide fortalecer su fuerza interior? ¿Qué tiene de malo? ¿Por qué no dejarlo/a? Que nosotros estemos tristes, eso… no tiene que perturbarlo ni saberlo. Así que, mi consejo es, dejar las lágrimas y la angustia, para momentos en los cuáles él/la no nos vea. Y mientras estemos a su lado, acompañémosle con la misma alegría y fortaleza (aunque sea inventada), para que siga luchando todo lo que quiera. Pues es su decisión y tal vez nosotros, aprendamos algo, de esta experiencia…

Derecho a ser comprendido, contenido y consolado durante y después, de saber que la muerte es inevitable.

Algunos enfermos, aunque no lo pidan, aunque hayan sido fríos durante toda su vida; necesitan de mimos, besos, abrazos. Necesitan ser consolados, aunque no veamos por sus ojos lágrima alguna. Esto lo sé por mi padre, y por otras personas más. Es increíble como el AMOR, los desarma y arma, nuevamente. Les hace mucho bien, pues el amor, es la mejor medicina. Los renueva, los conserva, los ilusiona, los fortalece. Demos amor gratuitamente, ilimitadamente, que el amor es un don que nunca se acaba y permanece eternamente.

Derecho a vivir el ahora intensamente, apasionadamente.

Si aún puede movilizarse, y sus deseos son pasear, salir, bailar; aún conociendo su estado, permitámosle que se manifieste como más le guste. Si se desea enamorar, chatear, ver en la televisión películas o series divertidas, si escribe, sueña, estudia una carrera o quiere continuar trabajando; ¡que lo haga! porque la pasión, bien empleada, le aporta felicidad y alegría, a su vida.

Derecho a romper con los mitos de contagio de la enfermedad.

Antes de juzgar a una persona, hay que informarse. En la actualidad, muchas enfermedades que suelen contagiosas, como el sida, dejan de serlo, si tomamos las debidas precauciones. ¿O es que esperan a que el enfermo las tome? Cada uno es responsable de su vida, eso recuérdalo siempre. El enfermo se ocupará de la parte que a él le corresponda, y vos, si lo amas, te ocuparás de la tuya.

Derecho a colaborar con los médicos, ayudantes, familiares y amigos.

A veces, cuando el paciente aún puede movilizarse, se le pide ayuda para elevarlo en la cama, o sentarlo, o cambiarlo de posición, etc. Lo normal, sería que ayude, que coopere con quienes están a su servicio, brindándole una calidad de vida mejor; pero si se niega, tampoco hay que obligarle y por nada del mundo, privarlo de una buena amorosa atención.

Derecho a morir con dignidad.

Toda persona en situación de enfermedad, tiene derecho a que se respete su dignidad como tal y a recibir la mejor atención de los miembros del Equipo de Salud y de las Instituciones en que se asiste para que su bienestar sea posible, tanto en lo psicofísico como en lo socio-cultural.

Mantener la calidad de vida del enfermo terminal, como morir en brazos de los seres que uno ama, en la propia casa y no en la soledad de un hospital, es también su derecho, aunque no lo exija.

Quien muera en la trinchera o en un accidente de tráfico no podrá ejercer el derecho a morir con dignidad, por eso es importante por lo menos, llegado el momento de la muerte imprevista, estar preparados espiritualmente para partir en paz.

Derecho a que se respete su cuerpo fallecido.

El enfermo tiene derecho a que se respete la dignidad de su cuerpo una vez fallecido.