CREA TU PROPIA VIDA


WORPRESS

 

 

Abrirse a lo desconocido:
Si de veras deseas ver al Creador, conviértete en un creador. Cuanto más abras tu mente a lo desconocido, más ayuda te ofrecerá tu alma. Si inicias un gran proyecto, al dar el primer paso te sorprenderá ver las fuerzas invisibles que acuden en tu ayuda. Puedes elegir bloquearlas o dejarte llevar por ellas.
Si optas por dejarte llevar:

1.- Concéntrate en lo que deseas alcanzar, deja que nazca y que crezca en el interior de tu mente.
2.- Pídele al alma que te ayude y te anime.
3.- Déjate ir para que los resultados vayan adquiriendo forma.
4.- Actúa cuando tengas la mente clara.
5.- No emprendas ninguna acción cuando estés dudando.

6.- No difundas confusión, confía en tu objetivo.
7.- No actúes movido por la ira, la ansiedad o cualquier otro impulso negativo.
8.- Espera que te ocurra lo mejor.
9.- Acepta cada resultado como lo mejor que puedes conseguir por el momento.
10.- No te culpes por los contratiempos ni por los obstáculos.

11.- No te amilanes ni te pongas tenso cuando algo te salga mal. Intenta aprender la lección que cada contra tiempo contiene.
12.- No eches la culpa a los demás.
13.- Sé consciente de que cualquier resultado puede ser posible.
14.- Olvídate del pasado. confía en que el futuro será mejor.
15.- No aceptes los malos resultados con pasividad.

16.- No fuerces ni intentes controlar la situación.
17.- No te dejes llevar por fantasias. Intenta estar presente lo máximo posible sin distraerte.
18.- Siéntete seguro y centrado en tu interior.
19.- Mantente atento para captar cualquier señal que te indique que vas por buen camino.
20.- Sé responsable de tu propio destino.

Fuente:  Psicología Práctica

 

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La experiencia de un neurocirujano en el más allá


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Testimonio publicado en la revista norteamericana “Newsweek”

 

Nos lo acaba de enviar el doctor Jorge Carvajal y ha sido publicado, nada más ni nada menos, que en la prestigiosa revista “Newsweek”. Se abren las puertas de los misterios. Nuevas y reveladoras realidades comienzan a calar nuestras mentes, también las de los más escépticos. Gracias al Cielo, el velo se levanta poco a poco… Un neurocirujano viene del más allá y nos narra su experiencia…

 

La famosa revista Newsweek sorprendió a muchos en su edición de Octubre 2012 con una portada y un titular impactante: “El cielo es real – La experiencia de un Doctor en el más allá”. La revista publica un artículo escrito por un prestigioso neurocirujano estadounidense que luego de haber vivido una Experiencia Cercana a la Muerte (ECM), asegura haber visto y viajado al más allá. Presentamos a continuación la traducción completa de la nota de Newsweek.

Como neurocirujano, yo no creía en el fenómeno de las experiencias cercanas a la muerte. Hijo de un neurocirujano, crecí en un mundo científico. He seguido el camino de mi padre y me convertí en un neurocirujano académico, enseñando en Harvard Medical School y otras universidades. Entiendo lo que ocurre en el cerebro cuando las personas están a punto de morir, y siempre había creído que había una buena explicación científica para los viajes celestiales fuera del cuerpo, descritos por aquellos que escapaban a la muerte por poco. El cerebro es un mecanismo sorprendentemente sofisticado pero extremadamente delicado. Si se reduce la cantidad de oxígeno que recibe, así sea la cantidad más pequeña, este reaccionará. No era una gran sorpresa que las personas que habían sufrido un traumatismo grave regresaran de sus experiencias con historias extrañas. Pero eso no significaba que habían viajado a algún lugar real.

Aunque me consideraba un creyente cristiano, era más de título que de creencia real. No me molestaban los que querían creer que Jesús era más que simplemente un buen hombre que había sufrido a manos del mundo. Simpatizaba profundamente con aquellos que querían creer que había un Dios en alguna parte ahí fuera que nos amaba incondicionalmente. De hecho, envidiaba a esas personas la seguridad que esas creencias sin duda les proporcionaban. Pero como científico, simplemente creía que era incorrecto creer en eso. En el otoño de 2008, sin embargo, después de siete días en un estado de coma en el que se inactivó la parte humana de mi cerebro, el neocórtex, experimenté algo tan profundo que me dio una razón científica para creer en la conciencia después de la muerte.

Se cómo pronunciamientos como el mío les suenan a los escépticos, así que voy a contar mi historia con la lógica y el lenguaje del científico que soy. Muy temprano por la mañana, hace cuatro años, me desperté con un dolor de cabeza muy intenso. En cuestión de horas, mi corteza entera – toda la parte del cerebro que controla el pensamiento y la emoción, y que en esencia que nos hace humanos – se había apagado. Los médicos del Hospital General de Lynchburg en Virginia, un hospital donde yo mismo trabajaba como neurocirujano, determinaron que de alguna manera había contraído una meningitis bacteriana muy poco frecuente que ataca sobre todo a los recién nacidos. Bacterias de e. coli habían penetrado en mi líquido cefalorraquídeo y estaban comiendo mi cerebro.

Cuando entré en la sala de emergencias aquella mañana, mis posibilidades de supervivencia en algo más que un estado vegetativo ya eran bajas. Pronto estas posibilidades cayeron a casi nulas. Durante siete días estuve en un coma profundo, mi cuerpo sin respuestas, mis funciones cerebrales superiores totalmente fuera de línea. Luego, en la mañana de mi séptimo día en el hospital, mientras mis médicos consideraban si se suspendía el tratamiento, mis ojos se abrieron de golpe.

No hay una explicación científica para el hecho de que mientras mi cuerpo estaba en estado de coma, mi mente – mi conciencia, mi yo interior – estaba viva y bien. Mientras las neuronas de mi corteza cerebral fueron aturdidas hasta su total inactividad por las bacterias que las habían atacado, mi conciencia liberada del cerebro había viajado a una diferente y mayor dimensión del universo: una dimensión que nunca había soñado que podía existir, y que mi viejo yo previo al coma hubiera estado más que feliz explicando que se trataba de una simple imposibilidad.

Pero esa dimensión, a grandes rasgos, la misma que describen incontables personas que han vivido experiencias cercanas a la muerte u otros estados místicos, está allí. Existe, y lo que vi y aprendí allí me ha puesto literalmente en un mundo nuevo: un mundo en el que somos mucho más que nuestros cerebros y cuerpos, y donde la muerte no es el final de la conciencia, sino más bien un capítulo de un vasto e incalculablemente positivo viaje. No soy la primera persona en tener evidencia de que la conciencia existe más allá del cuerpo. Breves y maravillosos destellos de este reino son tan antiguos como la historia humana. Pero hasta donde yo sé, nadie antes que yo haya viajado alguna vez a esta dimensión (a), mientras su corteza estaba completamente apagada, y (b), mientras que su cuerpo estaba bajo observación médica al minuto, como lo estuvo mi cuerpo durante los siete días completos de mi estado de coma.

Todos los argumentos principales en contra de las experiencias cercanas a la muerte sugieren que estas experiencias son el resultado de un mínimo, transitorio, o parcial mal funcionamiento de la corteza cerebral. Sin embargo, mi experiencia cercana a la muerte no tuvo lugar mientras mi corteza estaba funcionando mal, sino mientras estaba simplemente apagada. Esto se desprende claramente de la gravedad y la duración de mi meningitis, y de la complicación cortical global documentada por los escaneos TC y exámenes neurológicos. Según el conocimiento médico actual sobre el cerebro y la mente, no hay absolutamente ninguna manera de que yo pudiera haber experimentado ni siquiera una conciencia débil y limitada durante mi tiempo en el estado de coma, y mucho menos la odisea híper vívida y completamente coherente que experimenté.

Me tomó meses aceptar lo que me pasó. No sólo la imposibilidad médica de que había estado consciente durante mi coma, pero más importante aún, las cosas que sucedieron durante ese tiempo. Hacia el comienzo de mi aventura, yo estaba en un lugar de nubes. Grandes, esponjosas, de color rosa-blanco, que se presentaron nítidamente en contraste con el profundo cielo negro-azul.

Más alto que las nubes, inconmensurablemente más alto, una multitud de seres transparentes y brillantes se movían trazando arcos por el cielo, dejando largos trazos como serpentinas detrás de ellos. ¿Pájaros? ¿Ángeles? Estas palabras las registré más tarde, cuando estaba escribiendo mis recuerdos. Pero ninguna de estas palabras hace justicia a estos seres, que eran, sencillamente, diferentes a todo lo que he conocido en este planeta. Eran más avanzados. Formas superiores.

Un sonido, enorme y retumbante como un canto glorioso, descendió desde lo alto, y me pregunté si los seres alados lo estaban produciendo. Nuevamente, pensando en ello más tarde, se me ocurrió que la alegría de estas criaturas mientras volaban alto era tal, que tenían que emitir este sonido, y que si la alegría no salía de ellos de esta manera entonces simplemente no serían capaces de contenerla. El sonido era palpable y casi material, como una lluvia que se puede sentir en tu piel, pero que no te moja.

Ver y escuchar no estaban separados en este lugar donde ahora estaba. Podía escuchar la belleza visual de los cuerpos plateados de esos seres brillantes que estaban arriba, y pude ver la perfección creciente, alegre de lo que cantaban. Parecía que no se podía ver o escuchar ninguna cosa en este mundo sin volverse parte de ella, sin unirse con ello de alguna forma misteriosa. Una vez más, desde mi perspectiva presente, me permito sugerir que no se podría mirar “hacia” nada en ese mundo en absoluto, porque la palabra “hacia” en sí misma implica una separación que allí no existía. Cada cosa era distinta, pero cada cosa era también una parte de todo lo demás, al igual que los diseños ricos y entremezclados en una alfombra persa … o en el ala de una mariposa.

Se vuelve más extraño aún. Durante la mayor parte de mi viaje, alguien más estaba conmigo. Una mujer. Ella era joven, y me acuerdo de cómo era en detalle. Tenía los pómulos altos y ojos profundamente azules. Trenzas doradas enmarcaban su hermoso rostro. La primera vez que la vi, estábamos juntos cabalgando sobre una superficie con un intrincado patrón, que después de un momento me di cuenta que era el ala de una mariposa. De hecho, millones de mariposas estaban alrededor de nosotros, enormes y agitadas olas de ellas, que se zambullían en un bosque y volvían de nuevo a nuestro alrededor. Era un río de vida y color, moviéndose a través del aire. La vestimenta de la mujer era simple, como la de un campesino, pero sus colores en polvo azul, índigo y pastel de naranja-durazno tenían la misma abrumadora y súper vívida vitalidad que todo lo demás. Ella me miró con una mirada que, si la vieras durante cinco segundos, haría que tu vida entera hasta ese punto valiera la pena, sin importar lo que haya ocurrido en ella hasta ahora. No era una mirada romántica. No era una mirada de amistad. Era una mirada que de alguna manera estaba más allá de todo esto, más allá de todos los diferentes tipos de amor que tenemos aquí en la tierra. Era algo superior, que contenía todos estos tipos de amor en si mismo, mientras al mismo tiempo era mucho mayor que todos ellos.

Sin pronunciar una sola palabra, ella me habló. El mensaje me atravesó como un viento, y al instante comprendí que era cierto. Lo supe de la misma manera en que supe que el mundo que nos rodeaba era real, no era una fantasía pasajera e insustancial.

El mensaje tenía tres partes, y si tuviera que traducirlas al lenguaje terrenal, sería algo como esto: “Ustedes son amados y apreciados, muchísimo y para siempre.” “No tienes nada que temer.”

“No hay nada que puedas hacer el mal.” El mensaje me inundó con una inmensa y loca sensación de alivio. Era como si me hubieran entregado las reglas de un juego al que había estado jugando toda mi vida sin nunca haberlo comprendido plenamente. “Te vamos a mostrar muchas cosas aquí”, dijo la mujer, una vez más, sin llegar a utilizar estas palabras, sino transmitiéndome directamente su esencia conceptual. “Pero eventualmente vas a regresar”. Para ello, sólo tenía una pregunta. ¿Regresar a dónde?

Un viento cálido soplaba, como los que surgen en los días más perfectos de verano, sacudiendo las hojas de los árboles y fluyendo como agua celestial. Una brisa divina. Esto cambió todo, transformando el mundo a mi alrededor en una octava incluso más alta, una vibración más alta.

A pesar de que aun tenía una pequeña función del lenguaje, al menos la idea que tenemos de él en la Tierra, sin decir palabras comencé a formular preguntas a este viento, y al ser divino que sentía que trabajaba detrás de él o dentro de él.

¿Dónde está este lugar? ¿Quién soy yo? ¿Por qué estoy aquí?

Cada vez que expresé silenciosamente una de estas preguntas, la respuestas llegaron inmediatamente, en una explosión de luz, color, amor y belleza que soplaba a través de mí como una ola rompiendo. Lo más importante de estas explosiones es que no callaban mis preguntas abrumándolas. Respondían a las preguntas, pero de una forma que pasaba el lenguaje por alto. Los pensamientos me entraban directamente. Pero no era pensamiento como lo experimentamos en la Tierra. No era vago, inmaterial o abstracto. Estos pensamientos eran sólidos e inmediatos, más calientes que el fuego y más húmedos que el agua, y mientras los recibía era capaz de comprender al instante y sin esfuerzo conceptos que me habría llevado años comprender plenamente en mi vida terrenal.

Seguí avanzando y me encontré ingresando en un inmenso vacío, completamente oscuro, infinito en tamaño, pero también infinitamente reconfortante. Era profundamente negro pero a la vez rebosante de luz: una luz que parecía venir de un orbe brillante que ahora sentía más cerca de mí. El orbe era una especie de “intérprete” entre mí y esta vasta presencia que me rodeaba. Era como si yo estuviera naciendo a un mundo más grande, y el propio universo era como un útero cósmico gigante y el orbe (que sentí estaba conectado de alguna manera con, o incluso era idéntico a la mujer sobre el ala de la mariposa) fue guiándome a través de él.

Más tarde, cuando volví, me encontré con una cita del Siglo XVII, del poeta cristiano Henry Vaughan, que estuvo muy cerca de describir este lugar mágico, este núcleo vasto y negro como tinta, que era el hogar de la misma Divinidad.

“Hay, dicen algunos, en Dios, una oscuridad profunda pero deslumbrante”. Eso era exactamente: una negra oscuridad que también estaba rebosante de luz. Sé muy bien cuan extraordinario, cuan francamente increíble, todo esto suena. Si alguien, incluso un médico, me hubiera contado una historia como ésta en los viejos tiempos, hubiera estado bastante seguro de que estaba bajo el hechizo de algún delirio. Pero lo que me pasó fue, lejos de ser delirante, tan real o más real que cualquier otro acontecimiento en mi vida. Eso incluye el día de mi boda y el nacimiento de mis dos hijos. Lo que me pasó exige una explicación.

La física moderna nos dice que el universo es una unidad que es indivisible. Aunque parece que vivimos en un mundo de separación y diferencia, la física nos dice que debajo de la superficie, cada objeto y acontecimiento en el universo está completamente entretejido con todos los demás objetos y eventos. No hay verdadera separación. Antes de mi experiencia de estas ideas eran abstracciones. Hoy son realidades. El universo no sólo está definido por la unidad, sino también, ahora lo sé, definido por el amor. El universo como lo experimenté en mi estado de coma es – he descubierto con sorpresa y alegría- el mismo sobre el cual tanto Einstein y Jesús habían hablado en sus (muy) diferentes maneras. He pasado décadas como neurocirujano en algunas de las instituciones médicas más prestigiosas de nuestro país. Sé que muchos de mis compañeros se aferran, como yo en el pasado, a la teoría de que el cerebro, y en particular la corteza, genera la conciencia y de que vivimos en un universo desprovisto de cualquier tipo de emoción, y mucho menos del amor incondicional que ahora se que Dios y el universo tienen hacia nosotros. Pero esa creencia, esa teoría, ahora yace rota a nuestros pies. Lo que me pasó la destruyó, y tengo la intención de pasar el resto de mi vida investigando la verdadera naturaleza de la conciencia y difundiendo el hecho de que somos más, mucho más, que nuestro cerebro físico, lo más claro que pueda, tanto hacia mis colegas científicos como hacia la gente en general.

No espero que esto sea una tarea fácil, por las razones que he descrito anteriormente. Cuando el castillo de una vieja teoría científica comienza a mostrar líneas de falla, al principio nadie quiere prestar atención. En primer lugar, el antiguo castillo simplemente ha tomado mucho trabajo para ser construido, y si se cae, uno completamente nuevo tendrá que ser construido en su lugar.

Esto lo aprendí de primera mano después de que estuve lo suficientemente bien como para volver a salir al mundo y hablar con otras personas -personas, es decir, que no sean mi sufrida esposa, Holley, y nuestros dos hijos-, acerca de lo que me había pasado. Las miradas de incredulidad cortés, especialmente entre mis amigos médicos, pronto me hicieron ver la gran tarea que tendría para que la gente comprendiera la enormidad de lo que había visto y experimentado esa semana mientras mi cerebro estaba apagado. Uno de los pocos lugares en los que no tuve problemas para transmitir mi historia era un lugar que antes de mi experiencia había visto bastante poco: la iglesia. La primera vez que entré en una iglesia después de mi coma, veía todo con ojos nuevos. Los colores de los vitrales me recordaron la luminosa belleza de los paisajes que había visto en el mundo de arriba. Las notas bajas profundas del órgano me recordaron cómo los pensamientos y emociones en ese mundo son como olas que se mueven a través de ti. Y, lo más importante, una pintura de Jesús partiendo el pan con sus discípulos evocó el mensaje que permanece en el corazón mismo de mi viaje: que somos amados y aceptados incondicionalmente por un Dios aun más grande e insondablemente glorioso que el que me habían enseñado de niño en la escuela dominical. Hoy en día muchos creen que las verdades espirituales vivas de la religión han perdido su poder, y que la ciencia, no la fe, es el camino a la verdad. Antes de mi experiencia tenía una fuerte sospecha de que ese era el caso para mí.

Pero ahora entiendo que esta opinión es demasiado simple. El hecho cierto es que la imagen materialista del cuerpo y el cerebro como los productores, en lugar de los vehículos, de la conciencia humana, está condenada. En su lugar, una nueva visión de la mente y el cuerpo va a surgir, y de hecho ya está emergiendo. Este punto de vista es científico y espiritual en igual medida y valorará lo que los más grandes científicos de la historia siempre se han valorado por sobre todo: la verdad.

Esta nueva imagen de la realidad tomará mucho tiempo en armarse. No va a estar terminada en mi tiempo, o incluso, sospecho, tampoco en el tiempo de mis hijos. De hecho, la realidad es demasiado vasta, demasiado compleja y demasiado irreductiblemente misteriosa para que una imagen de ella alguna vez llegue a estar absolutamente completa. Pero, en esencia, esta imagen mostrará al universo en evolución, multidimensional, y conocido en detalle hasta cada uno de sus últimos átomos por un Dios que nos cuida mucho más profunda y apasionadamente que cualquier padre que alguna vez haya amado a su hijo.

Aun sigo siendo un doctor, y aun sigo siendo un hombre de ciencia, casi exactamente igual a como era antes de que tuviera mi experiencia. Pero en un nivel más profundo soy muy diferente a la persona que era antes, porque he podido vislumbrar esta imagen de la realidad que está surgiendo. Y puedes creerme cuando te digo que va a valer la pena cada pequeño paso de la labor que nos llevará, y a los que vienen después de nosotros, para llegar a comprenderla bien.

Dr. Eben Alexander, The Daily Beast, 08 de Octubre 2012

Fuente: http://angelesamor.org

Fuente original: http://www.thedailybeast.com/newsweek/2012/10/07/proof-of-heaven-a-doctor-s-experience-with-the-afterlife.html

Traducción: Sebastián Alberoni

EXISTE SOLAMENTE UNA EDAD…


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Existe solamente una edad para
que la gente sea feliz.
Solamente una época en
la vida de cada persona en que
es posible soñar y hacer planes
y tener energías suficientes para
realizarlos en contra de todas las
dificultades y obstáculos.

Una sola edad para que la gente se
encante con la vida
Y viva apasionadamente
y disfrutar de todo con toda
la intensidad, sin miedo ni culpa
de sentir placer.

Fase dorada en que la gente
puede crear y recrear la vida
a nuestra propia imagen y semejanza
Y vestirse con todos los colores
Y experimentar todos los sabores
Y entregarse a todos los Amores
Sin pre conceptos ni pudores.

Tiempo de entusiasmo y coraje
en que todo desafió no es mas que
una invitación a la lucha que la gente
enfrenta con toda la disposición de
intentar algo nuevo,de nuevo
y de nuevo y cuantas veces
sea necesario.

Esa edad tan fugaz en la vida de la
gente se llama PRESENTE y
tiene la duración del instante
que pasa.

ME LIBERO Y PERDONO


YO PERDONO

 

Las lágrimas que derramé, yo perdono.

El sufrimiento y las decepciones, yo perdono.

Las traiciones y mentiras, yo perdono.

Las calumnias y las intrigas, yo perdono.

El odio y la persecución, yo perdono.

Los golpes que me dieron, yo perdono.

Los sueños rotos, yo perdono.

Las esperanzas muertas, yo perdono.

El desamor y la envidia, yo perdono.

La indiferencia y la mala voluntad, yo perdono.

La injusticia en el nombre de la justicia, yo perdono.

La ira y el maltrato, yo perdono.

El abandono y el olvido, yo perdono.

El mundo con toda su maldad, yo perdono.

Ella baja los brazos, abre los ojos y coloca sus manos en su rostro.

Me acerco a besarla, pero ella hace una señal con las manos.

– No he terminado todavía.

Ella cierra sus ojos y mira hacia arriba.

La pena y el resentimiento, los sustituyo con comprensión y entendimiento.

La rebeldía, la sustituyo con la música que sale de mi violín.

El dolor lo sustituyo con olvido.

La venganza, la sustituyo con victoria.

Seré capaz de amar por encima del desamor.

Dar incluso cuando estoy despojada de todo.

Trabajar feliz incluso cuando estoy en medio de todos los obstáculos.

Secar las lágrimas, incluso cuando aún estoy llorando.

Creer incluso cuando estoy desacreditada.

Ella abre los ojos, pone sus manos sobre mi cabeza y dice con la autoridad que viene de arriba:

– Hágase tu voluntad.

Hágase tu voluntad.

LAS DIEZ ENFERMEDADES DE TRANSMISIÓN ESPIRITUAL


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1. Espiritualidad de Comida Rápida
La espiritualidad de comida rápida es un producto de la fantasía común que el alivio del sufrimiento de nuestra condición humana puede ser rápido y fácil. Una cosa es clara: la transformación espiritual no se puede tener en una solución rápida.
2. La espiritualidad de imitación
La espiritualidad de imitación es la tendencia a hablar, vestirse y actuar como nos imaginamos que una persona espiritual, lo haría. Se trata de un tipo de espiritualidad que imita la realización espiritual en la forma en que la tela de piel de leopardo imita a la piel real de un leopardo.
3. Motivaciones confusas
A pesar de que nuestro deseo de crecer es genuino y puro, a menudo se mezcla con otras motivaciones, entre ellas el deseo de ser amado, el deseo de pertenecer, la necesidad de llenar nuestro vacío interior, la creencia de que el camino espiritual nos liberará de nuestros sufrimientos, y la ambición espiritual (el deseo de ser especiales), ser mejor que, y ser “el elegido”.
4. Identificarse con las experiencias espirituales
En esta enfermedad, el ego se identifica con nuestras experiencias espirituales y las toma como propias. En la mayoría de los casos, no dura indefinidamente, aunque tiende a perdurar por largos periodos de tiempo en los que se creen iluminados y/o que funcionan como maestros espirituales.
5. El Ego Espiritualizado
Cuando el ego se espiritualiza, somos invulnerables a la ayuda, nueva información o retroalimentación constructiva. Nos convertimos en seres humanos impenetrables y estancamos nuestro crecimiento espiritual, todo ello en nombre de la espiritualidad.
6. La producción en masa de los maestros espirituales
Esta enfermedad funciona como una cinta transportadora espiritual: ponte en este resplandor, consigue aquella visión, y bam! Estás iluminado y listo para iluminar a otros en forma similar.
7. El orgullo espiritual
Una sensación de “superioridad espiritual” es otro síntoma de esta enfermedad de transmisión espiritual. Se manifiesta como una sutil sensación de que “yo soy mejor que otros, más sabio, y por encima, porque yo soy espiritual.”
8. La mente del grupo
También se describe como pensamiento de grupo, la mentalidad de culto, o la enfermedad de ashram. Los individuos y los grupos infectados con “mente de grupo” rechazan los individuos, las actitudes y circunstancias que no se ajusten a las normas a menudo no escritas del grupo.
9. El complejo del pueblo elegido
Es la creencia de que “Nuestro grupo está más evolucionado espiritualmente, es más potente, inteligente y, en pocas palabras, mejor que cualquier otro grupo”. Existe una importante distinción entre el reconocimiento de que uno ha encontrado el camino correcto, el profesor adecuado, o la comunidad correcta para sí mismos, y el haber encontrado “al elegido”.
10. El virus mortal: “Yo He Llegado”
Esta enfermedad es tan potente que tiene la capacidad de ser terminal y mortal para nuestra evolución espiritual. Esta es la creencia de que “he llegado” al objetivo final de la senda espiritual. Nuestro progreso espiritual termina en el punto donde se concreta esta idea en nuestra mente, porque el momento en que comenzamos a creer que hemos llegado al final del camino, un mayor crecimiento se detiene.

Fuente:  Eyes Wide Open: El cultivo de discernimiento en el Camino

LA ANCIANA QUE ERA ETERNA


ETERNA

Estaba sentada mirando la luna. Esperaba que en esos días sus años llegaran a su fin. Una estrella parpadeaba como queriendo decirle algo. Pero sus ojos, no podían ver lo que ocurría, su vista ya no era buena.
La luna se entrelazaba entre la negrura del cielo, y a su alrededor destellaba una luz preciosa. Así, se quedo observando un largo rato, mientras reflexionaba. Se miró las manos, y pensó:

– No reconozco estas manos; parece que ya no me pertenecen. Hace poco tiempo que las veía tan tersas y bien formadas. El tiempo es tirano a la hora de mostrarnos al espejo. Recorrió sus brazos, miró sus piernas, que dejaban verse luego de su falda marrón, y suspiró. Ya nada era lo de antes. Su cuerpo, era el fiel reflejo del paso del tiempo. Entonces, se preguntó qué era el tiempo. ¿Quien era este señor perverso, que cuando niños no se deja ver sino a la distancia y cuando viejos, se postra ante nosotros como un verdugo?
Se dijo a sí misma:

– Es hora de morir con dignidad. Mi cuerpo, se ha entregado al olvido, pero mi alma tiene todavía intacta esa sensación de eternidad. Tal vez muera mi presencia en la Tierra pero tengo la certeza de que solo en este punto moriré. Casi que no creo que esto llegue al final. No quería convencerse. Más bien, era un sentimiento que llegaba desde lo más profundo de su ser. Su vida tenía millones de rincones en los que había estado y aprendido. Y su mente, más que su mente su alma, tenía ahora una conciencia. Una claridad casi absoluta.
Mirando nuevamente la luna, y luego la estrella parpadeante, pensó:

– Esa estrella que parpadea yo la veo más pequeña que la luna, pero tal vez es solo cuestión de distancia. Estoy segura que si pudiera pararme en la estrella, vería a la luna como un pequeño punto en el cielo. ¿Quien sabe? este cuerpo mio que veo aquí, tal vez si pudiera acercarme, podría ver mi alma dentro. Mis ojos no pueden, solo la percibe mi corazón. Pero sé que está ahí. Esta vida no termina aquí. Mi cuerpo solo es mi cuerpo, un envoltorio ajado que ha dado a mi espíritu la posibilidad de experimentar la vida humana.
En ese momento, se quedó dormida en el banco del patio de su casa. La luna, quedó mirándola desde lejos. La estrella la invitó a dar un paseo.

– ¿Quién eres tú? -preguntó la abuela asombrada por la belleza-
– Soy tu guía. Me has visto como una estrella, y me has visto en tus sueños también. Soy ese amigo que no reconocías cuando despertabas. – ¡Bendito sea Dios!. Pero si yo lo sospechaba. Siempre supe dentro mío que algo te traías entre manos.
– Así es, siempre estuve tratando de que me vieras de alguna manera. Quiero decirte, que has cumplido bien tus pasos por la Tierra. Ahora tienes mas experiencia, has sabido sobreponerte a todas las pruebas. Yo observaba atento tus actos.
– Lo he notado. A veces percibía una guía, alguien que me decía lo que era correcto para mí. A veces dudaba de seguir tal o cual camino, por lo que vendría después. Pero tú desde no se que lugar, me ayudabas a resolverlo.
– Lo intenté. Y veo que lo entendiste. Ahora es momento de partir. Tenemos que volver al lugar de donde has venido.

¿Estás preparada?

– Sí que lo estoy. Si bien tengo una gran nostalgia de todo lo vivido, creo que mi alma también me lo pide. He reconocido que no soy mi cuerpo.
– ¡Por supuesto!, tu cuerpo no eres tú. Cuando emprendamos el camino, entenderás de lo que hablo. Eres diez millones más que tu cuerpo.

– Me siento aliviada, ¿ya nos vamos?

– Cuando tu quieras.
Era más que un sueño todo aquello. La anciana, sintió desprenderse como un globo que se eleva. Y cuando llegó nuevamente a “casa”, al lugar de donde vino, sintió el amor más grande que jamás halla sentido un ser viviente. Comprendió el Universo entero en cuestión de minutos (aunque no existía ya el tiempo). Pudo repasar su vida acompañada de su guía. Pudo ver las cosas que hizo bien, y las que no pudo también. Y siguió aprendiendo luego en este maravilloso lugar, del que no tenía memoria aquí en la tierra. Se reencontró con sus almas amigas, y se contaron lo que habían vivido. Sus experiencias y todo fue una fiesta. Ese era su hogar.
Había transcurrido un período prudente, y su guía le sugirió que ya era hora de volver a nacer. Revisaron varias vidas antes para elegir la de su conveniencia. Él se las iba mostrando. Esta vez, estaba preparada para algo mas fuerte. Necesitaba fortalecer su alma y su experiencia. Así que eligió nacer en un pueblo judío cerca de Alemania. Ella sabía que luego tendría que pasar por el holocausto. Sabiendo que era muy doloroso dijo:

– A pesar de ver que mi vida será un mar de lágrimas y sufrimiento, que mi vida será corta, y perderé mi hogar, mis ropas, mis pertenencias completas, que perderé a mi familia entera, y se me desgarrará el alma al ver a mis hermanos, estoy dispuesta a hacerlo, porque sé que gracias a eso, gracias a que muchos como yo lo harán; el mundo aprenderá luego que la vida humana tratada con tanto desprecio, es una involución enorme del ser. Por eso, ¡allá voy!. ¡Hasta pronto mi guía!, nos vemos a la vuelta.

Fuente:  NATY BRUN

CADA VEZ SE ACERCA MAS GENTE A MI PIDIENDOME AMISTAD PENSANDO QUE SOY UN MAESTRO, NO LO SOY


CADA VEZ SE ACERCA MAS GENTE A MI PIDIENDOME AMISTAD PENSANDO QUE SOY UN MAESTRO, NO LO SOY!, ni lo quiero ser, No quiero seguidores , ni sigo a nadie, Aprendo diariamente con unos y otros, aprendo conmigo, aprendo de la vida , aprendo del silencio, de las risas y de los llantos, aprendo de mis aciertos y de mis errores. Pero son mis Triunfos y mis fracasos los que me enseñan. NO SOY UN MAESTRO NI LO QUIERO SER Solo soy un aprendiz de la vida un continuo caminante que a veces , camina solo y a veces lo hace acompañado, pero jamas sigue ni permite que le sigan. Suelo diferenciar lo que PARA MÍ es verdadero de lo que escribo como simple opinión, una más entre todas. Pero aun eso que yo veo verdadero, no afirmo que lo sea PARA LOS DEMÁS. Nadie puede recorrer el camino por ti, nadie puede tomar la absolución por otro, nadie puede hacerte ver la luz si tu te empeñas en tener los ojos cerrados.   Tú eres tu discípulo, tú eres tu maestro. Dentro de ti está la lámpara; enciéndela. Dentro de ti están Oriente y Occidente. Dentro de ti están todos los templos; frecuéntalos, y toma lo mejor de cada uno de ellos.   En tu corazón hay un sabio, si le escuchas, sabiduría y compasión comenzarán a unirse dentro de ti, se convertirán en las dos alas de la intrépida ave que te conduzca a la Conciencia Superior.   No te pases la vida buscando ó esperando al maestro. Sé tu propio maestro. No quieras encontrar a alguien que haga el trabajo por ti y sobre quién descargar tu responsabilidad ó para que te indique atajos para llegar a tu paraíso interior. Desconfía de los gurus, sobre todo de los gurus advenedizos, que exigen pleitesía y abyección, que te dicen que nada puedes hacer sin su ayuda, que te someten con el pretexto de que están destruyendo tu ego, que se muestran altivos e inaccesibles. No vayas a cambiar tu cárcel interior por la cárcel en la que ellos quieren introducirte.   Aprende de todos, pero sé tú mismo.
El contacto con personas espiritualmente elevadas siempre es deseable y positivo.   Relaciónate con los que están en la búsqueda, pero mantén tu propia independencia y no te dejes envolver en el juego sadomasoquista que existe entre algunos desaprensivos gurus y sus desorientados discípulos. Cuanto más serio y sincero seas, más serio y sincero será el maestro al que aspires. 

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