SI ALGUNA VEZ….


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Si alguna vez te sientes sólo y no sabes qué hacer, mira al cielo y busca una estrella, y así nunca más te sentirás en soledad pues tendrás a tu alrededor a millones de estrellas que son esas personas que sintieron lo mismo que tú.

Si alguna vez sientes ganas de llorar, llora Deja salir tus lágrimas y con ellas todas las cosas que te hacen sentir mal; no dejes que se acumulen en tu ser, porque sólo darán paso a otro tipo de sentimientos que te hieren aún más.

Si alguna vez te sientes mal contigo mismo, busca en lo más profundo de tu ser, date cuenta de que nadie es perfecto, tampoco tú, pero aún con todos tus defectos y cualidades, eres una persona única en el universo, por eso  eres especial.

Si alguna vez sientes que nadie te quiere, olvídalo, pues eso no es cierto; si te encuentras en esta tierra es porque alguien allá arriba lo quiso así, Él te hizo único y especial porque te ama y nunca te abandona porque eres lo máximo para Él; pero además de Él, hay personas a tu alrededor que te quieren, aunque a veces estamos ocupados en nuestros problemas y no les abrimos las puertas de nuestro corazón para demostrárnoslo.

Si alguna vez necesitas de alguien que te comprenda, que te escuche, que te ayude, en fin, si necesitas de un amigo, quiero que sepas que cuentas conmigo para que nunca te sientas sólo, para que llores en mi hombro, para hacerte sentir bien, y sobre todo para demostrarte cuánto te aprecio…

LA SENCILLEZ DEL SER (Jean Klein )


“La liberación consiste en estar libre de uno mismo. Para poder estar libres de nosotros mismos, debemos empezar por conocernos mucho; conocer nuestro cuerpo, nuestro psiquismo, el proceso habitual de nuestro pensamiento. Hay que proceder a una investigación en vivo, es decir sin ideas preconcebidas. Generalmente, cada uno se esfuerza en sustituir el comportamiento que juzga reprensible por su opuesto: colérico, tratamos de volvernos apacible, y así, lo único que conseguimos es complicar nuestro condicionamiento; o también, nos dejamos tentar por evasiones diversas. Con tales procedimientos, nos condenamos a dar vueltas en un círculo vicioso.

Una actitud de observación desinteresada, objetiva, como dicen los científicos, es la única que nos permitirá conocernos tal  como somos verdaderamente, nos permitirá captar espontáneamente las actividades de nuestro cuerpo, de nuestra mente, los procesos de nuestro pensamiento, nuestras motivaciones. En una primera fase, el observador experimenta algunas dificultades para ser impersonal, sin elección; da dinamismo al objeto, se hace su cómplice. Más adelante, instantes de clarividencia se presentan cada vez más a menudo, luego llega un momento en que se instala entre el investigador y los objetos una zona neutra y los dos polos pierden su carga. El observador es entonces silencio e inmovilidad, el objeto condicionado ya no recibe alimento.

En algunos momentos, solos con nosotros mismos, experimentamos una inmensa carencia interior. Esta es la motivación-madre que engendra a las demás. La necesidad de llenar esta carencia, de apagar esta sed nos empuja a pensar, a actuar. Sin interrogarla siquiera, huimos de esta insuficiencia, tratamos de llenarla a veces con un objeto, a veces con un proyecto, o con una persona, luego, decepcionados, corremos de una compensación a la siguiente, yendo de fracaso en fracaso, de sufrimiento en sufrimiento, de guerra en guerra. Esto es el destino del hombre común, de todos los que aceptan con resignación este orden de cosas que juzgan inherente a la condición humana.

Engañados por la satisfacción que nos proporcionan los objetos, llegamos a constatar que causan saciedad y hasta indiferencia, nos colman un momento, nos llevan a la no-carencia, nos devuelven a nosotros mismos y luego nos cansan; han perdido su magia evocadora. Por lo tanto, la plenitud que experimentamos no se encuentra en ellos, está en nosotros; durante un momento, el objeto tiene la facultad de suscitarla y sacamos la conclusión equivocada de que fue él el artesano de esta paz. El error consiste en considerar este objeto como una condición «sine qua non» de dicha plenitud.

La alegría, la seguridad, el sentido de la libertad, fluyen de lo que somos fundamentalmente, de la conciencia pura. Somos los que precede el pensamiento y lo que le sigue, lo que le da su soporte, somos la página en blanco en la cual se inscriben las impresiones. Desatar nuestros pensamientos y contar con ellos para descubrir la verdad es lo contrario de lo que debemos hacer, si todavía hay algo que hacer. La alegría sin objeto sólo es posible cuando la mente se silencia. Entonces existe este estado de alegría que es plenitud.

Durante estos períodos de alegría, ésta existe en sí misma, no hay nada más. Podemos experimentar esta felicidad a la que no le superponemos un objeto que la ocasione. Esta es la alegría sin objeto. Descubriremos que hemos alcanzado ese equilibrio en el que ningún objeto causa nuestra alegría, lo que la ha causado, la última satisfacción, la alegría inefable, inalterable y sin motivo, está siempre presente en nosotros, lo que ocurre es que estaba velada para nuestros ojos.

Muchísima gente no es feliz y la causa de ello no es otra cosa sino sentirse separados. Hay que ser uno mismo en la unidad.  Primero tienes que ser tú uno mismo. No hay que tratar de ayudar a los demás mientras uno mismo esté necesitando ayuda.

El yoga, la meditación o cualquier otra técnica, debería ser seguida sólo con la comprensión de que no hay nada que alcanzar ya que todas las disciplinas son las fijaciones, establecen una dictadura sobre uno mismo y pone en peligro todo entendimiento. El que busca es lo buscado y la idea de alcanzar algo es sólo una evasión.

Muchas tradiciones enfatizan una práctica sistemática de la meditación, pero no puedes practicar lo que no eres. Uno practica en pos de un resultado en el espacio y el tiempo, pero nuestra naturaleza fundamental no tiene causa ni tiempo. En el momento en que intentas meditar hay una sutil proyección de energía y tú te identificas con esta proyección. Si sigues presente sin hacerte cómplice, la agitación disminuye por falta de combustible. En la ausencia de agitación te ves arrebatado por la resonancia de la quietud, ya que no persigues alcanzar nada sino que estás verdaderamente en silencio.

El deseo de estar realizado, de estar tranquilo proviene de un sentimiento de falta. Haz de esta falta un objeto de investigación. ¿Qué es? Una falta de totalidad.

Te tomas a ti mismo por un meditador, una entidad en el espacio y en el tiempo, y tratas de llenar este aislamiento meditando. Pero el meditador sólo puede meditar sobre lo que ya conoce y él mismo pertenece a lo conocido. Es un círculo vicioso.

Fundamentalmente, tú no eres nada, pero no te das cuenta de ello y proyectas energía en buscar lo que eres.

Cuando descubres que el meditador no existe, toda actividad deja de tener objeto y tú llegas a aun estado de no persecución de objetivos, una apertura a lo incognoscible.

 Es absolutamente necesario empezar por conseguir que tus pensamientos guarden silencio mediante la atención sin tensión. ¿Cómo? Pues no forzándote a guardar silencio. Vives predominantemente en la asociación de ideas y la interpretación. Cuando veas esto con claridad el pensamiento se volverá menos concreto. Entonces habrá una súbita transferencia de énfasis que pasará del observar como percepción al observar como ser”.

MURIO LA PERSONA QUE NOS BLOQUEABA


 
No siempre nos damos cuenta de que debemos cambiar nosotros y no los demás. Esta presentación nos recuerda cúal es la persona que más nos bloquea.

TODO ESTÁ DENTRO DE MÍ


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El amor es lo divino.
La bondad es lo divino.
La vida es lo divino.
La existencia es lo divino.
La consciencia es lo divino.
La manifestación es lo divino.
La nada es lo divino.

Hubiera podido no haber nada.
Hubiera sido lo normal.
La existencia es lo inesperado.
La vida es lo inesperado.
La nada no produce nada.
La materia no es el origen de la materia.
Este algo tiene un origen inconcebible.
El poder que da origen a la materia,
a la existencia, a la vida,
a la consciencia, a la bondad, al amor.
Este poder impensable, inexplicable, es lo divino.

Lo divino no está dentro ni fuera.
Está dentro y fuera a la vez.

El ser soñado pregunta: ¿quién me ha creado?
Y el ser soñante responde: Yo soy.

El soñador está fuera y dentro del ser soñado.
El ser soñante trasciende el sueño,
pero el ser soñante es inmanente en el sueño.

El personaje “yo” en el sueño, soy yo.
Los demás personajes, también son yo.
Pero yo trasciendo a todos ellos, no me tocan,
estoy libre, más allá de ellos.

El mundo en el sueño esta hecho de mí, es también yo.

La ignorancia hace decir: “estoy en el mundo”.
Sin embargo, el sabio dice: “el mundo está en mí”.

El mundo está dentro de mí,
como yo estoy en cada forma del mundo.
Yo soy el soñador, el anima universal -animadora.
Yo soy el Brahman, trascendente, y el Param-atman inmanente.

Todos los yoes son yo, el yo, mis infinitas identidades.
La identidad se manifiesta por identificación.
La raíz de la identificación es el deseo.

Este es el origen de la multiplicidad manifiesta,

“Yo soy esto”, “yo soy aquí”, “yo soy ahora”.
Yo creo forma, espacio y tiempo.
Yo pongo límites virtuales a mi infinitud.
Yo produzco el mundo, pensándolo, imaginándolo.
Yo sueño.

¿A dónde va mi mundo soñado, al despertar?
Vuelve a lo inmanifestado de mi espíritu.

Yo soy el yo soy.
Mi espíritu es infinito, puro, independiente.
Es el poder que produce esto, aquí, ahora.
Todo esto: que está hecho de mí, que depende de mí.

Todo esto: que es evanescente, irreal como un sueño.
Lo que pasa, lo que viene y va, nunca llega a ser.
Nada de esto es real.

Yo soy quien concede apariencia de realidad a mis ensueños.

Dioses, titanes, hombres y bestias: todos son del sueño.
Los cielos a donde el alma presencia y goza de Dios: sueño.

Todos los yoes son el yo, son yo:
yo soy -solamente.

Y ni siquiera digo ‘yo soy’ cuando despierto: sin “otro”.

El maestro que me indica el camino y la verdad:
soy yo, en mi propio sueño, queriendo despertarme.

Lo malo y lo bueno, el mundo, el maestro, Dios: yo soy.
Todo solamente mi sueño.

Las doctrinas religiosas, correctas o equivocadas,
produciendo maravillas, prodigios, milagros, virtudes y realizaciones…
todas se deben al inagotable poder de mi imaginación.
Las leyes de la ciencia, en continua cualificación,
obedecen solamente a mi mente elucubrante, sin otro soporte.

La materia misma y todos los fenómenos naturales,
no residen sino en mi conciencia, como mera proyección.

No hay nada tras lo que parece, no hay más en lo desconocido.
Sólo está lo que parece, como la superficie cambiante
del infinito profundo incualificado, todo poder, que yo soy.

El poder no se debe a nada.
Por ser poder es libre, autónomo, incondicionado.

Infinito y sin otro.

Todo está dentro de mí.

Fuente: Devi Clara Llum

MEDITACIÓN, DESCANSANDO EN EL SER


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En amplios círculos de trabajo espiritual existe el malentendido, o la información erronea, de que el meditar puede ser ajustado a una técnica.

En realidad, meditación es volver a nuestra propia naturaleza, y lógicamente no hay ninguna técnica que se pueda interponer en el acceso a nuestra mismidad.

Se confunde concentración con meditación. La primera es una habilidad en el uso de la mente, la segunda es la consciencia del hecho presente.

Concentrarse es enfocar nuestra atención sobre un objeto. Es un acto de la consciencia, el cual puede tener diversos beneficios tanto para la mente como para el cuerpo y los sentidos. Cada objeto de concentración elegido, reportará una vibración al organismo, al sistema nervioso, a la memoria. Y tal vibración sembrará unas consecuencias que pueden ser voluntariamente pretendidas. Por ejemplo, concentrarse sobre la llama de una vela, puede fortalecer el órgano de la vista, y a su vez estimular la visión interior, la imaginación y la capacidad de evocar, entre otros muchos beneficios.

Meditar, a diferencia, es establecerse en el sí mismo que es lo mismo que la consciencia fundamental que ordinariamente se dirige hacia los objetos. Es reposar en el sujeto mismo. Meditar, se podría decir, es la consciencia de la consciencia. Es saber dónde está nuestra mente, más allá de que nuestra mente esté aquí o allá (concentrada).

La meditación es el estado natural de nuestro ser, significa reconocer la base de todas nuestras experiencias -que consiste en ser consciente.

Meditar despierta la inteligencia fundamental e innata del ser, la luz del espíritu. La consciencia es el alfa y el omega de todos los fenómenos experimentables, su misma esencia, a donde vuelven una vez se han disuelto y desaparecido, de donde surgieron inefable y misteriosamente. Por eso en Oriente se le ha llamado vacuidad y en Occidente el Yo Soy.

No hay una técnica para estar en meditación, pues no hay una técnica para ser. Meditación es el fundamento de todo cuanto percibimos, el percibir mismo. No se puede entrar en meditación, como no se puede salir de ella ni practicarla. Se puede tan sólo reconocer su pervasividad en este mismo momento, lo cual es ya todo en términos de realización.

El acto formal de meditar significa solamente tomar conciencia de la posibilidad de vivir despiertos y, como niños, aplicarnos a descubrir ese ser despierto que ya somos. Digo como niños porque, si bien no hay técnica, al sentarnos en un lugar apacible, nos retiramos de infinidad de actividades de cuerpo y mente para dedicarnos solamente al sujeto de toda experiencia que somos nosotros mismos. No es que esas actividades o experiencias pudieran en ningún momento ser contradictorias o incompatibles con el hecho de vivir despiertamente, sino que las apartamos para simplificar nuestro encuentro con el ser.

Los árboles no nos dejan ver el bosque: en las experiencias y fenómenos percibidos en los que nos enredamos, sigue estando el ser, el Yo Soy, el sujeto, la vacuidad inefable de la que están formados… sin embargo, llamamos distracción a esa sugestión en la que nos dividimos entre dentro y fuera, una dualidad que es falsa completamente. No hay exterior aparte del interior, sino que ambos son los polos objetivo y subjetivo de la misma consciencia de ser: materia y espíritu, universo y yo.

Sólo existe Eso, como sea que lo llamemos. Y en Eso es en lo que meditamos. En lo que Es.

Inevitablemente, si se aborda rigurosamente, hablar sobre meditación nos lleva a un lenguaje abstracto, y eso que estamos hablando de la realidad, de lo único que es como es! Pues efectivamente, meditar se refiere a la vivencia inclusiva de la realidad tal cual es, sin perdernos en ilusiones conceptuales o apegos emocionales que no son más que fraccionamientos de esa insondable e inmensa realidad.

Para terminar, unos consejos o pautas… aunque, tras quince años dirigiendo seminarios de meditación, sé que poco puede ser dicho… sé que la iniciación más eficaz es la de compartir espíritu con espíritu junto a un ser cuyo silencio sea presencia iluminada.

Siéntate, y sin hacer especial ritual de ello, relaja tu cuerpo erecto y hazte uno con tu respiración… esto es sólo una ayuda para apaciguar las vibraciones de tu cuerpomente, lo que he llamado "los árboles" que normalmente nos fascinan tanto que no vemos "el bosque", es decir, el ser que les da esencia y existencia.

Ya en la postura del loto, o en otra que te permita tener tus sentidos alerta y tranquilos, tan solo dáte cuenta de que estás consciente. Ni siquiera conceptualices "estoy consciente", o "yo soy en todo", aunque sea verdad… La simple presencia en este momento, libre de todo intento elaborador… el volver instante a instante a esa consciencia inmediata que abarca todo cuanto es y se percibe… es meditación, es vivencia sin dualidad.

El momento eres tú y tú el momento, no hay dos ni división. Lo que los sentidos captan es parte de la consciencia pues es en su espacio sin perímetro donde se experimenta. Y la consciencia no tiene ego, pues no tiene centro, ni referencia, ni materia que la defina o reduzca… siendo ella misma lo que abarca todo y la única esencia de cuanto ocurre y pasa.

La consciencia es como el loto, pues emerge en el lodo del cuerpomente, del universo sensorial, pero a su vez no puede ser definida por éste. Así, meditar es volverse lotos espirituales, trascender la danza de creación y destrucción de la materia, en el propio espacio infinito que la comprende y contiene.

Meditar es vivir iluminadamente, no es reductible a una práctica. Ni siquiera es una actitud, sino el volver a la base inmanente de todo, es decir, al Yo Soy, a la virginidad original y definitiva. Por eso, las vivencias -mundanas o sagradas- pueden ser contenidas en el proceso inexplicable del meditar… del ser en el ser. Así llegamos a entender algunas formulaciones de desarrollo personal y transpersonal que consisten en ejercicios de concentración meditativa. De hecho toda práctica y acto humano debería ser meditativo, es decir, iluminado, despierto, libre de engaño.

Meditatividad es verdad. No hay otra verdad que este momento sin división entre sujeto y objeto. No hay otra verdad sino el sin ego. Y sin la corrupción del abismo entre yo y no-yo no cabe la oscuridad ni el dolor… meros fantasmas amparados en la no-consciencia de lo único que es. Sombra es el resultado de no ver, nada que posea propiamente sustancia. La dualidad genera un corte umbrío donde no hay realmente separación, la linea es ficticia. Por eso se ha dicho: ser-consciencia-beatitud. El Yo es la Luz es la Ultima Felicidad.

Para meditar, sé una persona sencilla, descánsa de conceptos, vuélve a tu experiencia inmediata de este momento, víve lo que te viene sin reaccionar automáticamente con apego o con aversión… míra simple y ecuánimemente todo cuanto es, no enfatices la demarcación "dentro/fuera" pues es sólo un pensamiento. Víve. Sé como eres. Dáte la oportunidad de ser un poco más libre cada día, reconociendo tus sentimientos tal como son, y dejando que sea tu inteligencia innata de este momento la que te guíe en cada acto, no las ideas acumuladas en la memoria o los juicios de un pensar prestado.

Para meditar, víve sinceramente, mírate desnudo en el espejo de tu propio ser, ábrete confiadamente a la realidad del universo que te circunda… porque es tu propio hogar.


Fuente:  Devi Clara Llum

NADA TENGO… (Vivir sin equipaje)


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LA MENTE

La mente posee tres imágenes cuyas recíprocas interrelaciones entre sí mantienen la cohesión y la continuidad del ego, o lo que conocemos como "yo". Estas tres imágenes son Ser, Querer y Saber.

– La imagen del Ser contiene lo que se es y lo que no se es. Consiste en la identificación de las características y atributos de los objetos y las ideas.

– La imagen del Querer contiene lo que se quiere y lo que no se quiere, es decir, el ámbito de la voluntad; asimismo contiene lo que se desea y lo que no.

– La imagen del Saber contiene lo que se conoce y lo que se desconoce, lo que se entiende y lo que no se entiende.

Tal vez necesite aclarar a que me refiero cuando hablo de "imagen". Utilizo esta palabra en el sentido de consciencia y/o conciencia. Como sus contenidos, a veces, no son tan "conscientes" he preferido usar una expresión más gráfica; aunque a lo largo de este escrito las utilizaré indistintamente.

Según lo dicho más arriba, estas imágenes contienen, a su vez, multitud de otras imágenes cuyas interacciones producen la enorme gama de órdenes mentales que conforman la personalidad o mentalidad del individuo.

Sería interminable un estudio detallado de todo esto y tampoco es mi intención hacerlo; más bien, lo contrario, me dedico a observar una imagen capaz de contener en sí misma a todas las demás.

EL TENER

El mundo moderno, con su utilitario modo de pensar materialista nos lo pone más fácil de observar.

Efectivamente, siempre ha estado entre nosotros, y lo expresé al principio de este escrito de manera intencionada «la mente posee tres imágenes». La imagen del Tener es la acaparadora, es la imagen sobre la cual descansa toda la actividad e inactividad de la mente.

La consciencia del Tener aglutina y relaciona las imágenes del Ser, del Querer y del Saber, compactándolas y creando la apariencia de una entidad.

La aplicación mental de esta conciencia nos muestra fácilmente su poder. Decimos "tengo pensamientos", "tengo conciencia", "tengo inteligencia"; decimos "yo soy", cuyo significado es "tengo un yo"…

Nada escapa a su poder, ya que no hay cosa física, psíquica o espiritual que no pueda arreglarse con un simple "lo tengo" o "no lo tengo". No hay mente que se resista a su condición imperativa existencial. Bajo su dominio han nacido, se han desarrollado, y han muerto, culturas y civilizaciones.

Su yugo sobre las mentes está tan arraigado que dejar de pensar en sus términos puede resultarnos imposible, o una cuestión de ridículo planteamiento.

LA SOCIEDAD

La ciencia del reciente pasado siglo se ha superado a sí misma, derribando la anterior idea de tener una realidad irrefutable: la arrogantemente llamada "realidad objetiva". La Teoría de la Relatividad, la mecánica cuántica y la epistemología constructivista se encargaron de plantear la realidad poco menos que inalcanzable e inabarcable, haciéndonos funcionar en términos de creencias y relatividades, lo que solemos llamar la "realidad relativa".

Por otra parte, que las creencias, la ilusión y el entorno de las apariencias, es lo que reina en este mundo, eso es algo que la mística de todas las religiones y de todos los tiempos, ha planteado reiteradamente.

A esa realidad desconocida y última, o esencial, escondida tras las apariencias, le han puesto diversos nombres, según la cultura de origen; y han seguido diferentes métodos para, según dicen los budistas "pasar a la otra orilla", o sea, vivir esa realidad. Los nombres atribuidos son muy conocidos: Dios, Buda, Nirvana, Satori, Alá, Tao, Krisna, conciencia cósmica, etc., etc.

Me consta que miles de personas de muchas partes del mundo, movidas por su intuición y su búsqueda, han tenido acceso a este tipo de literatura mística, me consta que muchos de ellos han obtenido una comprensión profunda del mensaje de vivir esta última realidad; sin embargo, aquellos que han "atravesado" la conciencia del Tener, para adentrarse a vivir la realidad sin esta condición, son escasos, muy escasos.

SIN EQUIPAJE

Lo cierto es que la consciencia del Tener no suelta la presa: "tengo familia", "tengo hijos", "tengo esposa"; "tengo inteligencia", "tengo creencias", "tengo Dios", "tengo una mayor comprensión", "tengo una conducta intachable", "tengo un yo" … Su tiranía es implacable.

Bueno, venimos al mundo sin pertenencias de ninguna clase, nos ayudamos a crecer y a desarrollarnos con una herramienta maravillosa que denominamos "yo" o "ego"; pero que nos llena de propiedades y pertenencias. Ahora debemos madurar y dejar de identificarnos con esa herramienta, porque ya no somos niños. Hay que quedarse, de nuevo, sin pertenencias. Así de crudo.

Permitidme adelantar un par de interpretaciones que pueden hacerse de todo lo dicho: Quien haya entendido que debemos volver mentalmente a una situación prenatal o algo semejante, está equivocado. Quien haya entendido que debe tirar todas sus propiedades por la ventana de su casa, esta persona no debería malgastar su tiempo leyendo este artículo.

Ahora viene lo interesante, a esa poderosa consciencia del Tener, con su centro directriz, el "yo", le queda aún su última tarea, la más bella de todas, y quizá, la más difícil: Debe guiarnos hasta la misma realidad que oculta. Esto ha de ser así, no puede ser de otra manera. Aunque parezca una contradicción, es tan sólo una apariencia. Si no, nos encontraremos "buscando" en otros sitios, y de mil maneras distintas, caminos y alternativas que no existen.

Es posible que lo primero que debamos hacer es un buen trabajo de traducción. Se trata de traducir el lenguaje que producen las tres imágenes (Ser, Querer y Saber), a un entorno más básico, más fundamental, la imagen del Tener.

El lenguaje engaña con sus sutiles expresiones. Para hacernos una idea, los verbos ser, estar y haber; y aquellos como lograr, conseguir, alcanzar, llegar, etc., tienen una traducción directa al verbo tener; por supuesto, todos los posesivos. En fin, no es un trabajo difícil, pero fino.

Cuando aprendemos a traducirlo todo a la consciencia del Tener, entonces, estamos hablando el mismo lenguaje del ego, del "yo". La comunicación es directa e inmediata. Ya solo se trata de soltar esel equipaje que nunca nos perteneció.


Fuente: Pedro Donaire Jiménez

EL GUERRERO DE LA LUZ Y SU MUNDO


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El guerrero de la luz siempre procura mejorar.
Cada golpe de su espada lleva tras de sí siglos de sabiduría y meditación. Cada golpe debe tener la fuerza, la habilidad de todos los guerreros del pasado, que aún hoy continúan bendiciendo la lucha. Cada movimiento en el combate honra los movimientos que las generaciones anteriores intentaron transmitir a través de la Tradición.
El guerrero desarrolla la belleza de sus golpes, pese a comportarse como un niño.
La gente se sorprende, pues olvidó que un niño tiene que divertirse, saltar, ser un poco irreverente, hacer preguntas inconvenientes e inmaduras, y decir tonterías.
Y dicen, horrorizados: “¿ése es el camino espiritual? ¡Pero si es un inmaduro!”
El guerrero se llena de orgullo con este comentario. Y se mantiene en contacto con Dios, a través de su inocencia y alegría. Actúa así porque al principio de su combate, se dijo a sí mismo:
“Tengo sueños.”
Al cabo de unos años, se da cuenta de que es posible llegar adonde quiere. Sabe que será recompensado.
En este momento, la gran alegría que animaba su corazón desaparece. Porque mientras iba caminando, conoció la infelicidad ajena, la soledad, las frustraciones que acompañan a gran parte de la humanidad. El guerrero de la luz piensa entonces que no merece lo que está recibiendo.
Cuando aprende a manejar su espada, descubre que su equipamiento tiene que ser completo, y eso incluye una armadura.
Sale en busca de su armadura, y escucha la propuesta de varios vendedores.
“Usa la coraza de la soledad,” dice uno.
“Usa el escudo del cinismo,” responde otro.
“La mejor armadura es no cubrirse con nada,” afirma un tercero.
El guerrero, sin embargo, no hace caso. Con serenidad, va hacia su lugar sagrado y se viste con el manto indestructible de la fe.
La fe detiene todos los golpes. La fe transforma el veneno en agua cristalina.
Su ángel susurra: “entrégalo todo.” El guerrero se arrodilla, y ofrece a Dios sus conquistas.
La entrega obliga al guerrero a dejar de hacer preguntas tontas, y eso le ayuda a vencer la culpa.
Y si, aun así, pensara que su recompensa es inmerecida, un guerrero de la luz siempre tiene una segunda oportunidad en la vida.
Como todos los otros hombres y mujeres, él no nació sabiendo manejar la espada. Erró muchas veces antes de descubrir su leyenda personal.
No hay hombre o mujer que pueda sentarse alrededor de una hoguera y decir a los demás: “siempre he hecho lo correcto.” Quien afirme tal cosa miente, y aún no ha aprendido a conocerse a sí mismo. El verdadero guerrero de la luz cometió muchas injusticias en el pasado.
Pero, al transcurrir la jornada, se da cuenta de que las personas con las que actuó de forma equivocada siempre vuelven a cruzarse con él.
Por eso, el guerrero de la luz tiene la impresión de vivir dos vidas a la vez. En una de ellas, está obligado a hacer todo aquello que no quiere hacer, a luchar por ideas en las que no cree. Pero existe otra vida, y él la descubre en sus sueños, lecturas y encuentros con gente que piensa como él.
El guerrero permite que sus dos vidas se vayan aproximando.
“Hay un puente que une lo que hago con lo que me gustaría hacer,” piensa. Al cabo de poco tiempo, sus sueños van cuidando de su rutina, hasta que siente que está listo para aquello que siempre quiso.
Entonces, basta un poco de osadía, y las dos vidas se transforman en una sola.
Es su oportunidad de corregir el mal que ha causado. Él la utiliza siempre, sin dudarlo.

Feliz 2010!

Fuente: Paulo Coelho

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